Me lo prometiste. Sí que lo hiciste, porque lo recuerdo muy bien. Es posible que haya olvidado otros detalles, otras fechas, otras cuestiones; y que haya preferido dejar de lado muchas más cosas para evitar mayores frustraciones, pero lo que me prometiste no lo olvidé, no lo borré, no lo ignoré. Lo tengo bien presente, posiblemente porque sabía que, aunque no lo quería así, no lo cumplirías. Sabía que lo olvidarías, que eran solo palabras que decías porque le temías al silencio. Nada peor para ti que hacer silencio junto a mí, o junto a cualquiera, nada peor que eso. Podrás negarlo, pero sé que es así. Las cosas que se niegan son las más ciertas, y como esto ya pasó, como no puedes recordarlo para nada, sé que lo olvidaste por completo, como si nunca te hubiera importado nada de lo que pudiera llegar a suceder después, como si ignoraras el peso que las palabras tienen para mí, que trabajo constantemente con ellas, para ellas, por ellas.
Me lo prometiste y no cumpliste. Y duele. Sí que lo hace, con un dolor que me gustaría decir que no puede expresarse, pero sí, se lo puede expresar, aunque no quiero hacerlo o esté haciéndolo ahora mismo. Un dolor que no me abandona, que me sigue y persigue, que se comporta como un cazador acechando a su presa, una incapaz de defenderse, si es que estuviera dispuesta a ello.
Una promesa no es un contrato, lo sé, no es una obligación, no obliga a nada de forma legal, carece de cualquier posibilidad de reclamo y, a la inversa, una promesa es un contrato, lo es, es una obligación, porque obliga de forma personal y es posible todo tipo de reclamo. Dirás que no, yo diré que sí, no habrá acuerdo posible porque entre el olvido y el dolor la distancia es tanta que esfuerzo ni negación alguna es suficiente para acortarla, nada es suficiente, nada sirve para cambiar el hecho de que me lo prometiste y no hubo el menor interés por cumplir con tu palabra.
Que ahora esté parado junto a tu tumba no le resta valor a que prometieras que estarías siempre para mí, solo le suma un poco más dolor, más bronca a esto de sentirse abandonado.



