sábado, 4 de julio de 2026

Semilla

Mi abuelo odiaba a mi padre por haber hecho de mí el hijo de su última semilla. Lo odiaba como si pudiera cambiar en algo el que mi padre haya desperdiciado su fuerza y sus años con cuanta moza se le cruzara antes de por fin casarse con quien sería mi madre. Quizá sea una suerte que todos los hermanos y hermanas que tendría que haber tenido, hayan nacido muertos, o ni siquiera hayan logrado salir del vientre de sus cada vez más jóvenes madres. Esa maldita semilla tendría que haberse extinguido antes de concebirme, no después; como no fue así, aquí estoy, heredero de los últimos retazos de la heredad familiar, un campo agostado, labradores que huyen y el rumor de que esta tierra, esta casa, este que soy yo, estamos malditos.
    Si existe tal maldición, esta es la vida, la que no pedí e igualmente me dieron; de la que quiero irme, y me lo impidieron —varias veces.
    En los pueblos cercanos, ya nadie acepta mi palabra, mucho menos mi presencia, dicen que mi dinero no vale, que son billetes viejos, sucios por la tierra de las miles de manos que los tocaron. La mayoría de las personas ni siquiera me saludan y ocultan la mirada a mi paso. Sé que esperan mi muerte para despedazar, cual buitres desesperados por el hambre y la sangre, lo poco que me queda. Pero, si espero un poco más, seré yo quien se quede con todo. Esa fue su promesa, ella me lo dijo.
    Negra como un trozo de la noche sin luna ni estrellas, la pantera aparece al atardecer en el salón de la casa, cuando estoy a punto de quedarme dormido con un resto de vino añejo en la copa, el estómago vacío y la resaca del día siguiente preparándose para importunarme. Ella fue la que me dijo, con esos ojos amarillos suyos que brillan cual gemas, como ascuas ardientes de algún infierno; ella me dijo que espere, que no muera aún, que la condena preparada para todos los que me han despreciado está pronta a ser, que apenas restan unos detalles.
    Me ha dicho también que beba, por eso lo sigo haciendo, no porque me agrade el sabor del vino ni los sueños confusos que despiertan sus vapores, mucho menos la sensación de que mi garganta arde mientras el vino baja por ella. La pantera sonríe la noche entera mirándome beber. No sé si una pantera puede sonreír, solo sé que ésta que está frente a mí, lo hace, me sonríe o se sonríe. Caigo en ese sopor que el sol de la mañana golpeándome la cara apenas atenúa, sintiendo el ardor en mi pecho, allí donde la ropa desgarrada señala dónde la pantera se apoyara instantes antes de que por fin me durmiera y me pidiera que compartiera con ella mi semilla.
    Y cómo, padre; y cómo, abuelo; cómo negarme a esos ojos, a esa mirada, a un pedido tan íntimo, tan sensual, tan único. ¿Cómo?



25 comentarios:

José A. García dijo...

¿Alguien sabe cómo?

Saludos,
J.

Beauséant dijo...

Convivo con una panterita en miniatura y doy fe, sonríen, ya lo creo que sonríen y, cuando lo hacen, mejor encontrarse lejos. Nada bueno traman esos ojos amarillos, para ti, me temo, ya es tarde, pronto verás lo que te tiene reservado.

Tot Barcelona dijo...

No... es muy difícil ¡

lunaroja dijo...

Es que esa pantera tiene el poder de la sugestión y de la mente... difícilmente será fácil deshacer ese hechizo.
Un saludo!

J.P. Alexander dijo...

Me gusto el final no esperaba lo de la pantera. Te mando un beso.

J.C. dijo...

Mi consejo es que no odien al proximo de la dinastia, muy mal el abuelo, estoy seguro que con mas amor se lograra romper la maldicion

Erik dijo...

Es que las panteras a parte de ser gatos, o quizás por ello mismo, son irresistibles y mas aun si cabe en las noches sin lunas.

Salud.

Frodo dijo...

Otro de tus grandes éxitos. Místico.
Espero que lleves anotado cada vez que digo esto o tengas un buen becario experto en rastrear en historiales.
Una antología Herr joseagarcíaca qué reuniría y publicaría en mi editorial. Si tuviera una, claro.

Abrazos, Herr J.

Laura Vicente dijo...

Tremendamente inquietante, las panteras son misteriosas pero no en positivo, solo me faltaba leer esas noches insomnes del protagonista.

Saludos

Buscador dijo...

A veces me gustaría ser invisible. Sería sentir la plena libertad para hacer lo que viniera en gana. Otras veces me gustaría que todo el mundo me conociera de cabo a rabo para que la mujer de mis sueños viniera a buscarme sin equivocación. En momentos difíciles me gustaría pasar a formar parte de la nada para morir sin dolor y no dejar rastro...En un enfado le grité a mi padre la razón de por qué era mi padre y no otro: Me pegó y tuve que callar. Mi abuelo vivía con nosotros en casa. No hablaba mucho pero cuando lo hacía era para discutir porque tenía bastante genio. Mi madre lloraba sus desventuras y decía: "Yo lo que quiero es morirme". Así de esa manera me hice mayor con recuerdos que de vez en cuando me visitan.

Una vez me hermana me comentó que en este mundo tenemos a otra persona gemela a nosotros; alguien que piensa de la misma manera, se viste y tiene las mismas aficiones. Yo lo creo pero, ¿dónde está?. En alguna ocasión, un conocido me dice que ha visto a alguien por la mañana que es igual a mi y hasta hace poco, una chica en un concierto me comento que alguien igual a mi, estaba delante viendo actuar a "La frontera". Busqué pero no encontré.

A veces me enamoro. No lo hago con frecuencia pero cuando conozco a una chica, en el trato con ella, suena una campanilla en mi cabeza como venida de la nada. Otras veces sufro de flechazos arrebatadores y otras veces, la chica de mi vida pasa delante de mi y no me doy cuenta.

Ahora mi vida cruza por un momento etéreo. Quizá esta noche haga un viaje astral; el caso es soy ligero de cuerpo y de alma. En mas de una ocasión, si dispusiera de un interruptor donde pasara directamente a la nada y tuviera el poder de borrarme de toda la memoria del mundo como si jamás hubiera existido, esa necesidad, se convertiría en urgencia donde la realidad también pasaría a la nada...

Mujer de Negro dijo...

Cómo negarte; y más, cuando estás bajo su embrujo, quizás con ella y en ella se rompa la maldición y venga un nuevo comienzo, quizás.

Alfred dijo...

Dejar la copa sin llenar, no mirar esos amarillos ojos, cojer un libro y leer, hasta ahuyentar ese mal sueño.
Saludos.

Gabiliante dijo...

Parece que no acabata aqui la estirpe, pero a la proxima ya veremos. La mujer pantera, como es híbrido, no creo que pueda reproducirse, y menos sun wue encuentre un hombre pantera, igual el de marvel.
Abrazoooo

Guillermo Castillo dijo...

Si se pierde la esencial, se pierde todo. Esa sí es una maldición. Saludos.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Yo sospecho que el alcohol le produce alucionaciones.
Que lo que percibe como pantera es una mujer con actitud de pantera, una mujer fatal, manipuladora.
Y que lo utiliza para una cercana venganza.
Por lo que sería una metáfora visual.

Saludos.

Chafardero dijo...

No me imagino cómo será la sonrisa de una pantera

Cabrónidas dijo...

No puede ser tan mala esa pantera, si resulta que como pantera, es pariente de la pantera rosa.

Gil dijo...

No consigo escapar de estos maravillosos relatos. Atrapan desde la primera letra. Un abrazo, José.

Etienne dijo...

No es por la tierra ni por la herencia, nada de eso. Quedatelo. Aunque el odio ancestral del linaje me sorprende, también lo entiendo, lo creo posible.
Yo me dejo convencer por una negra figura felina de sonrisa avieza, la sigo a donde sea.
Hipnótico tu texto, Jose.
Salut!

Fackel dijo...

A la pantera hay que seducirla y si no se deja al menos hipnotizarla. Me gustó el escrito y no sé por qué pensé en alguna obra de Manuel Puig, tan olvidado.

lichazul dijo...

Herencia y costumbre a veces se hacen quejumbre , otras , el renuevo lo reformula y lo adapta a la nueva era😉
Buena jornada 💐

Dyhego dijo...

José:
las felinas tienen todas un no sé qué que hipnotizan a los hombres, ese ronroneo, esos movimientos sensuales...
Salu2.

Mara dijo...

Miraros uno a la otra fijamente y así hipnotizados ambos todo fluye con alcohol y sin alcohol. Muy buen relato.
Un saludo.

mariarosa dijo...

El vino te hace mal y la pantera también, cuidado, deliras o no....
Muy buen cuento, original.
mariarosa.

Nuria de Espinosa dijo...

Tal vez la mirada fue fruto de la bebida o la pantera realmente sonreía... Una copa más y quizás se abría descubierto. Un abrazo