¿Lo ves? Ahí está otra vez. Bueno, sí, no lo ves, pero lo escuchás. Lo mismo todos que los días y… qué hora es… sí, más o menos la misma hora que ayer, y que antes de ayer, y que el otro día, y… ¿cuándo fue? ¿Qué fue antes de ayer? Lunes, eso. Lo mismo que el lunes y el viernes, y creo que el jueves también. Bueno, pero hace un montón de días que está haciendo lo mismo.
No me podés decir que no lo escuchás. Ahí está. ¿Ves? Uno, dos, tres. Ahí parece que termina, pero no, ahora en un rato vuelve, y empieza otra vez con uno, dos, tres. Todo el tiempo. Es infumable. No puede ser que esté siempre así, y no me podés decir que no lo escuchás. Si es muy clarito. Dale. Vení.
Vení acá te digo, y hacé silencio. ¿Ves? ¿Escuchás? Escuchá. Uno, dos, tres. Siempre igual. Y está así durante horas, y no, no sé qué es lo que está golpeando y la verdad que no se puede estar así todo el tiempo. Todo el tiempo uno, dos, tres, para y otra vez uno, dos, tres. Interminable.
Ya van… ¿cómo te dije? Desde el jueves, el viernes, el sábado de la semana pasada. Y hoy es miércoles. No puede ser igual, siempre lo mismo. Me estoy volviendo loco acá dentro con este ruido, y él dice que él no es; porque sí, lo fui a buscar y cuando abrió la puerta y lo encaré para decirle “Dejá de hacer ruido, dejar golpear la pared, se escucha que estás golpeando”, me dice que él no está golpeando, pero dale, si las paredes parecen de cartón, se escucha todo. Pero no, que él que no está golpeando nada, que son invenciones mías. Pero no invento nada, vos lo estás escuchando. ¿Ves?
Escucha, te digo. Hacé silencio. Otra vez, uno, dos, tres. Ahí está vez, no lo estoy inventando, es real, está pasando.
¿Vos también estás escuchando o no?
¿Cómo que no lo escuchás? Mirá, uno, dos, tres. Por qué me mirás así. Te estoy diciendo en serio. No, no estoy inventándolo.
Escuchá.
Mirá.
Ahí viene otra vez.
Uno.
Dos…

19 comentarios:
Vivir todos apretados en departamentos cada vez más chicos terminará por matarnos a todos..
Saludos,
J.
Para volverse loco. Uno, dos, tres, y vuelve otra vez... Una convivencia de locura. Besitos
¡Lo mismo acabaron ambos a martillazos!
Salu2.
Hace poco estuve tres días viviendo en un rascacielos, una planta cuarenta, un día más y hubiese probado a tirarme por la ventana...
La locura es contagiosa. Conviene saber disfrutarla en lugar de sufrirla.
¿El interlocutor se niega a escuchar o ni siquiera existe?
Saludos
Trabajamos en turnos de 12 horas y nos lo pagan pero el trabajo nos deja exhaustos muchas veces. La oficina es milimétrica y en ella trabajamos 3 administrativos: Juan con el que llevo 7 años de compañera y Daniel que se ha incorporado hace dos semanas en defunción de Enrique que era mi mejor amigo.
El nuevo lleva ropa de marca, perfume además de aseado. No habla mucho, solo lo necesario cuando se le pregunta. Es puntual y si puede hacerte un favor te lo hace. Tiene un auto como comprado de 5ª mano pero aparte de todo eso, creo que tuve suerte de no caer con alguien conflictivo. Sin embargo sus silencios me agobian porque es un hombre hermético que se entrega solamente al trabajo...
Siempre trae su comida en fiambreras térmicas y termos.
Nos hemos habituado a su convivencia. Al principio lo taché de antisocial y después me dio tristeza verlo así. Como mujer tenía curiosidad de indagar en su persona porque sea como fuese, creo que era una buena persona y...pasaban los años así de esa manera y a mi el misterio me atrae como la curiosidad de una gata. Le consulté a Juan si por Navidad lo invitáramos a un café con unos dulces porque ya llevábamos dos años y la intimidad personal no existía. A veces soñaba con su perfume varonil, recordaba su atuendo impecable y me hacía imaginar todas las cosas que soñé por un hombre... Sacarle una palabra de su vida cotidiana era poco menos que imposible y mi atracción aumentaba cada vez mas si cabe...
Había días que lo observaba cada dos por tres mientras nuestra convivencia me atraía a el cada vez mas hasta que al fin, rompí su silencio...
Lo invité a mi apartamento un fin de semana para almorzar y el aceptó. Poco a poco se fue abriendo en sinceridad aquella tarde y me confesó que su vida se fue a la ruina por culpa de la crisis y que lo tuvo que vender todo. De esa manera encontró trabajo en nuestra empresa. Es educado, de buenas maneras, culto pero muy reservado...
Pasaban los días y le regalaba a Juan y a el trozos de bizcocho hechos por mi y un viernes, después de tantos años de silencios y años de convivencia, nos tratábamos como amigos.
Llegó un viernes y su coche prehistórico se negaba a arrancar. Quise llevarlo a su casa mas que nada por saber dónde vivía pero se negaba alegando que vivía cerca. Yo insistí y el aceptó.
Tomamos la salida 80 de la autovía y allí no había nada. Nos desviamos a una carretera sin asfaltar que nos llevaba a un puente y al bajar del coche, tan solo había una chabola con dos senegaleses que le saludaron: Esa era su casa...
En ocasiones escucho ruidos que por lo que parece no escuchan los demás, así que no me extraña de la situación.
Qué angustia...
Como sabés transmitir esos estados de conciencia que a veces surgen de lo cotidiano.
Saludos.
Casi entiendo a tu personaje, tengo una difícil convivencia con las gaviotas que vienen a recordarme con sus llamadas diarias que ya es casi de día, sin preocuparse de que aún me quedan varias horas de sueño, mal que les pese o a mí pesar.
Es duro convivir aunque sea con gaviotas o cualquier ser vivo. Uno debe tener paciencia. Te mando un beso.
los gatos viven en lugares bien apretados, les da seguridad. Un hogar muy grande es pues fuente de peligros, no protege.
Es triste que cuando estés sufriendo ese ataque indiscriminado de ruidos, te miren con compasión y te digan que ellos no oyen nada, pero los ruidos están ahí, un, dos, tres y vuelve a empezar.
Un abrazo.
Me ha gustado mucho. Esa imprecisión, esa duda, esa insistencia es todo un relato. A partir de ahí, o precisamente en lo que cómo se cuenta, cada cual puede poner sus propias experiencias. Yo ya he pensado en las mías.
Un amigo tuvo que mudarse, el vecino de arriba pasaba día y noche con un extraño trajín que no le dejaba descansar. A veces, el infierno son los demás
Uno, dos, tres. No puede entenderse sin conocer la desesperación. Saludos.
Entiendo muy bien
Yo vivo en el campo
Escucho al viento
A los perros
A los tres gatos
A las aves
Al zorro
A los miles de insectos
No escucho a mis ronquidos, que según las malas lenguas, son aterradores
En fin, es cuestión de paciencia
Abrazos
Ese es el impusto que se pasaga por una posmodernidad que no deja ver claro la realidad de la fiebre del espejismo. Un abrazo. Carlos
Me recordó al primer departamento en que viví luego de irme de " la casa de mis viejos", 38 mts cuadrados, las paredes que separaban los departamentos eran de cartón corrugado, si engordaba unos kilos (cosa que jamás hice) se me hubiese complicado en el baño, prendía el horno y se calentaban todos los tres ambientes, para pasar entre la cama y la pared había que ser jeroglífico egipcio, en el balcón era o plantas o tender, jamás las dos cosas juntas... recuerdo que compré una mesa y no pasaba por la entrada porque tenía una pequeña curva antes de ingresar y luego un pasillo largo y estrecho. El carpintero me dió estas tres opciones: o la despegaba y la volvía a pegar adentro. O la entrábamos por el ventanal con sogas, o (la que elegí finalmente) le serruchaba las patas y me quedaba una mesa petacona.
Entre otras "amenities" que si hago memoria recordaría.
En fin, buenas y austeras épocas de convivencia. Duré 4 años ahí.
Abrazos, herr
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