Una única advertencia fue más que suficiente.
—No abras la vasija.
Se la colocaron en las manos y señalaron la dirección que debía seguir.
Y lo hizo. Caminó atravesando el monte y los cultivos cercanos, el pequeño bosquecillo que los separaba del pueblo siguiente, ese pueblo también, sin desviarse de la dirección señalada. Salvó cada obstáculo sin soltar nunca la vasija ni abrirla, sin cruzarse con nadie más, pues todos sabían la importancia de su misión, lo que le había sido impuesto. Los dioses lo habían señalado, el dibujo que formaban los lunares de su espalda así lo decía; cualquiera sabe que la voluntad divina no puede cuestionarse, se acepta y se cumple sin más.
—No abras la vasija.
Cuatro palabras, más que suficientes, demasiadas tal vez, que imponen una tarea tan infinita como la curiosidad que despierta lo que pueda encontrarse en su interior.
Camina atendiendo al camino solo lo necesario para no tropezar, para que sus pies no se enreden las raíces ni ramas caídas del tan extraño otoño que cubre la región, para no pisar donde no debe ser pisado y continuar, sin desviarse, en la misma dirección.
Sabiendo que ya estaba lo bastante lejos del pueblo, sacudió, apenas, la vasija, como si tantos movimientos fueran parte de su esfuerzo; lo que hubiera en el interior, si es que algo había, porque lo dudaba, no hizo ningún sonido. Temía hacer movimientos más bruscos porque existía la posibilidad de que el tapón de la vasija se desprendiera y su esfuerzo se perdiera en la nada.
—No abras la vasija.
Volvió a sentir la mano de su padre apretándole el hombro como toda despedida, vio la cabeza gacha de su madre que ocultaba las lágrimas con las que despedía a su único hijo varón. Recordó los ojos cargados de odio, de desprecio y angustia de quien prometiera ser su futura esposa de no haber mediado la encomienda de los dioses; entendía su sentir, pero nadie puede negarse a los dioses, y él no debía abrir la vasija, ni dejar de caminar, hasta que algo, alguien, así se lo indicara. Pero nadie en el pueblo sabía lo que sería ese algo ni quién sería ese alguien, porque ninguno de los que partieran antes que él regresó.
—¿Qué llevas en la vasija?
La voz surgió por entre los árboles, las rocas de la montaña que se interponía en su camino, de la tierra, del cielo mismo.
—No lo sé.
—¿Y por qué la llevas?
—Me lo ordenaron.
—¿No has mirado dentro? Tal vez tenga comida, ¿no tienen hambre? Tal vez sea agua fresca, ¿no sientes sed?
—No debo abrirla.
—¿Por qué?
—Así me lo ordenaron.
—Debes estar cansado de tanto caminar. Puede haber algo valioso, algo que puedas cambiar por un sitio en donde dormir.
—No debo abrirla.
—Ah, claro. Pero no deber no es lo mismo que no poder. Si no quieres abrirla, puedo hacerlo yo.
No supo qué responder. La curiosidad se volvía más fuerte que su determinación.
—Dudas —dijo la voz—, porque deber no es poder, y lo sabes.
—Pero poder tampoco es deber.
Una risa, una única risa repercutió en ecos infinitos en las alturas de la montaña.
—Descansa, muchacho —dijo la voz luego de que el silencio recuperara su lugar—, ya has llegado.
—¿Adónde?
—A donde abres la vasija.
Sintió la vasija arder, le quemaba las manos como si recién la hubieran sacado del fuego, y no se detenía allí, sus brazos, su cuerpo entero ardía.
Sí, pensó, abriré la vasija.

14 comentarios:
Moraleja: Cuando las cosas queman, lo mejor es soltarlas.
Saludos,
J.
Hay quien pondría las manos al fuego, y a pesar de quemarse sigue en el intento.
La gente de la antiguedad (los anteriores al diluvio) parece estaban sujetos a esos caprichos de los dioses, en los que se pide hacer ciertas cosas y tener FE en que el dios tiene un proposito sabio.
A lo mejor es que antes de verdad habia esto de la mente bicameral que he estado investigando, parece que efectivamente en la antiguedad la gente escuchaba voces de dioses...
hoy ya no se escuchan, se han enmudecido.
En todo camino nada es rápido ni fácil. Saludos.
El poder que pasa de generación en generación está en el árbol genealógico de toda una familia a través de los siglos...
En lo mas profundo de la selva, habitaban los SAW. Era un pueblo entregado al sentido espiritual de la naturaleza, la familia y a unos Dioses que vinieron del cielo volando de otras estrellas con luces que se apagaban y se encendían una noche oscura.
Cada nacimiento era una celebración por todo lo alto pues la vida se prolongaba con la memoria de lo que acontecerá en un futuro...
Nao Thú, se puso de parto cuando el viento del sur era tórrido. Su hijo se alzó en ofrenda a los Dioses que vinieron de las estrellas como si fuera una señal del mas allá pues tenía los ojos azules y eso, nunca se conoció en la tribu.
El padre espiritual señaló que aquel nacimiento era un punto de partida para las generaciones venideras y durante cuatro días y tres noches, se adentró en la selva para consultar con el infinito...
Al regresar, llevaba en la mano un pequeño amuleto en una bolsita de cuero. Anunció en asamblea general que aquel niño debía de llevarla en el cuello hasta el día de su muerte y así, cada primogénito suyo hasta que nazca otro SAW con ojos azules...
Pasaron generaciones y cada primogénito llevaba en su cuello aquella bolsita sin saber qué ocultaba. Llegaron los españoles saqueando el poblado y abusando de las mujeres además de matar a quien se revelaba. Llegaron los portugueses y hasta gente de piel negra que los esclavizaban como a ellos. Sin embargo aquella bolsita seguía cumpliendo su cometido en cada primogénito de aquel niño de ojos azules. Aprendieron otro idioma, vivieron guerras y se supo de lo que es hambre. Hablaban de guerras mundiales, de progreso con máquinas que sustituían a los hombres y de aparatos que volaban allá donde la vista no alcanza...
Ismael Martínez es informático en España. Sabe de sus orígenes pero, ha pasado tanto tiempo, que solo conserva colgada en su cuello, una bolsita venida de generación en generación y que no se debe de abrir. El es de piel morena y ojos negros como su pelo. Su mujer pronto dará a luz en un verano donde el viento del sur es tórrido...Una noche de agosto, Lucía se pone de parto. Ella es tan morena como el pero el niño que viene al mundo, tiene los ojos azules.
Una llamada venida del otro mundo altera a Ismael. Las noches son eternas y sin dormir, los días le hablan a su conciencia de que debe de salir al bosque porque algo le llama. Así pues, una noche parte a la oscuridad. La noche está estrellada hasta que un rayo de luz lo detiene y en su pecho, un calor le quema. Abre la bolsita y allí solo hay arena que guarda un diamante azul. Una voz le habla en otro idioma que no entiende y una nave espacial viene del cielo con infinidad de luces que se encienden y se apagan anunciando que el rey del mundo, ha nacido...
Una advertencia de esa índole no funciona con el ser humano. La advertencia tendría que haber sido: "Si abres la vasija, morirás". Otra modalidad aún más efectiva sería: "Si abres la vasija, verás morir a toda tu familia con los ojos en la mano". Obediencia asegurada.
A veces los mandatos son tan poderosos que ni nos atrevemos a transgredir.
Qué buen relato.
Saludos!
Eran dioses los que
ordenaban estos mandatos,,mentes superiores del mismo ser humano, buscando Dominar? Un abrazo. Carlos
A ver si le pasa lo mismo que a Pandora...
Salu2, José.
Vasija o Pandora siempre vuelve a tentar a la curiosidad innata que en todo humano respira
Buena jornada ☺️💐
Ardió y nunca desobedeció. Relato muy intenso.
Un abrazo.
Podría interpretarse que la misión ha termidado. ¿Quién sabe si le espera una recompensa o nada?
Tal vez los dioses no quieran hablar a los mortales. Tal vez tan sólo las musas susurrra, en forma disimulada.
Saludos
En el canal de youtube que más me gusta justo contaron sobre un lugar extraño en Mozambique donde encontraron un objeto inesperado.
Claro que, luego del título de tu mitografía, se responde solo. Podés ir a abrir el enlace, o no. Los dioses ya saben lo que harás...
https://www.youtube.com/watch?v=bo19lWsWGb4
Abrazos, herr J
Pienso que soy débil porque la abría abierto al primer contratiempo o necesidad 🤦 supongo que el ser humano tiene muchas debilidades.
Un abrazo y feliz semana
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