Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

domingo, 12 de noviembre de 2017

Sueños Breves #05

El cielo estaba lleno de nubes; no como si se tratara de una tormenta, de esas nubes que se forman y se van al poco tiempo, sino nubes que tenían la intención de quedarse allí para siempre. Sin embargo, por alguna razón, el sol continuaba iluminando la ciudad.
            Repetíamos nuestras rutinas como si nada, como si fuera lo más normal del mundo que el cielo hubiera desaparecido detrás de ese manto de blancura que no parecía ser tan malo, ni tan preocupante. Si siquiera peligroso.
            Lo peligroso eran esas personas que, hartos de la humedad y la artralgia disparan a las nubes con armas de diferentes calibres en cada esquina. El resto de nosotros seguimos adelante esperando al momento en que comience definitivamente la lluvia, porque se sabe que cuando finalmente comience a llover, lo hará por siempre. O, en cambio, si se despeja el cielo, nada nos salvará de la peor sequía conocida (o tal vez producida) por el hombre.

Sueños Breves #04

En el colectivo (ómnibus), entre la gente, una chica, alguien que creía poder reconocer de alguna otra parte. Su rostro parecía una combinación de otros rostros y, también, una sumatoria de sensaciones encontradas. Pero eso no era ni siquiera lo más interesante de la situación.
            Tenía una remera cubierta con letras góticas que dificultaban su lectura, además de que es sabido que en los sueños no se puede leer, sino que se entiende lo que se ve. Era llamativo y complejo, o era llamativo por ser complejo, o tal vez era complejo por ser llamativo. Como sea, no podía dejar de mirarle la remera. Llevaba, además, un peinado de eso que parece que no se han peinado en días, y lentes negros que ocultaban la mayor parte de su rostro, por lo que era incapaz de saber si se había percatado de la insistencia de mi mirada.
            Cuando me encontraba cerca de mi destino ella también pareció querer bajarse del vehículo, se levantó de su asiento y se acomodó la ropa de forma tal que la remera quedó por completo extendida sobre su estómago y pude leer/entender lo que decía.
Estaba en inglés, por eso no lo había reconocido al principio. Decía:  Yes, its hurt when I smile too.
Pensé en preguntarle, en comenzar una charla. Pero, claro, bajó del colectivo antes de llegar a mi destino.

Sueños Breves #03

—Entonces con esto podemos captar las ondas de radio que lleguen a la tierra emitidas por cualquier otra inteligencia —explicó el profesor señalando con orgullo el invento que presentaba.
            Si bien entiendo poco de ciencia, y mucho menos de ciencia aplicada, lo que señalaba se parecía mucho más a un walkie-talkie que a cualquier otra cosa.
            El resto del público, unas cinco personas además de mí, aplaudían con énfasis y entusiasmo.
            —¿Ya comprobó si funciona? —pregunté.
            —¿Cómo quiere que lo haga? —Respondió el profesor—. Si ni siquiera sabemos si hay inteligencia fuera de la Tierra y, si es que la hay, si utilizan las ondas de radio como método de comunicación.
            —Ah, claro… —dije. El resto de los reunidos parecían no haber escuchado nuestro intercambio, continuaban igual de felices que antes mirando el diminuto aparato sobre la mesa.
         Quise retirarme de aquel salón pero no encontré puerta por dónde hacerlo, me quedé contra una pared, viendo la situación desde afuera.

Sueños Breves #02

Camino por la calle, la misma que recorro cada mañana para ir a trabajar. Hay gente, como siempre, caminando en diferentes direcciones, haciendo sus cosas, mientras amanece. Siento el bolso sobre mi espalda intentando recordar qué día es porque, dependiendo de eso, mi camino varía.
   Una mujer que caminaba unos metros delante de mí, se esfuma. Estaba allí y luego ya no lo estaba.
   Continúo caminando sabiendo que aquello era algo que sucedía todo el tiempo; algo que se ve cada día. La gente estaba allí y, cuando volvía a mirar, ya no lo estaba. 
   Un hombre se esfumó en la vereda opuesta a la mía.
   Un chico, vestido de escuela, que caminaba en la dirección opuesta, también se esfumó.
   Entiendo que debería de estar asombrado ante algo semejante, al menos sorprendido por ver que ocurra de manera tan frecuente y sin que nadie más reaccione de modo alguno. Pero, sin variar mi camino, continúo caminando, como si cualquier cosa que hiciera luego de que alguno de ellos se hubiera esfumado fuera por completo inocuo.
   —Al fin y al cabo —me digo convenciéndome de lo que sé de antemano—, las personas siempre se alejan.

Sueños breves #01

Me encontraba en el interior de un avión (nunca he viajado en una). Todos los pasajeros iban de pie, no había asientos, ni ningún otro tipo de comodidad; se parecía más a una habitación de la que habían quitado todo mobiliario que otra cosa. Había poca luz, las ventanas eran pequeñas y escasas y, para peor, estábamos apretados los unos contra los otros. El suelo era negro, de un material que me resultaba raro pero conocido.
            La gente susurraba y murmuraba cosas, no se les entendía, como si hablaran en otro idioma, o no quisieran ser comprendidos por los demás hablando con códigos sólo por ellos conocidos. El aire se notaba pesado y caluroso.
            El suelo comenzó a deslizarse, a moverse hacia atrás, de manera imprevista, provocando que varias personas cayeran y fueran pisoteadas por el resto. En mi caso me mantuve de pie porque reaccioné con celeridad y comencé a seguir el ritmo del suelo que no dejaba de desplazarse.
            —¿Qué es esto? ¿Qué pasa? —pregunté sin dejar de correr aumentando más y más la velocidad.
            —El avión va a despegar, corremos para darle impulso —respondió una voz de actor de doblaje mexicano a mi espalda, era la voz de varios personajes de dibujos animados de mi infancia que me tranquilizó serenando mi incertidumbre.
            —Esto no se parece en nada a los aviones de las películas —dije.
            Las risas inundaron ese espacio vacío y, al mismo tiempo asfixiante.
            —Nada es como lo muestran las películas —susurró la misma voz de antes más cerca de mi oído.