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miércoles, 17 de julio de 2013

Para todos ellos


Muchos me conocen, algunos me han visto en sus ciudades, o en sus sueños; hay quienes me ven e imaginan de mí algo que no soy. Eso se debe a que no saben distinguir entre aquel que escribe y aquel que vive.
Muchos me confunden con otras personas, porque nunca han visto mi cara; ni siquiera en una fotografía de perfil. Para ellos puedo ser cualquiera y, al mismo tiempo, puedo no ser nadie. Aun así, al menos, se preocupan por querer saber quién soy.
Muchísimos me ignoran por plasmar temas, propuestas, pensamientos, acciones, opiniones o versiones de los hechos que no se amoldan a sus preconceptos y prejuicios.
Pero, para todos ellos por igual, el desprecio será eterno.

miércoles, 5 de junio de 2013

Intolerancia

La intolerancia ha tomado muchos ropajes a lo largo de la historia Occidental. Se la llamó ‘bárbaro’ en el mundo griego, el otro que hablaba diferente y sus costumbres no eran del todo como las propias. Los romanos tomaron el guante y usaron el mismo criterio. Todo lo no romano era bárbaro, digno de ser pisoteado, aplastado y destruido. ¿Paciencia? No. Ataque directo.
La última antigüedad la llamó herejía, y le dio un nuevo cuño, una carga religiosa inmensamente pesada e imposible de evitar. La edad media la sufrió en la piel de la Cruzadas, la Reconquista (¿de qué?) y la Inquisición. América la vivió a partir del siglo XVI.
La modernidad le dio el nombre de reforma y contrarreforma, la guerra contra el turco y la evangelización del oriente. Todo para asesinar sin piedad y conseguir nuevos mercados para manufacturas mediocres y pensamientos vacíos.
El siglo XIX la disfrazó de antropología, el estudio del diferente, ya no bárbaro porque la palabra sonaba mal y, además, era vieja.
El siglo XX, la mano de David Wark Griffith la hizo película, luego se vistió de franquismo, fascismo, nazismo, peronismo, comunismo, etc. Tantos nombres recibió que parecía haber desaparecido de la faz de la tierra. Pero no lo hizo.
La intolerancia sigue entre nosotros, pero cambia de piel como un camaleón y, para el siglo XXI, ha tomado un nuevo nombre, uno que para muchos aún no significa nada, pero pronto lo hará. Y cada irá cobrando más y más peso.
Hoy la conocemos bajo el seudónimo de baneo, el azote de la red.

            Tengan cuidado. Todos podemos ser víctimas.


jueves, 30 de mayo de 2013

Modelo XXI

Radio, televisión, diarios, revistas, libros, novelas, cuentos, poesía, política, apolítica, dogma, fe, religión, derecha, izquierda, locura, cordura, xenofobia, sexo, masoquismo, altruismo, desinterés, egoísmo, onanismo, viajar, permanecer, olvidar, odiar, matar, brillar, recordar, pasear, conocer, repetir, soñar, suceder, realizar, primitivo, bastardear, injustificarse, ser, estar, mirar, sentir, morir, aplaudir, etc., etc..
   Qué fácil es aburrirse en la sociedad modelo siglo XXI.

jueves, 15 de noviembre de 2012

5 Consejos que resumen las 499 entradas anteriores

1 – No creas en la policía, ni en nadie que porte un arma para creerse superior a otra persona.

2 – No creas en la dialéctica de quien vive de gobernar a los demás. Sus palabras son falsas, al igual que sus sonrisas y promesas.

3 – No creas en quien quiera imponerte un idea social, económica, política, religiosa, moral, ética, sexual, de ningún de tipo.

4 – No creas en burócrata alguno, de ningún eslabón, de ninguna institución.

5 – Cree sólo en ti mismo.

La imagen es para elijan si quieren ver el vaso medio lleno, o medio vacío. De ustedes depende.


También, y para varias un poco, una invitación para la lectura compulsiva del nuevo proyecto historietístico que comenzamos junto con José Luís Gaitán  Sean todos bienvenidos al mundo de Babetool:


lunes, 16 de julio de 2012

Interminable

La de hace unos pasos, la rubia que camina frente a mí, la otra rubia un poco más adelante, la que crucé apenas salir de la casa, esa que tenía el suéter verde, y la del abrigo marrón que cruzó la avenida a mi lado. También, y como olvidarla, la morena que sonreía mirando el sol de la mañana, con la alegría jugando sobre su piel y la fantasía jugando en mi imaginación.
Seis mil historias de amor inconcluso por día, tal vez más, tal vez menos; número arbitrario, sí, pero suficiente para darle forma a la idea. Mis ojos se enamoran a cada paso que doy, con cada mujer que se cruza con mi mirada, incluso aquellas que nada saben ni imaginan.
Sobre todo ellas.
La de la argolla en la nariz, la que trabaja en la panadería, la que paseaba aquel perro, y la que la acompañaba hablando por teléfono móvil. La que respondió a mis ojos con una mirada de desprecio. La de más allá, la de más acá, las que están cerca, y las inalcanzables.
Todas, cada una de ellos, son mi amor imposible de concretar. Amor que nace, florece, muere y pasa al olvido en los pocos segundos que tarda una imagen en ser reemplazada por otra.
Un parpadeo, dos como mucho.
Y después hablan de que la esperanza no ha de morir jamás. Conmigo ha fracasado estrepitosamente, aunque mejoró con creces su habilidad para multiplicarse, para estar siempre latente.
Aquella, la de las pecas; la de los rizos; la de las botas negras.
Todas.
Cada una de ellas.
¿Cómo puede soportar tanto un corazón? ¿Mi corazón?
A veces creo que lo mejor sería arrancarme los ojos. Pero nadie me asegura que haciéndolo dejaría de ver las imágenes que se acumulan en mi memoria.
Seis mil historias de amor.
Inconclusas.
Todas.
Cada una de ellas.
Para siempre, mientras la rueda sea rueda y se mantenga girando.

jueves, 19 de abril de 2012

Frustración


Quince minutos de frustración diaria es cuanto se necesita. Lo demás es puro y simple lujo, innecesario, superfluo, demandante, ambicioso y absorbente. Lo demás pasa, llega y se va, tanto que muchas veces ni siquiera el recuerdo nos queda. La frustración, en cambio, es diferente. Dice mucho de nosotros mismos, de cada uno; aún de quienes se jactan de no haber sentido de ese modo nunca. Ellos, es sabido, mienten.
Escasos minutos, o eternidad insuperable. Como sea, lo justo, en su medida ideal, nunca está de más. Y, de este modo, aún le quedan al día veintitrés horas y cuarenta y cinco minutos para dedicarlos a cualquier otro menester.
Pueden intentarlo ustedes mismos cuando gusten pero, de todos modos, está más que comprobado.

jueves, 2 de febrero de 2012

Claves


Sabes que te equivocaste, muy feo, en la educación de tu hijo (en genérico), cuando:

1 – Declara querer dedicarse en cuerpo y alma a la proctología.
2 – Le encanta el reggaeton y hablar pseudo-español.
3 – Confunde la derecha con la izquierda (y no me refiero a las manos).
4 – Entiende a la perfección el código binario pero no es capaz de mantener una conversación de más de dos frases sin recurrir a los monosílabos como respuesta.
5 – Desconoce el significado del término reciclaje.
6 – Le gustan los libros de Dan Brown, sobre todo el cólico Da Vinci.
7 – Es incapaz de apreciar el arte (en cualquiera de sus vertientes).
8 – No sabe jugar al TEG.
9 – Confunde distribución de la riqueza con subsidios para el consumo.
10 – Cree en todo lo que se publica en los medio de comunicación, oficialistas, opositores o independientes.

A todo esto, no hay vuelta atrás.

miércoles, 4 de enero de 2012

Diez acercamientos posibles al snobismo

1 – Estamos condenados al snobismo.
2 – Snobista no se hace, se nace.
3 – El que nace snob, muere snob.
4 – Snobismo de clase media, tirando a baja.
5 – No hay peor snob que quien no se reconoce como tal.
6 – Lo importante es saberse snob, lo demás es simple ignorancia.
7 – Para un snob, nada mejor que sí mismo.
8 – No es una mirada perdida, es snobismo visual.
9 – Un snob que sabe que es snob, sólo le queda una cosa por hacer: seguir siendo snob.
10 – El snobismo es un viaje de ida.

sábado, 13 de agosto de 2011

Cinco libros que jamás escribiré


Para quienes no lo saben, existe un género dentro de la literatura que se dedica a inventar libros, tratados, voluminosas novelas, que nunca serán escritos, pero que, sin embargo, son comentados ampliamente a lo largo de los años. Dentro y fuera de la obra del autor que plantea el libro inexistente, dentro y fuera de la literatura y, a veces, muy cerca del neuropsiquiátrico.
Existen miles de ejemplos. Tantos que para qué ejemplificarlos.
Si más, paso a describirles los cinco libro que pienso jamás escribir.

1 – Escuadrón de Parapsiquiatras: un grupo de psiquiatras de elite entrenados en el delicado arte de medicar fantasmas, almas en pena y espíritus de asesinos famosos (y no tanto). Aventuras y desventuras en el mundo fantasmal e, incluso, algún que otro amor no correspondido. Novela, 1.500 páginas a simple espacio.

2 – Las Rocas de Godard (tetralogía de ciencia ficción): Un recorrido por más de seis mil años de historia del hombre, desde el primer contacto con razas extraterrestres, las ocho invasiones subsiguientes a la Tierra, la reconstrucción posterior al cambio climático y cómo todo se perdió por culpa de una decisión mal tomada. Hablaría sobre la terquedad humana y como el virus denominado homo sapiens sapiens enfermó al universo hasta llevarlo, al igual que a su planeta de origen, al borde del colapso. Cuatro tomos, 800 páginas cada uno (la historia terminaría al demostrarse que el hombre el único ser en toda la creación incapaz de evolucionar).

3 – Diccionario Políticos Argentinos-Sociedad Argentina / Sociedad Argentina-Políticos Argentinos: Un intento desesperado por crear un vínculo que permita entender lo que se oculta detrás de las promesas electorales y la desazón que se siente cuando no se cumplen. Se lo pensó como una instancia de diálogo. Resultó un fracaso rotundo. Los políticos adaptan su discurso más rápido que lo que tarda un libro en salir de la imprenta.

4 – El Cosplay, fase superior del Otakuismo: estudio antropológico de una práctica adolescente en auge y que, poco a poco, va cayendo en el olvido. Quince carillas, a triple espacio, más bibliografía inventada y al azar.

5 – El trasfondo mitológico en Bob Esponja Pantalones Cuadrados. Un análisis desde la teoría de los símbolos sobre un programa de televisión para niños: Eso, lo que dice el título y el subtítulo, que por algo son tan extensos. 249 páginas, con prólogo de Brendan Fraser, porque Sir James Frazer lleva mucho tiempo muerto.

Sin lugar a dudas, la lista crecerá con los años, por ahora son cinco. Quizá mañana decida escribir alguno de ellos. O quizá decida no escribir tantos otros que hoy pululan entre mis ideas
            ¿Quién lo sabe?
            Yo no.

viernes, 6 de mayo de 2011

Decadencia


Allí hay una pared. Imposible de ser vista, o tocada, en medio de tanta oscuridad. Pero la pared está allí, se siente, se hace presente. Ni una gota de viento distrae las hojas de los árboles. El leve murmullo del agua lejana es sólo eso, un murmullo. La pared está ahí, en algún lugar, cerca, casi al alcance, palpable pero al mismo tiempo lejana, intocable.
Las piernas y los brazos cansados por el tiempo se aúnan para inclinar el cuerpo avejentando hacia adelante, hacia la tierra. La última morada, junto a aquella pared.
Los ojos débiles, casi ciegos, muertos en parte detrás de las costras; los dientes flojos, moviéndose al ritmo de la respiración, y el ralo cabello de la coronilla estático, en la misma posición de siempre porque ni el huracán ha podido con ellos.
Aislado del mundo por sus sentidos arruinados, con el corazón debilitado en disputas constantes y superfluas, endurecido por la pasión de la traición venidera. Sintiendo, en todo momento, esa cercanía ineludible, esa pared asfixiante. Sin poder moverse ni para un lado ni para el otro; estático en tan incómoda posición.
Muerto en vida, o vivo pronto a la muerte, yaciendo sobre su costado, aletargado por la falta de fuerzas, la ausencia de aliento. En un sitio sin tiempo, un lugar sin espacio, desconocido e irreconocible. Con la agobiante presencia de esa pared infranqueable muy cerca del cuerpo, muy cerca.
Casi como si con la sola acción de estirar los dedos pudiera acariciársela, hasta la muerte misma.

lunes, 21 de marzo de 2011

Pregunta Indiscreta


Mi vida no es más que una sucesión de momentos trasnochados en medio del día de más calor del año; conversaciones interrumpidas porque no era necesario agregar mas; teléfonos sonando en habitaciones abandonadas hace tiempo; palabras inventadas que no significan nada; libros olvidados en algún burdel de mala muerte; trozos de mi ser muriéndose en camas hospitalarias; música demasiado baja para entender; y un sin fin de elementos disímiles, de vacíos difíciles de llenar y, como si fuera poco, recuerdos que me persiguen, pinchan y se repiten sin cesar.
    Pero claro que, a pesar de todo, estoy bien. ¿Y tú?

lunes, 24 de enero de 2011

Susurros


Tú boca pide disculpas, en cierto. Pero antes debes saber qué es lo que quiere tú torvo corazón. Al contemplar tus acciones todo me hace pensar que ni siquiera lo sabes.
Así que, por una vez en la vida, no me arriesgo a decir que por primera vez aunque sé que debe de ser así, tienes que detenerte un momento, contemplar lo que te rodea y decidir qué hacer. Ya no puedes continuar como hasta ahora, tú también lo sabes.
La vida, lamentablemente, es una sola. Y, al igual que el agua de un torrente, una vez que ha pasado, no puedes volver atrás.
Para ese entonces, sólo quedan los recuerdos, las arrugas en la piel y las cicatrices en el sentimiento.
Te digo esto ahora que pareces dormir en medio de mi lecho, y con la esperanza de que alguna de mis palabras penetren tú sueño y desde allí, imperceptiblemente, logren prosperar.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Saber de Perogrullo

Hace unos pocos días comencé a vislumbrar ese rastro de saber que por más que se encuentre frente a nuestros ojos, nos negamos a ver.
Quizá porque cosas tan obvias que nos parece ridículo siquiera imaginarlo, o porque representan tanto dolor que nos negamos a creerlo. No lo sé. Pero siempre ha estado allí. Sólo necesitó ocultarse tras el velo de la desconfianza para que su natural ser se confundiera.
También, es posible, que algunas cosas es mejor no saberlas más que inconcientemente. E ir preparándonos, de ese modo, para su descubrimiento.
Tal vez puedan existir un sinfín de razones para ello. No lo sé. Yo acabo de descubrirlo y aún me encuentro tan consternado por ello que me es imposible decidir cuál sea la razón exacta.
Puedo decirles, en cambio, que se cuiden porque Esperanza es un buen nombre para una Traicionera mujer.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Hoy No


Hoy no quiero hablar de traiciones, porque cuando has contado una, las has contado todas.
Hoy no quiero hablar de peleas, de luchas ni revoluciones, porque siempre hay un fracaso, aún en el triunfo.
Hoy no quiero hablar de teléfonos que lloran en habitaciones vacías, aunque siempre haya conversaciones interrumpidas.
Hoy no quiero comentar amores ni desamores, rupturas ni reconciliaciones que, de una forma u otra, siempre se terminan.
Hoy no quiero hablar de recuerdos, memorias que comienzan a fallar, ni de olvidos provocados, porque la intencionalidad no siempre es casual.
Hoy no quiero hablar de guerras ni pestes, de muertes ni abandonos, porque dudo que siga existiendo la vida al otro lado del sol.
Hoy no quiero decir nada para no tener que contradecirme mañana, aún cuando sea algo que nunca hago.
Hoy no.

martes, 30 de noviembre de 2010

Histerismo


Si vas a optar por la salida fácil de no responder mis mensajes, no te quejes, después, cuando decida hacer lo mismo con los tuyos.
          Después de todo, nada puede hacerte daño. ¿No es eso lo que siempre repetías mientras te desnudabas, lentamente, frente a mí?

sábado, 27 de noviembre de 2010

Un atardecer, media palabra sin pronunciar, y la sensación de frialdad que nunca abandonó la yema de mis dedos

Podría ser el título de una muy interesante novela, o de un capítulo dentro de una obra mayor. O el subtítulo de una obra de teatro. O los primeros versos de un poema.
Es, en cambio, la enumeración de azares amontonados por el viento de los actos, que empuja la desazón del trabajo mal realizado, de los sueños desperdiciados.
Del beso no robado.
De haber querido no sentir ese frío en mis dedos, aquel atardecer del mayo montevideano, había sido suficiente con terminar de pronunciar esa simple palabra. Y sería la tibieza la que calmaría mi pesar, en lugar de haber sido mi frialdad la que cubrió las últimas flores otoñales.
Entonces nos quedamos, me quedé, sin nada. Porque eso son a veces los recuerdos, un poco menos que la nada.
Pero de esa nada que pesa lo suficiente para hundirte los hombros y arrancarte una lágrima fugitiva que siente que deba esconderse.
Podría haber sido el título de una muy interesante novela, o de un capítulo dentro de una obra mayor, un cuento o un relato, o el subtítulo de una obra de teatro, o los primeros versos de un poema. Pero no es más que una pobre memoria sin lugar.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Vigía


Sobre el promontorio natural, el punto más alto de la región, se apostaban los centinelas de la expedición. Enfundados en sus gruesos trajes plateados y cargando más de cincuenta kilogramos de equipo cada uno, entre tanques de oxígenos y alimentos deshidratados, agua y armas, vigilaban la extensa tierra desolada, quemada y barrida por los vientos.
—Aún no comprendo por qué estamos aquí —dijo uno de ellos.
—Somos centinelas —respondió el otro—. Para proteger el campamento. Nuestro campamento.
—No me refiero a aquí arriba —dijo con fastidio el primero que hablara—, sino aquí, en éste planeta.
—Buscamos sobrevivientes.
—Eso dijo el Capitán. Lo sé. Pero sigo sin entenderlo. Ni creerlo. Nosotros provocamos esto —dijo señalando la tierra arrasada y vacía de más allá—. ¿Por qué ahora brindamos ayuda como cuerpos de paz?
—Lo sabes muy bien —dijo el otro, respondiendo mecánicamente, como si aquella no fuera la primera vez que sufría aquella conversación—; la ley no nos permite experimentar con ningún ser vivo de nuestro mundo.
—Pero es que podríamos vigilar desde la órbita, sin necesidad de exponernos a las radiaciones, a la posibilidad de encontrarnos con alguna criatura mutante, o podríamos ir al otro hemisferio de ésta bola de barro, a cazar esclavas.
—El comercio sexual con las hembras de éste mundo está prohibido, deberías…
—Saberlo, si, si, lo sé. Pero los esclavos dan mayores réditos que vigilar éste páramo vacío y muerto.
—Pero la gloria se encuentra aquí —dijo el otro, con un brillo nuevo en los ojos—, en la frontera del conocimiento.
—A veces suenas como un maldito folleto de reclutamiento… ¡Se movió algo allí, en esas sombras!
—Sólo un desplazamiento de rocas. No te alarmes.
—Si, por supuesto. Lo único vivo en este lamentable sitio son las malditas rocas…

viernes, 29 de octubre de 2010

Diamantes Negros


Son un misterio de la naturaleza, dignos de la profundidad del Amazonas y la inmensidad antártica. Son una curiosidad que niega el axioma de que en la naturaleza no hay ni blancos ni negros sino que es el ojo quien así lo interpreta.
En su negación son perfectos, únicos. Más allá de toda mácula. Más allá de la vida, más allá de los factores que acaban con la vida.
Si podemos aceptar que existen diamantes negros modelados por la irrealidad y la nada, ¿por qué cuesta tanto aceptar que algo tan intangible como la propia alma, pueda ser de un color distinto al negro? ¿Por qué nos aterroriza ese color que asociamos con la muere?
¿Por qué?
Hay muchas cuestiones sin resolver en el paraíso, que no han podido ser respondidas en la tierra. ¿Por qué? Simplemente, ¿por qué?

martes, 28 de septiembre de 2010

Ese


Mencionan su nombre con respeto y temor, es verdad. Se lo ganó gracias a sus aventuras, sus idas y venidas, en muchas tierras, en muchas lenguas, algunas de las cuales ni siquiera comprende.
Lo comparan con cientos de animales diferentes para dar a entender sus habilidades; es un león, un oso, un cóndor, un albatros, una hormiga y una cigarra. Es fiero y fuerte, ve más allá de los ojos normales y llega más lejos que cualquier otro, es el cocinero y el músico de las noches de fiestas.
Se cuentan leyendas de sus acciones, desde antes de su nacimiento. Porque nadie lo conoce, nadie sabe de dónde vino, qué camino siguió para llegar al vasto mundo. De igual manera, nadie conoce cuándo ni cómo se irá.
Sabemos que antes no estaba, sólo porque algunas canciones de cuna no lo mencionan. Pero no queremos imaginar cómo sería vivir si él no estuviera allí para rescatarnos, para cobijarnos. Para decepcionarnos de sus falencias, los hombres; para reconocer que nunca sería por él amadas, las dóciles doncellas que aceptan unirse en matrimonio con cualquier otro para olvidarlo, para dejar que sus sueños se marchiten.
Nadie, a decir verdad, asegura haberlo visto. Sólo se encuentran las huellas de su andar, de su mano, de su cálido aroma de ébano.
Siempre atentos a lo que podría suceder, esperamos, ansiamos, poder, siquiera, verlo, aunque más no sea, una vez.
Mientras esto no suceda, seguiremos hablando de él como un inalcanzable, como una idea, como la potencia de ser sin esforzarnos en serlo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Tal vez algún día sepas escuchar...


Ruega para que entonces no me haya cansado de repetir siempre lo mismo, que las palabras conserven el mismo sentido y puedas comprender a lo que me refiero.
Hoy te deslumbran y aturden voces y músicas estridentes en su vacuidad; prefieres no hacer caso a las señales del colapso inminente que vivirá, más pronto o más tarde, el mundo lividinal que habitas (y que supimos compartir brevemente).
Si para entonces no estoy a tu lado, si no permanezco a la sombra de tu entendimiento intentando que mis palabras lleguen más allá de tus oídos, no me busques.
Si para entonces miras a tú alrededor y no puedes encontrarme, si no soy más que un recuerdo curioso, no me busques.
Si quieres evitar hundirte en el desprecio, no me busques.
Para evitar los reproches de energías malgastadas y años desperdiciados en gemidos, no me busques.
Si no quieres escuchar porque lo único que ansías es compañía, no me busques.
Es más, sabes qué…. No me busques para nada, porque para entonces habré evolucionado en otro ser, otra materia, un mundo apartado del universo corrompido.
Ya lo sabes. El día que quieras escuchar algo diferente a los halagos, no lo tendrás. Como tampoco me tienes ahora.
Por otro lado, nunca recibirás ésta carta despedida, porque sé que nunca la leerías.
Adiós.