Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 10 de diciembre de 2017

Sueños Breves # 20

La gente aplaudía, en la calle, en los balcones de los hoteles, en la playa, flotando en medio del agua. Aplaudían mirando hacia el mar, en la dirección en la que el sol, poco a poco, se hundía en las profundidades de las aguas.
            Aplaudían con tanta vehemencia que no pude sustraerme de su influjo y comencé a hacerlo yo mismo mientras caminaba en la dirección opuesta, alejándome de la playa, de la costa, del sol. Sentía, intuía quizá, que algo pasaría, algo muy malo y, por supuesto, lo mejor era estar lo más lejos posible de Piriápolis.
            El que en el cielo no hubiera estrellas las noches anteriores debería de haber sido una indicación más que suficiente.
            Por supuesto, era el único que huía cuando el sol acabó de consumir las aguas…

Sueños Breves # 19

La gente caminaba por la calle llevando cada una su mascota. La mayoría eran perros o gatos, algunos pájaros y unos pocos (muy pocos) animales de otro estilo, como hurones, nutrias, un par de caballos, un ñu, etc. Cada uno con la correa reglamentaria.
Todos llevaban algún animal con ellos, porque era la norma, lo habitual, lo que debía ser hecho.
            Era único que caminaba sin su mascota. Pero tenía la excusa preparada por si alguien me detenía y me preguntaba qué había pasado con mi mascota era que no se había dejado colocar el collar esa mañana. Y, para la semana próxima, tenía ensayada la excusa de que no se encontraba bien de salud. Luego diría que había muerto y que me encontraba buscando una nueva mascota que se ajustara a mi personalidad, pero la pena y la aflicción era tanta que no sabía cuándo podría decidirme. Esa excusa me serviría al menos por dos semanas.
            Más tarde podría decir sí la había encontrado pero que era muy pequeña, o inquieta, o mal educada, para salir a la calle con ella.
            Luego pensaría alguna otra excusa, pero por los próximos dos meses estaba cubierto y nadie sabría, aún cuando lo sospecharan, que en verdad no tenía, ni nunca había tenido, una mascota.
            Ni tampoco quería tenerla.

Sueños Breves # 18

La nave de acercó lo más posible al magnetar que debíamos inspeccionar; a partir de allí debíamos continuar con nuestra cuenta y riesgo.
            Los cinco (dudo en saber quiénes eran los otros cuatro) salimos al espacio sin usar trajes especiales, sino como si fuéramos de pic-nic por el vacío, abrir la puerta y salir. O tal vez la tecnología era tan avanzada que no hacía falta nada semejante. Como fuera, todo parecía ir bien. Los instrumentos funcionaban, estábamos cumpliendo nuestra tarea (¿Mediciones? ¿Atrapar la energía que expulsaba la estrella? ¿Tostarnos la piel? No estoy seguro de porqué estábamos allí, pero allí estábamos).
            Sólo podría haber una única complicación, y era que llegaran los otros, los que no eran como nosotros; porque estábamos en medio de una carrera y quien lograra descifrar cómo utilizar toda aquella energía ganaría (¿La guerra? ¿Un trofeo? ¿Vacaciones en Bahamas?).
            Y, claro, ellos también llegaron justo después que nosotros. El encargado de la protección del grupo debía atacar, defender a los nuestros, derrotar a los otros y asegurar nuestro triunfo. Era la pieza más importante del equipo, la más necesaria, la que no podía fallar en ningún caso.
            Sería mucho más fácil de no haberme olvidado las armas en la nave.

Sueños Breves # 17

La noticia del día era que, después de mucho tiempo, tal vez años, décadas, llovía.
            Llevaba tanto tiempo sin hacerlo que en la televisión, en las redes antisociales, la radio, los diarios del día siguiente, en las nuevas escuelas, pero también en las viejas, se les explicaba a los niños, a los pequeños (de edad y no de espíritu, se entiende), qué era eso que caía del cielo. Claro que no todos comprendían nuestras palabras, nuestras experiencias de cuando la lluvia era algo normal, no algo tan extraño que incluso la palabra había sido retirada de los diccionarios.
            El terror, la incertidumbre, la desazón, daban paso a algunas tímidas sonrisas y a juegos bajo la lluvia que por momentos arreciaba pero que se mantenía como una leve molestia que tan sólo señalaba su presencia allí.
            No todo estaba irremediablemente perdido.
          Aunque bien podría ser lluvia ácida, lo que explicaría el ardor en la piel de quienes se exponían a ella. Claro que, en los libros de consulta habituales, nada se decía al respecto…

Sueños Breves # 16

En la puerta de una inmensa librería habían colgado un cartel que decía “Se regala Libro”. Por lo que no pude evitar ingresar al comercio y descubrir que se me habían adelantado una media docena de personas, más o menos, que miraban con caras en diferentes grados de desesperación las estanterías cargadas hasta rebosar de libros.
            —¿Regalan libros? —pregunté al ingresar sin siquiera saludar al vendedor que allí me esperaba. Su rostro, vagamente familiar, no me resultó fuera de lugar.
            —Si —respondió sonriendo de tal manera que parecía mostrar más dientes de los que efectivamente tenía.
            —Pero los regalan, me los puedo llevar a mi casa y no devolverlos nunca…
            —Sólo uno por cliente —dijo el vendedor.
            —¿Sólo uno? —pregunté repitiendo sus palabras.
            —Así es. Además, el libro que se lleve de aquí será el último libro que usted tendrá derecho a leer por el resto de su vida. Ya no podrá cambiarlo, ni adquirir ningún otro. Por otro lado, en el mismo momento en que se decida, su biblioteca personal será confiscada y ninguno de sus libros le serán devueltos jamás —dijo sin perder la sonrisa—. Por último, no puede abandonar el local sin un libro. Son las reglas.
            —¿Cómo…? —pregunté sin comprender.
            El vendedor se limitó a continuar sonriéndome.
            Me dispuse, pues, a mirar uno por uno los lomos de los libros que allí se encontraba. Tal vez algún día, alguna noche, en algún momento, lograra finalmente decidirme…