El portazo, el eco de aquel golpe, las reverberaciones que la furia le impusiera a aquel gesto aún no morían dentro del castillo vacío, seguirían escuchándose por los siglos de los siglos, hasta el día después del fin de la eternidad y cuando la noche lo hubiera ennegrecido todo. Sabía que sería así por todas las veces anteriores en las que ya viviera ese momento; y que, a pesar de haber hecho muchas cosas diferentes y de haberse apoyado en las notas que se acostumbrara a tomar desde la primera vez en la que sucediera de la misma manera, había vuelto a ocurrir. La cuestión no era contar cuántos intentos habían pasado ya, eso no tenía sentido, solo importa que había vuelto a fracasar y que tendría que volver a comenzar.
Completa algunas anotaciones, agrega comentarios a otras que ya están allí en tinta reseca, casi ilegible. Ciertas palabras, un poco más nuevas, contradicen lo escrito anteriormente, pero no le importa. Sabía que sería así, que algunas veces lo escrito sería correcto y otras tendría que corregirlo, y que esto, junto con muchas otras cuestiones, no dependían puramente de él, como sin dudas le gustaría que fuera.
Terminadas las notas busca las tijeras de sílex negro, las que fueran su primer regalo, el único que conservaba, el único que se mantiene igual de filoso como aquel primer día perdido en la bruma de un pasado sin comienzo.
Se detiene frente al ventanal que daba al sur. Le gusta ese paisaje, siempre le gustó, por eso vuelve a él una y otra vez, por eso volverá a buscarlo la próxima, por eso lo mira.
Sin necesidad de espejo, porque nunca lo había necesitado, comienza a recortarse la barba densa y tan negra como el sílex. A lo lejos, las montañas tiemblan, las nubes se disipan. Continúa cortando cuando los pinos, los alerces, los robles de las laderas se tambalean y caen. Su mano, siempre firme, no se ve afectada por los estruendos que acompañan la caída de los primeros mechones de pelo al frío suelo de mármol jaspeado.
El sol, la luna, las estrellas, cada ave, cada ser que mora en las aguas más profundas y en la superficie apenas mecida por el viento, cada hombre, mujer y niño, sabe lo que sucede sin comprenderlo. La más pequeña y bella mariposa, el más horrendo de los insectos, el más fuerte y temible de los animales, así como el más débil y asustadizo, lo sabe. Cada ser, vivo o muerto, por nacer o ya ido, lo sabe. Él lo sabe, tal vez ella también.
Cuando solo queda un único mechón de cabello sobre la cabeza tonsurada, me detengo. Siempre me detengo en ese instante y pienso en qué cosas podrían ser diferentes la próxima vez; diferentes y, a un mismo tiempo, similares a las que ya han sido. Pienso qué podría cambiar para que, en definitiva, nada cambie, nunca, ni en ella ni en mí. Tal vez, en la siguiente oportunidad, lo que fuera que tenga que salir bien finalmente salga bien y no existan dificultades, aunque algo como eso pueda sonar por demás aburrido.
Sin pensarlo, diría que sin darme cuenta, o quizá pensando muy bien y teniéndolo muy en cuenta, el último movimiento de la tijera, el corte de ese último mechón de pelo, coincide con el eco final de aquel portazo que se sintió como una explosión, una tan potente que podría ponerle un fin a la existencia misma, así como, posiblemente y también, un comienzo.

28 comentarios:
Esta vez el portazo sonó un poco más fuerte que un signo de interrogación.
Saludos,
J.
Cuando uno cierra la puerta es el final o un comienzo. Te mando un beso.
¿Cuánta repercusión puede tener el cortarse el pelo de la cabeza, a semejante nivel? ¿Más que un fuerte portazo?
Saludos.
A veces no solo hay que cerrar puertas, hay que dar un buen portazo. Saludos.
Antes , con un diluvio o un conjunto de plagas había bastante. Esto de la globalizacion es una mierda; y una perdida de energia y tiempo terrible.
Abrazooo
Toda una ceremonia la de cortarse el pelo, una nueva vida tras los tijeretazos
Esa es la definición de la locura, repetir siempre lo mismo esperando resultados diferentes... también creer que cambiando un gesto, podremos cambiarlo todo... en definitiva, que estamos atrapados.
Si el portazo sonó más fuerte que un signo de interrogación, era exclamación.
Las cosas siempre pueden ser diferentes, que duda cabe, lo que sucede es que el resultado puede ser similar.
Por que sera que el cabello es tan importante?
Un día lancé mi voz como un boomerang y mi voz, volvió...Aquella garganta rocosa hizo que me escuchara como si otra voz gemela allá en la profundidad me diera una respuesta...
Vuelvo a mi memoria una y otra vez; repetidas veces con ecos que forman mi pasado. Esos ecos vienen nacidos de la nada que me reclaman quizá una deuda inconclusa, quizá un pasatiempo de mi interior o un fantasma nacido de la memoria porque la memoria son ecos o disparos a la conciencia...Ya me hago viejo en mis silencios pero los ecos llegan nítidos venidos del pasado y este mediodía tengo que recordar qué almorcé.
Larga es esta senda donde los recuerdos me asaltan como ecos ya pasados. Aquel día en aquella garganta rocosa, mi voz se repitió y no fue desagradable mas bien, la alucinación de un esquizofrénico que le acariciaba el oído sin hacerle daño. Sin embargo los ecos se repiten con mas frecuencia y la gente con Alzheimer vive de un pasado real y un presente que muchas veces se difumina en el olvido.
Hay ecos que se vuelven letanías. Las llevas siempre presentes como quien reza una oración una y otra vez de forma machacante. Sin embargo están los fantasmas que fustigan la conciencia; reclamándote una falta que cometiste y esos ecos, nunca te dejarán en paz mientras vivas. La memoria está repleta de ecos que se repiten una y otra vez a lo largo del día o mientras duermes. Todo forma una unión en tu ser y esta tarde, quiero que se adueñe de mi el olvido porque un eco lejano, ahora no me deja vivir...
Hubo momentos que me sonaba a "día de la marmota" repitiéndose la escena del corte de pelo una y otra vez, pero,nunca se pasaba a otra etapa,a otra vivencia, a salir de ese bucle.
Muy interesante tu planteo narrativo,siempre.
Saludos
Si hay término, hay comienzo. Nada muere. Se amplifica en otras formas y expectativas. Un abrazo. Carlos
Un portazo puede ser un punto y seguido o un punto final-
Un abrazo.
Como tantas veces antes tantas veces durante tantas veces después...
Puta madre, efecto embudo, no sé qué comentar, o sea sí pasé y leí pero estoy apendejado, buen texto profesor.
Pues parecía que alguna divinidad se deshacía, junto con su pelo, de otra civilización imperfecta. Portazo a una y nueva creación.... Interesante el paso de primera a tercera persona. Cafelito, profe!!
José:
¡se ve que quería hacerse un corte de pelo pensando en el verano!
:)
Salu2.
El portazo lo cambia todo.
¿Fin del mundo o fin de una historia de amor?
Luego llegué al portazo y ya no tuve tan claro si estaba asistiendo al fin del mundo o al final de una historia de amor. Sospecho que ambas cosas se parecen bastante. Muy buen texto.
Mi opinión sobre el texto es que se trata de una exploración del tiempo circular y la repetición, donde el fracaso no es un punto final sino una condición permanente de la existencia. La escena del portazo funciona como una especie de origen traumático que no deja de repetirse, como si el instante estuviera atrapado en una espiral infinita.
Me llama la atención cómo el protagonista parece consciente de todos sus intentos anteriores, pero aun así vuelve a atravesar el mismo gesto, como si la memoria no fuera suficiente para romper el ciclo. Las anotaciones, las correcciones y las contradicciones refuerzan esa idea de una realidad inestable, que se reescribe pero nunca se resuelve.
Un abrazo
Me cagaste, apenas leí lo del portazo se me vino esa frase. aunque tal vez no hubiese sido tan ingenioso y certero en el comentario como lo has sido vos.
Abrazos, herr J
La vida se recicla. El mundo se revuelve sobre sus pies y algunas cosas se parecen a lo que fueron, otra no tanto. Un abrazo.
Siempre hay un nuevo comienzo, hasta para la barba, volvera a crecer, los portazos seguiran en la memoria, hasta perderse en el tiempo.
mariarosa.
Quizás lo que cambia son los detalles en el medio, las particularidades dentro de la generalidad que siempre es la misma. Las vidas de las aves, de las bestias y las palabras que dirán los hombres no necesariamente serán las mismas...
O eso quiero creer para que el corte definitivo y el eco del portazo no sean vacuos por la eternidad.
Muy buen relato. A veces un buen portazo arregla muchas situaciones o por lo menos las cambia.
Saludos.
los ecos muerden los talones , son esos cangrejos que no perdonan ni olvidan
buena jornada
Me encanta tu enigmático escrito circular
Paz
Isaac
Publicar un comentario