domingo, 1 de marzo de 2026

Sacrificio

El día de su llegada al pueblo, comenzó la tormenta.
    Llegó fuera de temporada, como un turista inesperado invadiendo la playa con ráfagas de viento cada vez más fuertes que provocaba un oleaje inmenso que amenazaba acabar con la playa y sus médanos, lluvias persistentes de día y torrenciales por la noche que amenazaban inundar el pueblo. Nadie entendía el porqué de semejante tormenta; nadie entendía el porqué de su presencia; nadie hacía nada, solo esperábamos.
    Ninguno de nosotros, los del pueblo, lo conocíamos, no era uno de los nuestros ni uno de los hijos de quienes antaño emigraran; así y todo, sería una mentira decir que no sabíamos que se internaría en la arena saturada después de semanas de borrasca. Esa noche la tormenta fue aún peor, tanto que temimos que el viento arrancara árboles y volara techos, que las olas arrasaran al pueblo y que la lluvia inundara lo que quedara en pie para el amanecer
    A la mañana siguiente, retornó el sol, el viento se calmó, las olas volvieron a ser las de todos los días, la tierra comenzó a secarse y nuestras rutinas regresaron a ser las de siempre.
    Lo único que nos queda por decidir es quién de nosotros irá a buscar su cuerpo.

21 comentarios:

José A. García dijo...

No hay otra forma de apaciguar las fuerzas de la naturaleza.

Saludos,
J.

Tot Barcelona dijo...

¿No me dirá que usted pertenecía a la tribu de los Itzáes?..¿Apaciguaron la tormenta?
Saludos

José A. García dijo...

Yo no lo soy, tal vez el recién llegado...

Saludos,
J.

Maia dijo...

Cómo dicen, "alguien tiene que sacrificarse"; le tocó a un desconocido, como un ritual, no?

Me alegra tu regreso

lunaroja dijo...

Entrada triunfal la tuya después de la ausencia!
Tremendo relato...
Me ha encantado.
Saludos

J.P. Alexander dijo...

Uy y al pobre que le toque. Te mando un beso.

J.C. dijo...

En todo tiempo y lugar la llegada del Forastero da problemas, por fortuna el forastero siempre tiene alguna fragilidad: en esencia son gente sin amigos, sin alojamiento, se puede abusar de ellos sin mayor riesgo.

Luiz Gomes dijo...

Bom dia meu querido amigo e poeta José. Seja bem-vindo. No estado de Minas Gerais, tivemos fortes tempestades e causaram muitas mortes. Obrigado pela poesia, visita e comentário. Desejo um excelente mês de março, para você e todos os seus familiares. Grande abraço do seu amigo brasileiro.

DULCINEA DEL ATLANTICO dijo...

Los forasteros no suelen ser bienvenidos y en lo que nos cuentas está el ejemplo.
Un saludo José. A
Puri

Nuria de Espinosa dijo...

Transmite esa sensación de amenaza silenciosa, como si la tormenta no fuera solo un fenómeno natural sino el reflejo de algo más oscuro que llega con ese hombre. Mantiene la tensión hasta el final, con esa calma repentina que contrasta con todo lo anterior y deja un vacío inquietante. El cierre transforma la espera pasiva del pueblo en una atmósfera que se siente casi opresiva hasta la última frase.
Un abrazo

Cabrónidas dijo...

Me encanta que la Naturaleza sea la mayor asesina en serie que existe, y encima no podamos hacer nada por evitarlo por mucho que la jodamos.

Beauséant dijo...

pues ahora estamos intentando apaciguar a los dioses de la guerra, pero parece que no se conforman con un sólo cuerpo, quiere montarse un ejército para él y necesita muchas almas...

carlos perrotti dijo...

Y si regresara?

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Hay veces que una muerte así dignifica la memoria...

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Hay quienes dice que trazando una cruz de sal, con un cuchillo, apacigua las tormentas. Pero nunca he sido testigo.

Sospecho que nadie lo buscará.

Saludos.

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

Siempre detrás de la tormenta viene la calma, otra cosa es quien se hace cargo de los desperfectos

Chafardero dijo...

Antes de un sacrificio yo propondría primero sacar al santo patrón en procesión, una rogativa, una sarta de rosarios, y en casos de extrema necesidad, un triduo a la virgen de la cueva

Aina Rotger Vives dijo...

Muy buena historia y muy bien escrita. La contemplación de los cobardes.

Doctor Krapp dijo...

Lo del sacrificio humano para calmar a la camarilla de Eolo tiene su encanto ¿pero no es derrotista, en exceso?

Buscador dijo...

Las fiestas populares se celebraron por todo lo alto; la algarabía de este pueblo es famosa en toda la región pero, algo nos acechaba cuando la última tarde el cielo ya estaba enrarecido. No eran nubes de lluvia, tampoco calima del desierto. Era una oscuridad gris que apagaba el color de la vida; algo mortecino que se adentraba en el corazón de la gente para no salir de su silencio...

Poco a poco la fiesta terminó. Cada cual se fue a su casa con ojo vigilante en el cielo pero nadie decía nada.

A la mañana siguiente, la gente fue a trabajar, los niños marcharon para la escuela y las amas de casa comenzaron sus labores. La maldición tuvo su comienzo cuando todo el mundo tuvo conciencia de que nadie reía...Y pasaban los días. Aparentemente mi pueblo parecía un pueblo normal pero, sin risa. La gente se saludaba con un adiós seco, los niños jugaban sin alegría en los recreos y los visitantes de otros lugares hablaban con una sonrisa a los paisanos pero, nadie respondía con una sonrisa.

Llegaban las fiestas de la primavera, las del verano, las de la Navidad, las fiestas patronales, los cumpleaños de la gente pero, nadie sonreía...La maldición no se marchaba y tampoco nadie se atrevía a nombrarla. El ambiente era denso en cada celebración, la gente hablaba de todo con acento serio y muchos se agobiaban tanto, que comenzaron a tener depresión cuando mas locura cuando se conocieron casos de suicidio. Sin embargo, de aquella maldición nadie hablaba y mi pueblo se hizo famoso pasados dos años sin un sonrisa.

Estudiosos de todo el mundo se interesaron por este caso tan inusual. Las radios y las televisiones de todo el mundo hablaban de un pueblo que no conocía la sonrisa y hasta hubo cómicos que con su espectáculo quisieron curarnos de este mal pero, la gente no sonreía; incluso el ayuntamiento quiso dar un premio a lugareño mas gracioso pero lo mas que se consiguió fue un chiste soso.

María fue a dar a luz y no llegaba al hospital así que parió en su casa. El médico del pueblo la ayudó con una comadrona que ya estaba jubilada. Nació un niño que nada mas nacer, nació sonriendo en lugar de llorar. Parecía que el recuerdo de la risa se había olvidado y María también sonrió... Aquella novedad cundió como la pólvora por el pueblo. La gente presa de la expectación, comenzó a sonreír en un principio de forma provocada; intentando buscar en su interior la alegría olvidada y pasado un momento, el cielo azul volvió a esta villa justo cuando la alegría fue anunciada por un niño al que llamaron Jesús. Su padre José, era carpintero...

lichazul dijo...

...al menos recuperarán el cuerpo para una sepultura, en otros lados se lanzaban al volcán más próximo

Saludines😅