sábado, 19 de noviembre de 2022

Inspiración (último intento)

La pantalla encendida, la página en blanco, el cursor titilando siempre en el mismo lugar, siempre en el inicio del primer renglón de la página en blanco señalando, acusador, que, otra vez no le quedaba nada por escribir. Vacío, se sentía vacío. Otra vez.
    Miró el calendario. Era sábado. Siete días intentándolo y sabiendo que cuando buscaba forzar la escritura todo se arruinaba. Las palabras se arruinaban, y él con ellas. Lo sabía, pero lo buscaba. Las palabras estaban allí, necesitaba concentrarse y ordenarlas, escribirlas, darles forma, sin importar lo que quisieran contar, ya habría tiempo para eso. Lo primero era escribirla.
    Domingo. Bajó el brillo de la pantalla para evitar el cansancio ocular. Era más fácil y rápido que levantarse a buscar los lentes que no recordaba cuándo había visto por última vez. Si su cabeza era un caos de palabras, la casa era un desorden de objetos acumuladas al azar. Solo había un espacio libre, la mesa de la computadora y la silla frente a ella, el resto eran formas indefinidas que lo rodeaban, que lo cercaban, que se volvían un laberinto tan complejo como vacía continuaba la página frente a sus ojos.
    La peor parte era el maldito cursor que continuaba titilando desde el inicio del primer renglón de la primera página.
    Lunes. Tocó la barra espaciadora. El cursor ya no estaba en el mismo lugar. Era un progreso.
    Marmierjueves. Alguien tocó varias veces el timbre sin que se molestara en responder. El móvil vibró en algún momento indefinido de una de esas tardes. Tampoco le prestó atención.
    Tantos han escrito sobre la falta de inspiración, las dificultades a la hora de enfrentar la página en blanco, la falta de ideas, de motivación, de interés, de sexo, de comida, de calor o de frío. Incluso algunos escritos por él mismo en los años anteriores (2010, 2015, 2018, 2021, con una frecuencia en evidente aumento a medida que pasaban los años). Hacerlo ahora se acerca peligrosamente al plagio, y antes muerto que caer otra vez en ese lugar.
    Sábado. El documento llegó a las quince páginas de espacios en blanco antes de que la barra espaciadora se destrabara. Ojalá escribir fuera tan rápido, ojalá alguna idea tuviera semejante impulso en su cabeza, en sus manos.
    Domingo. Volvieron a tocar el timbre. El domingo, nunca se atiende el timbre el domingo.
    Lunes. Una plaga inunda la casa, una que huele a fracaso. Conoce muy bien ese olor, lo sabe propio.
    Martes. Cerró el archivo en blanco, cerró el procesador de texto. Volvió a abrirlo y a buscar un documento nuevo, y ese también estaba en blanco.

Fin de mes. Debería darse por vencido. Las palabras no volverán. Es como si cada vez que las buscara se alejaran más y más, como ese juego de si tú te acerca, yo me alejo. Como en un baile. Al menos eso podría decir si supiera bailar, pero ni siquiera.

Dos (tal vez tres) meses después. Volvió a abrir el archivo. El cursor apareció en el mismo lugar. La pantalla encendida, la silla vacía, la página en blanco.
    Alguna vez escribió. Alguna vez dejó de escribir. Alguna vez pensó en volver a escribir. No tenía razones para ninguna de las tres opciones. Nadie sabía cuándo escribía porque nadie esperaba que lo hiciera o que tuviera algo para decir. Nadie sabía cuándo dejaba de escribir porque nadie pensaba que pudiera decir algo.

Fin de año. Cuando deje de pensar en el tiempo que llevaba sin escribir tal vez pueda volver a hacerlo. Sería necesario saber cómo dejar de pensar. Claro que si fuera tan fácil no demoraría tanto en lograrlo. Si fuera tan rápido no requeriría tanto esfuerzo. Pero nunca lo es. Nunca resulta.
    Aunque tal vez sí habría algo que resultaría muy fácil para quien se interesara en ello: Su biografía literaria.

1 de enero.
    Con la pantalla apagada el cursor ya no titila en el inicio del primer renglón de la página en blanco. Tal vez porque esa página en blanco es un recuerdo de algo que alguna vez se intentó.

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En el número 81 de la Revista Digital El Narratorio, se ha publicado el relato: Para cambiar a cualquier persona. Los invito a leerlo junto con el resto de la publicación. 

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23 comentarios:

José A. García dijo...

Cierto, pasa cada vez con mayor frecuencia. Algo me dice que no conviene indagar en las causas, al menos no por ahora.

Saludos,
J.

Alfred dijo...








Saludos!

unjubilado dijo...

En cierta ocasión me enfrenté a un "Post en blanco" y encontré la solución.
Saludos.

Jose Casagrande dijo...

Lo mejor seria pues no abrir un nuevo documento, sino abrir uno viejo, uno ya conocido y escrito (y si es posible ya publicado) de ese modo se arrancaria sin tener que enfrentar la pagina en blanco

Beatriz dijo...

¿Dónde he visto eso antes? aich! tan duro recordar como el nuevo intento fallido, José. Cuando las palabras vuelvan, serán otras señales, no como las que vivían contigo antes y se hacían pasar por musas del olimpo, ahora son las musas del limbo.

Saludos y feliz domingo.

Tot Barcelona dijo...

Creo que no es sólo a nuestro personaje, creo que es a casi todos que doña apatía viene por no se sabe donde a ponernos la mente en blanco. Es como el Covid, sabes que está y no sabes cuando lo agarrarás.
salut

lunaroja dijo...

Uf es desasosegante,porque escribes acerca de una sensación que creo que todos hemos sentido.
"Necesitar" encontrar esa palabra que nos haga arrancar y escribir esa idea...para darte cuenta por ejemplo que ya has escrito muchas veces lo mismo, las mismas palabras,o ideas,o recurrencias.
MUy muy interesante tu relato.
Un abrazo.

Buscador dijo...

Siempre he pensado que la inspiración viene de un silencio y no valoro la palabra. Creo que forzar las cosas da demasiado trabajo y mucho desasosiego. Enfrentarse a una pantalla en blanco sin tener nada que escribir es desesperante. Pero puede surgir la genialidad de lo original por venir de ese silencio...Serrat en su canción (No hago otra cosa que pensar en ti) encontró la inspiración de forma fortuita...

Un saludo

Cabrónidas dijo...

Escribamos sin esperar nada a cambio y con el convencimiento absoluto de que, digan lo que digan las palabras que llenen el espacio en blanco, será un truño que no importará a nadie. Solo entonces semejante sensación de vacío desaparece.

mariarosa dijo...

La hoja en blanco la he solucionado, algunas veces, con un lapiz y un cuaderno, no entiendo los motivos, pero en esas hojas rayadas nacen historias...para mi que vienen escritas...
Muy bueno José.

mariarosa

Manuela Fernández dijo...

Cuando uno se estanca y se aisla, aparece la hoja en blanco, con la sensación de que será así para siempre, pero al pronto, hay alguna tecla que, sin advertirlo cómo, se le da y aparece una letra, después otra, y otra... La vida es una hoja en blanco repleta de palabras.
SAludos.

Enca Gálvez dijo...

Cuanta verdad amigo! a veces las musas desaparecen y por mucho que las busque te das cuentas que no existe, creemos que es un espejismo de nuestra mente... Pero un buen día como por arte de magia aparecen y hacen mover tus dedos velozmente sobre las teclas del ordenador deseosas que las palabras unas con otras formen ideas brillantes que vean la luz, como tu inspirador relato... ¿Te das cuenta que las musas siguen? simplemente hay que dejarse llevar...
A sido un gran placer leerte, besos

Laura dijo...

Supongo que son temporadas, que muchas cosas influyen aunque no nos demos cuenta.
Escritos que se quedan estancados porque no conseguimos darles forma.
Yo tengo unos cuantos, la verdad.
Besos.

gla. dijo...

Pasa
A veces se nota en las palabras viejas usadas anteriormente
Yo las deja ahí quietas hasta que empiezan a acompdar y arrancan de nuevo...no están perdidas...solo se esconden
Abrazos

Doctor Krapp dijo...

Hay un momento en la vida de los escribientes en que la musa les deja abandonados porque cometen el grave error de acosarla demasiado y ella se cansa.
El consejo es el acostumbrado para cualquier relación sentimental: hacerse el indiferente hasta que ella se preocupe.

Saludos

Tatiana Aguilera dijo...

Cada vez estoy más y más convencida que doña Inspiración no llega por arte de elementos mágicos. Es trabajo, búsqueda, es enfrentarse a ese cursor y a esa pantalla que nos obliga a escribir. Es cierto que algunas veces se nos ocurren cosas caminando, observando o escuchando, pero el ejercicio aquel de sentarse frente al computador es el que realmente nos lleva a encontrar algo.
Muy bueno el relato profesor José.
Abrazos

Luiz Gomes dijo...

Boa noite meu querido amigo. Uma excelente quarta-feira.

Tinta en las olas dijo...

Creo que si hemos pasado todos o la gran mayoría por esa situación, pero lo mejor es no pensar en ello, hacer otra cosa distinta y todo puede surgir. Un abrazo.

lanochedemedianoche dijo...

Uff, me pasa ultimamente dejo todo y salgo a caminar, no dura mucho mi caminata, al regresar comienzo a escribir lo que tenía en mente, otro fracaso.
Abrazo

Ginebra dijo...

El temido bloqueo del escritor que tan bien has narrado. En fin, es mejor no buscar las causas, como dices...
Saludos

Hola, me llamo Julio David dijo...

No suelo sentarme frente a la página en blanco esperando inspiración por arte de magia. Me bloqueo más. Es pura tortura autoimpuesta. En cambio vengo con la inspiración de la calle o de algún lugar de la casa o de algo leído o escuchado en alguna parte, y la pongo en palabras antes que se me olvide o la idea vaya perdiendo encanto.
Va un abrazo.

Frodo dijo...

Ah, la paradoja!

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

La paradoja hecha realidad. Un abrazo. Carlos