domingo, 12 de julio de 2026

Otoño

Varios días de un cielo cubierto que no se decide a nada, ni permite nada más que la acumulación constante de humedad, cansancio y ojeras sobre ojeras anteriores. Si esto fuera la peor parte, podría soportarlo. Claramente no lo fue. Lo peor, siempre, está, estaba o estaría por llegar, si es que llegaría. Y sí, llegaría.
    Las nubes, que apenas clareaban un poco para indicar que atravesábamos el día, eran el reloj que consultar a cada rato, pero saber la hora exacta era jugar a adivinar sin ver dónde apoyábamos los pies —o si teníamos pies—. El menor ruido despertaba una sucesión de ecos que la distancia devolvía una y otra vez. Respirar era invitar a la humedad a seguir penetrando en el cuerpo, a ser cada vez más agua, a sentir cada vez más incomodidad, más necesidad de que algo suceda, la ansiedad de que la espera se terminara.
    Por la tarde, lo que creo que debe ser la tarde, una mancha, un tanto más oscura, nace en la nube más alejada. Esa mancha crece llenando cada rincón del cielo con la misma lentitud con la que transcurren las horas, los días, los milenios. El viento, ausente, en nada ayuda a que todo suceda, solo las nubes volviéndose más oscuras, como el anuncio de algo próximo, como una promesa que rápidamente puede negarse.
    La vibración se siente primero. El sonido, sin ganas, aparentemente más lejano, llega un poco después, como un retumbar, como el eco de rocas inmensas que no dejan de caer unas sobre otras buscando un nuevo lugar en el cual yacer.
    El cuerpo lo siente, quiere vibrar a la par aún siendo incapaz de ello. El cuerpo lo siente todo, está atento a lo que uno, creyéndose su dueño, ni siquiera atina a reconocer como parte de uno.
    La lluvia comienza mucho antes de que la notemos. No hay ese olor característico de las lluvias de verano, todo ya está húmedo, la diferencia es mínima, pero la hay. La lluvia trae la diferencia que, al rato, cuando se torna más insistente, más real, le daremos entidad.
    Y llueve, apenas, como ayer, como el día anterior, como tantos atardeceres enfermos de melancolía que niegan la existencia del sol, del cielo despejado, de otra posibilidad que no sea esperar la misma lluvia, de la misma forma, otra vez, mañana, y el día después de mañana y todos aquellos que quieran venir después. Este clima, esta vida, es una condena eterna.
    Que llegue la verdadera tormenta de una vez, quiero gritarle al cielo, pero no lo hago, sé, me lo han demostrado las veces anteriores, que no hay nadie allí dispuesto a escucharme.

25 comentarios:

José A. García dijo...

Pero tras las nubes había otras nubes que ocultaban las nubes más lejanas...

Saludos,
J.

Tot Barcelona dijo...

Hay una pequeña narración de García Márquez. Apenas 16 páginas en un librillo que nno supera el palmo por palmo: Isabel viendo llover en Macondo, se titula.
Me lo has hecho recordar.

Buscador dijo...

Hay un silencio en mi interior que me anuncia algo. Estoy en el ecuador del verano y mi madre decía que de pequeña, el verano duraba menos y no hacía tanta calor...Cada mes de enero, la primavera se me anuncia en el sentir como los almendros en flor. Algo se fragua este verano porque quizás, hasta con olas de calor que sufrimos, vendrá la lluvia de otoño o, las ventiscas de viento y agua. El clima cambia con cambios y los sentimientos florecen como venidos de la magia.

Respiro en mi interior un cambio cuando septiembre o quizás antes, aquellos otoños de la gente mayor vuelvan a repetirse. Pienso que el clima está buscando su propio equilibrio y la verdad es que nos vuelve locos. De igual manera que la primavera se me anuncia en enero, el otoño da un coletazo a mediados de julio. Puedo estar equivocado y el tiempo lo dirá. Sin embargo este sentimiento de otoño ya vive en mi como quien se abriga por las noches cuando hace frío...

Nuria de Espinosa dijo...

Al empezar a leer creí que estaba viendo mi reflejo en el espejo. Hoy llovizna aquí pero el calor es insoportable. Ojalá llegue pronto esa tormenta que refresque sin hacer daño. Cómo añoro el otoño de antes porque ahora pasamos del verano al invierno sin dar tregua a que el cuerpo se acostumbre, las tardes de lluvia y el silencio que solo rompe el sonido de la lluvia al replicar en los cristales y tejados.
Qué delicia de texto.
Un abrazo

Coŋejo pestilente dijo...

Odio el otoño.

Guillermo Castillo dijo...

El papel natural del ser humano actual es la ansiedad, por ello, nacen las disculpas o se tienen las motivaciones. Salud-os.

Spain Visa Guide dijo...

Beautifully written. The atmosphere feels so heavy and immersive that you can almost feel the weight of the lingering clouds and uncertainty. The ending is especially powerful—it captures the quiet tension of waiting for something inevitable with remarkable depth.

Gustab dijo...

siempre es agradable el petricor luego de la lluvia, cada vez más escasa... al leerte, puedo sentir la humedad de la tierra, escasa en chile aún en invierno. como cambia todo.

Beauséant dijo...

Me ha gustado esa anticipación, esa vibración en el aire esperando la ansiada tormenta que nos limpie y refresque.

carlos perrotti dijo...

Condenado a no poder creer que efectivamente allí no hay nadie...

lunaroja dijo...

Describís certeramente, con las palabras más adecuadas esa calma que precede la tormenta, está en el aire, se respira pero,no llega, y pareciera que todo alrededor se hace silencio.
Es excelente esta narración.
un abrazo

Gabiliante dijo...

La lluvia es deseable hasta wue llega, como casi todo.
El otro dia me enteré que ese olor de la lluvia que describes tiene un nombre ( un n9mbre concreto,; no " huele a..."), pero no me acuerdo cómo es, como casi siempre.
Abrazooo

Maty dijo...

Me ha encantado esta entrada, vine a verte por eso de retribuir y salí ganando 😊. Tienes una manera nostálgica y muy evocadora. Conejito sorry, a mí me encanta encontrar del otoño la facultad para verme inmersa en sentimientos ajenos y propios que me hacen vibrar. Muchos saludos! 🌹

Maty dijo...

Pasó mi.comentario? Espero que sí, no sé.

Dyhego dijo...

Cada vez es más difícil conectarse con el cielo porque hay demasiadas interferencias, demasiados celulares funcionando a la vez, muchos drones, mucho wifi y vaya usted a saber cuántas cosas más invisibles...
Salu2.

Doctor Krapp dijo...

Me encantaría un día de lluvia como la que se anuncia en tu entrada. Este verano interminable y bochornoso, viviendo en la zona más templada y que más abajo es un asador despiadado, no nos lo merecemos. No nos merecemos está climatología que nos pone en bandeja el cambio climático.

BEATRIZ dijo...

No hombre! tras la tormenta viene la calma. A mi me encanta el otoño. La única estación del año que sufro más, es el verano, por la humedad de estas latitudes, es imposible pasar buen rato afuera sin que te asfixies o te devoren los mosquitos, así que mayormente, inverno. La demás gente, se va de compras como forma de entretenimiento.
En este texto que has desgajado las capas de la oscuridad.
Saludos.

Coŋejo pestilente dijo...

Sí, los dos haha.

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Serás escuchado, no lo dudes, cuando primero te escuches a ti mismo, quizás eso te respondieron

Paz

Isaac

gla. dijo...

Me gusta el otoño, con sus nostalgias en los días frescos
Abrazos

Chafardero dijo...

Los cielos plomizos que amenazan una lluvia que tarda mucho en llegar son una constante donde vivo, he aprendido a quererlos

Frodo dijo...

Estos días de invierno que estamos atravesando no tienen mucho que envidiarle a los nublados, lluviosos y/o húmedos días de abril y mayo que pasamos.

Abrazos, y que le sea leve herr J.

Frodo dijo...

PD: para todo aquel al que le guste observar los astros, las nubes son realmente un castigo, Lo supo muy bien el astrónomo con mayor mala suerte de la historia: Guillaume Le Gentil.

Sara O. Durán dijo...

Siempre te han escuchado, no lo dudes. Aunque no te concedan siempre tu petición.
Un abrazo.

Carlos augusto pereyra martinez dijo...

La verdadera tormenta le gusta estar al acecho. Es su juego. Un abrazo. Carlos