sábado, 5 de septiembre de 2026

Su risa

Se rio cuando se lo dije. Una risa que dolió más que una cachetada. Y ya tenía yo experiencias, con las risas y las cachetadas, en la casa, en la escuela, incluso en la calle. Diría que hubiera esperado la cachetada antes que a la risa, porque el impacto de la primera se olvida más rápido, no repercute como ese eco eterno en el que se transforma la segunda para acompañarnos a cada paso, en cada situación. La cachetada genera indignación a quien llegue a verla, porque siempre habrá testigos; la risa solo despierta más risas, de más personas, de gente que no sabe lo que significaba para mí ese acto, ese llegar a hablar, esa suerte de confesión. Está por demás claro entonces que, la risa, como respuesta, es el peor de los castigos.
    Y lo fue.
    Y lo es.
    Y lo sigue siendo.
    Esa risa, su risa, me acompaña desde ese mismo día, es parte de mí, de mi experiencia, resonando constantemente, en cada situación, ante cada dificultad, ante cada decisión, ante cada cuestión que tenga que resolver. Una risa semejante no debería existir en el mundo, un castigo tal por el simple hecho de hacer una pregunta debería estar prohibido por la moral, la naturaleza, por alguna de esas leyes inviolables como la que dice que a la vida le sigue la muerte, al día la noche, a la tormenta la calma, al alcohol la resaca, al amor el odio y al aprecio el desprecio. Por todo esto, por mucho más, por cosas que siquiera puedo imaginar, estoy roto de formas que nadie podría ni sabría sanar; y todo por una risa, fría, calculada, pensada para hacer el máximo daño posible. Una risa con la fuerza de destruirlo todo.
    Sí, así fue.
    Así se rio.
    Así sigue riéndose en el recuerdo.
    Claro que la había escuchado antes, que la había visto reír y sonreír porque era una de sus cualidades, de sus atractivos, es solo que no esperaba recibirla como respuesta al presentarle la esencia de mi ser y pretender que reconociera la valentía que se escondía detrás de mis palabras, porque sí, porque si bien es fácil pensarlo, decir:
    —¿Querés ser mi novia?
    Y que la chica más hermosa del grado, de la escuela, la amiga de todos, la que siempre sonríe y nunca rechaza nada de nadie, se te ría en la cara. Eso sí que no es nada fácil.

7 comentarios:

José A. García dijo...

Según la RAE, el monosílabo "rio", como conjugación en pasado del verbo reír, no lleva tilde. Digan lo que digan, a mí se me hace raro.

Saludos,
J.

J.C. dijo...

Las mujeres tienen muchos codigos secretos, lo malo, parece hay gente que se sabe esos codigos bastante bien y conquista a las damas.

Pero como todo esta balanceado, pues tambien hay los que desconocen que botones hay que presionarles a las damas para que funcionen correctamente

Tot Barcelona dijo...

Ya lo sabes, no eras el mas "malote" de la clase. Al menos eso debería ser un triunfo para ti.

BEATRIZ dijo...

Oh,No, una simple risa como respuesta puede cambiar el rumbo de una vida. Y es un impulso que sucede así, de la nada, para interpretarlo de la forma que mejor nos venga.
Buen tema.
Saludos, Jose A.

Buscador dijo...

Nadie la aventajaba. Para mí era perfecta en su mirada, en su sonrisa, en su forma de vestir y en sus opiniones certeras en clase. La simpatía y el encanto no tenían fallos... Verla en ratos de recreo deslumbraba como una luciérnaga por la noche y yo caí enamorado como un tonto. No podría ser de otra manera que las demás chicas le tomaran envidia. Todo el instituto se preguntaba cómo una chica tan encantadora aun no tenía novio...Sin embargo yo la soñaba y ella lo sabía.

Llegaba finales de septiembre y comenzaba el curso. A nuestra clase llegaron tres chicas nuevas que sin pretenderlo competían con ella. Ya había chicos que dejaron de perseguirla y se interesaron por las nuevas pero yo seguía fiel a mi amor... Pasaba el curso y en la clase teníamos tres modelos que rivalizaban en todo con un silencio sepulcral de tensión.

Casi a finales de curso una de las chicas nuevas cae enferma de gravedad. Nos lo anuncian en clase y en ese momento, veo a mi amor que esboza una leve sonrisa de maldad. Justo en ese momento, dejó de existir para mi.

Sintiendo mi indiferencia hacia ella, comenzó a buscarme preguntándome qué me pasaba, por qué me alejé.

Han pasado los años y poco a poco porque soy torpe, me he dado cuenta de la mala leche que tienen algunas personas.

Cabrónidas dijo...

Al menos, no te hizo perder el tiempo. Búscala cuando tenga ochenta años. Verás que, a fin de cuentas, tampoco era gran cosa.

carlos perrotti dijo...

La risa cruel inadmisible e imperdonable... Ya viniendo de una mina, un cura, un traidor...