Otra vez el hombro izquierdo, desde aquel día, tendría unos once o doce años, en que la rama del árbol decidió que ya no soportaría mi peso y caí golpeándome en todo el cuerpo, sacándome el hombro izquierdo de lugar. Dolió, sí, claro que dolió, y volvió a doler cuando el médico lo colocó otra vez en su sitio. No sé en cuál de los dos momentos grité más, pero grité. Después se hizo costumbre que pasara cada cierto tiempo, como si al hombro no le gustara mantenerse en su lugar, como si fuera más fácil estar saliéndose siempre. Claro que también vi esa película de fines de la década de 1980, en la que el personaje se disloca el hombro una y otra vez y se lo vuelve a acomodar con un golpe. Diría que lo intenté, pero no fue así, nunca me gustaron los golpes, siempre preferí el dolor. No, creo que esto era al revés, en fin, ya no estoy seguro.
Como sea. Otra vez el hombro izquierdo, señal de que algo más va a pasar, como un augurio, como un horóscopo de cuando los horóscopos servían para algo más que mentirle a quienes siguen creyendo en ellos. Podría crear mi propia forma de adivinación, la hombromancia, para saber cuándo habrá tormenta o humedad, si el calor durará otras dos semanas o si el frío alguna vez volverá a la región. Formas, todas, de prever lo imprevisible y pretender un orden que nunca será tal.
Esto lo haría con mi hombro izquierdo y su costumbre de salirse de su sitio. Tengo que pensar qué hacer con los dedos de mis pies, que se han separado por completo de mi cuerpo sin que encuentre la forma de volver a unirlos; con mi cabello, que se desprende sin parar; con mis dientes y uñas, que se caen y por ahora guardo en un pequeño frasco; con este líquido entre verde y marrón que al parecer solo yo puedo ver y que mana de mi boca, de lo que queda de mi nariz, de mis ojos, por mis orejas y por cada una de mis heridas. Es como si buscara sin saberlo la forma de desprenderme de todo, de olvidar lo que alguna vez fui, para, aun sabiendo que es imposible, dejar atrás de una vez y para siempre el recuerdo de aquel perfume que siempre señaló tu presencia.

25 comentarios:
Lo que más queremos olvidar es, siempre, lo que más recordamos...
Saludos,
J.
No te lo compro. Si las segregaciones del cuerpo del prota se fueran tras en perfume, aún te lo compraría.
Pero así... creo que hay algo más. Un movimiento político independentista medioinfantil. De esos que viendo lo del hombro dicen aquello de " culo veo, culo quiero" . Aquí el culo funcionaria como el perfume... vaya, esto no ha quedado muy bien.
Pero, bueno, como ya es Navidad...buenas fiestas.
Creo que he visto esa película.
Predicción por disfuncionalidad del propio cuerpo, sí que sería doloroso. Y en un mundo que está lejos de ser ideal, los dolores serían frrecuentes.
Saludos, colega demiurgo.
La memoria no funciona como un archivo en el que podamos hurgar a placer, Si ella quiere, encontraremos en su rincón más oscuro lo que nunca queremos recordar.
Hay desamores que desarman, como bien hemos podido leer
Cierto, dicen que el tobillo es dificil que se "salga", pero una vez que ocurre ya se sigue saliendo.
asi es el cuerpo humano, como que es fragil y no se repara muy bien.
para el hombro nada mejor que cirugia y dos tornillo de platino (si no hay presupuesto titanio o incluso acero es ok)
Recuerdo vagamente la película, que usas como referencia, aunque la problemática que nos presentas sea muy diferente.
Ese perfumen no podrás olvidarlo.
Me parece un texto intenso y muy personal, donde el dolor físico funciona como metáfora de una ruptura más profunda. El hombro que se disloca una y otra vez refleja la fragilidad, la repetición del sufrimiento y la imposibilidad de mantener las cosas “en su lugar”, tanto en el cuerpo como en la memoria. La mezcla de recuerdos, ironía y elementos casi grotescos transmite una sensación de desgaste y descomposición, como si el narrador se estuviera desarmando poco a poco para intentar olvidar una ausencia que todavía duele. En conjunto, lo siento como un relato honesto, inquietante y cargado de melancolía.
Un abrazo y feliz Navidad
Me parece un relato brutal, que además cierra con una ternura desesperada.
Qué buen relato..
Un abrazo
Desde pequeño siempre he tenido un dolorcito. No se de donde viene pero me ha acompañado durante toda la vida. No es fuerte como para no poder hacer mi vida diaria y tampoco menor para que lo tenga en el olvido. He vivido con el desde creo que a los 7 años. Una vez me disloqué una muñeca y aquel dolor era gemelo al que siento pero, claro está, la muñeca dolía mas...Un día fui al médico y le consulte sobre este dolor. Don Sebastián se interesó como médico y como amigo; me dijo que aquello era tremendamente interesante y hallar la solución era poco menos que encontrar una aguja en un pajar. Mi hicieron pruebas de todas las clases y me hicieron preguntas de todos los colores sin desechar mi vida sexual pero, no encontraron indicios sobre la manera de quitarme ese dolor...
Soy un hombre sensible; casi superdotado pues he demostrado hacer cosas que pocas personas son capaces de hacer. Me enamoré de una chica inteligente. Estuvimos de novios 7 años y yo creo que al contarle sobre mi dolor, ella tuvo pena de mi y por eso se casó conmigo. Este dolor es mi sombra. En el altar de la iglesia donde me casé, al hacer el amor con mi mujer, al conocer a mi hijo cuando nació y hasta en el sepelio de mi madre, este dolor siempre me ha acompañado. Mi padre murió cuando tenía 7 años. Lo quería profundamente; no había persona que lo superara en habilidades y me contaba los cuentos mas fantásticos que un niño pudiera escuchar pero, mi padre murió y yo nunca le perdoné; entonces, apareció mi dolor.
Lo he confesado, me han hecho miles de pruebas pero llevo 50 años con esta condena. Mi padre me tomaba la mano y con la yema de sus dedos, me hacía cosquillas en la palma de la mía para decirme que todo iba bien y yo sonreía. El día de su muerte, un minuto antes me tomó de la mano para tranquilizarme de mi angustia pero, murió cuando yo mas lo necesitaba...
A partir de entonces mi vida ya no era la misma y dio un giro de 180º: Lo pasé mal. Estuve mas de un mes sin hablar con nadie y el dolor apareció. Mi madre estaba tan afectada como yo. Me dio un tiempo para que mi luto pasara ero ese dolor se instaló en mi y nunca me ha dejado. Ya tengo 80 años. Tengo tres hijos y un cáncer con metástasis. Sin embargo mi amigo el dolor no me ha dejado ni un momento. Mi hijo me tiene cogida la mano para que yo sienta que no estoy solo. Entonces, con la yema de mis dedos le acaricio y le hago cosquillas en la palma de mi mano.
Una ventana se abre en mi corazón y veo a mi padre que viene por mi. Me toma de la mano y con la yema de sus dedos me acaricia la palma. Justo en ese momento, mi dolor desaparece...
50 años no. Son 73
Es un relato melancólico, Te deseo una feliz navidad para ti y tu familia. Te mando un beso.
Finalmente, la vida es así, lo humano es efímero.
Feliz Navidad.
Un abrazo.
El cerebro es puñetero, a veces se queda en blanco e inventa recuerdos y los aloja en la memoria mas profunda sin que nosotros nos enteremos y otras nos expone inmisericorde de todas las vergüenzas cometidas 😅
Feliz navidad y próspero 2026💐
Olvidar o dejar de ser, gran dilema
Paz
Isaac
De a poco el perfume se diluye y desaparece y lo reemplazamos por una fragancia que creemos huele igual. El recuerdo de lo que fue siempre es mejor que la misma realidad.
Por lo demás, no se me ocurre una adivinación que se pueda correlacionar con el desprendimiento de dedos o la expulsión de fluidos de diversos colores; ni siquiera eventos asociados al fin del mundo...
Abrazo estimado!
José:
¡ese señor se está convirtiendo en las piezas de un puzzle!
Salu2.
https://www.elartistadelalambre.net/el-terrible-espectaculo-de-desmoronarse/
Creía que hablabas de la vejez...pero al final parece una carta de amor
Jodida fragancia de mujer que se hace distancia, pero no olvido. Un abrazo. Carlos
Bueno, reacciones somático-corporales muy contundentes. El recuerdo de ese perfume debe ser muy poderoso para disolverse con el paso del tiempo.
Saludos
Pues seguiremos un año más en la lucha, hombro con hombro, leyéndonos. Eso será buena señal. Y si entre todos arrimamos el hombro, el dislocado y el bueno, seguro que nos irá mejor. Un abrazo, compañero.
A veces queremos olvidar el daño que nos han hecho y sin embargo, algo pasa y otra vez está
A veces queremos recordar lo hermoso de la vida y cuando nos dimos cuenta, se fue por la ventana
Abrazos
No puedo decirte el remedio casero para todo lo último pues no hubo película de los 80 en la que algún personaje se auto sanara de eso... hasta donde sé.
Abrazos, herr J.
Qué final tan sorprendente, ha dado un giro de 180 grados al argumento. Todos tenemos una debilidad que siempre nos recuerda su presencia cuando menos lo esperamos. Olos perfumes siempre se recuerdan, como los sabores, ya lo dijo Proust. Tu hombro no es tu debilidad, es una fortaleza: el cuerpo te avisa de que algo no haces bien antes de que lo rompas. Encima predice el tiempo, es un don. Tu debilidad es ella.
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