El diálogo de las dos mujeres
estaba empezado, no sé muy bien de qué iba, lo importante es, claro, la
sensación que generó escuchar sólo ese fragmento.
—…Pero
es así, no puede ser de otro modo —concluyó su parlamento la que parecía más
enojada de las dos.
—Claro,
es lo mínimo que tiene un ser humano, un auto y una casa. Menos de eso nada —respondió
su compañera.
—Exactamente
eso mismo fue lo que le dije yo —aseveró con fuerza, tajante, para finalizar el
tema, la enojada.
Y
yo, que pago todos los meses el alquiler del departamento en el que vivo, y que
viajo en transporte público porque mi sueldo no me permite mantener un
automóvil me sentí, escuchándolas, un poco menos que de costumbre.

