La policía demoró, sutilmente, demasiado en
encontrar al atacante. Hasta su séptima aparición, dijeron, no dejó rastro ni huella
alguna.
Solamente luego de que se confiara,
de que creyera que era capaz de burlarse de todos y todas, de crear sus propias
versiones del mundo, que cometió todos los errores posibles.
Dejó que su última víctima viera su
rostro, le quitara un mechón de pelo y robara su billetera. Con tan pequeñas
pistas, un adn, un dni con nombre, apellido y dirección, la policía pudo dar
con el terrorista de la belleza.
Sabía que el nombre les traería
recuerdos, porque a pesar de que no pasaron más de tres meses desde su
detención, los medios de comunicación se olvidaron de lo referente al caso. La vida continúa, dicen. Claro que, las
víctimas, y los verdugos, siempre piensan de manera diferente.
El juicio al ciego que atacó
brutalmente a las siete modelos publicitarias duró, apenas, tres días. Las
pruebas, los testimonios, las filmaciones, la negativa a declarar por parte del
acusado, todo estaba en su contra. Así que, ¿para qué derrochar parte del presupuesto público en un caso cuya resolución
era por demás clara?
Sí, lo condenaron sin atenuantes de
ningún tipo, y a pesar de su discapacidad. Los rostros desfigurados de por vida
de las siete mujeres, pesaban, ante los ojos de los jueces, abogados y
fiscales, más que las arrugas del invidente.
El veredicto estaba cantado. Allí no
hubo justicia ni búsqueda de explicaciones, razonamientos ni justificaciones.
No hubo nada.
Sólo al final del último día,
conocida la sentencia, mientras los amantes de la falsa belleza impuesta
festejaban, el ciego quiso hablar, decir sus últimas palabras quizá. Pero nadie
estaba dispuesto a escucharlo.
Solamente una persona, que se sentó
muy cerca del ciego en todo momento, dijo haberlo escuchado.
—En el mundo audiovisual en el que
la imagen es lo único que poseemos, ¿qué otra cosa podía hacer para acercarme,
mínimamente, a la realidad?
Pero, por supuesto, nadie creyó en
la memoria de aquel sordomudo ni entendió, tampoco, su frenético lenguaje de
señas.