sábado, 15 de junio de 2024

Cabalgata nocturna

Aflojó las riendas del caballo cuando el caserío no fue más que una mancha a la distancia en el atardecer. Tenía la seguridad de que estaba solo, de que nadie lo seguía para darse cuenta de que no pensaba cumplir con ninguna de las recomendaciones que recibiera. Allá ellos, los tontos en sus casuchas si preferían creer en sus fábulas infantiles y sus estúpidas prohibiciones, los que preferían creer en cuentos sobre aparecidos y almas en pena. Sería suicida pensar en atravesar ese desierto durante el día, bajo el inclemente sol que pega sobre la nuca y el resto del cuerpo volviendo imposible pensar, respirar, vivir. No haría nada como eso, si había llegado hasta allí con su fiel caballo atravesando las noches tibias de cálida brisa, seguiría haciéndolo, no cambiaría de idea por unos cuantos cuentos viejos.
    Dejó que el caballo avanzara a su aire, apenas con unos pocos tirones de las correas para corregir el rumbo, mientras la noche ocupaba el cielo y el silencio se volvía más cercano pegándose a su piel. Conocía el ulular del viento, el canto de cada insecto, el vuelo de los murciélagos y de las aves rapaces que se aventuraban por allí, conocía el sonido de las pisadas de cada animal un poco más grande que un gato que podría encontrar en medio de la noche. Estaba más acostumbrado a lo nocturno que a la vida diurna, por eso prefería viajar durante la noche; el miedo que detiene al resto de los hombres, de las mujeres, de los ancianos, de los niños, nada significaba para él.
    Con la luna recorriendo el cielo resultaba imposible perderse, equivocar el rumbo o desbarrancarse. El camino estaba lo suficientemente marcado como para saber por dónde avanzaba. Aun así, y aunque pretendía lo contrario, estaba atento a lo que pudiera aparecer sin anunciarse en medio de la noche, lo que pudiera acecharle sin dejarse ver hasta el instante justo de atacar. La tranquilidad del caballo le indicaba que nada había en las cercanías que alertara su olfato o sus oídos. Se relajó al tiempo que la noche avanzaba y nada sucedía.
    El alba comenzó a dejarse notar cuando llevaba recorrido más de la mitad del trayecto, de haberlo querido y haber apurado el paso del caballo podría haber llegado esa misma noche al poblado siguiente. No lo había querido así para no dejarse ganar por todo lo que escuchara antes de salir del caserío. La inminencia del sol, su calor, su luz, lo impulsaron a buscar un refugio. Unos árboles raquíticos, que apenas servían para dar un remedo de sombra, le parecieron el lugar perfecto. Dio de beber al caballo, que tenía un poco de pasto y otras hierbas con las que entretenerse, bebió también un poco de agua, masticó un trozo de pan con algo de carne salada y se acostó contra el tronco de uno de los árboles riendo por lo bajo al recordar los cuentos de fantasía con los que se pretendía asustar a los niños en el caserío para que no se alejaran.
    Días después, el caballo sediento, hambriento, con las riendas sueltas, listo para seguir su camino, continuaba esperando bajo los mismos árboles. Quien lo encontró dio también con unos pocos jirones de tela con señales de haber sido masticados que apenas ocultaban unos pocos huesos partidos y vacíos, y un morral con algo de pan viejo.

26 comentarios:

José A. García dijo...

Algunas pocas veces, los cuentos tienen algo de verdad.

Saludos,
J.

lunaroja dijo...

Brutal...
a veces no hay que confiarse demasiado no?
Excelente relato.
Saludos!

Maia dijo...

No querer apurar el paso ¿qué y a quién tenía que demostrarle algo?. La precaución no estorba.
Buen fin de semana, J.

Leerte me hizo recordar algunas cosas que dejé guardadas en borradores.

J.P. Alexander dijo...

Me gusto el relato te deja con la intriga de que paso. Te mando un beso.

Egle Nazar dijo...

La naturaleza cruda y ese pequeño instante de sosiego que de sorpresa se termina.
Nunca se es lo suficientemente precavido.

Buen escrito.
Saludos, José.

Tatiana Aguilera dijo...

Nunca se debe olvidar que los relatos de los antiguos moradores siempre tienen algo de verdad. Moraleja: nunca está demás escuchar la voz de la prudencia.

Abrazos José

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Se confió demasiado en su valentía, su capacidad para enfrentar el peligro, no creyó en esas historias. Y terminó mal mal.
Curiosamente, el devorador no atacó al caballo.

Maia hizo una buena pregunta. Aunque no hubiera algo sobrenatural, podría haber habido un peligro real, no menos amenazante.

Muy bien contado.
Felicitaciones y saludos, colega demiurgo.

Jose Casagrande dijo...

Deben ser caballos carnivoros, como no encontro buena hierba el caballo de seguro se comio al jinete misterioso. Si no fue el caballo, entonces debio ser o el arbol o algun otro ser planta o animal que no come caballos, sino que se especializa en humanos

Gabiliante dijo...

de no haber encontrado los restos, en el pueblo hubieran tenido que repensar la veracidad de sus historias. Incluso si el listo hubiera apretado el paso y hubiera alcanzado el otro pueblo.
Así no habrá más "listos", por lo menos en un par de meses; ya se sabe que es una especie que sobrevive y se reproduce incluso en las condiciones más desfavorables.
Abrazo

Gabiliante dijo...

hace poco he caído en un club de lectura, y el mes pasado leímos de una escritora, Samanta S.. y muchas consonantes, cuyos cuentos, sobre todo por el universo en wue se desarrollan, me recordaron mucho a los tuyos.
Abrazoo

Cabrónidas dijo...

Desoyó a los pueblerinos y ahora míralo. Seguro que el tipo provenía de la ciudad.

carlos perrotti dijo...

Cerró el círculo, evidentemente.
Abrazo!!

Campirela_ dijo...

Hola, gracias por tu visita.
Diria que los cuentos tiene muchas, verdad oculta, tras palabras inocentes.
Un buen cuento, y ese caballo no hay que olvidarlo. Un saludo.

Beauséant dijo...

Los cuentos siempre tienen algo de verdad, una verdad oculta bajo muchas capas, tantas como orejas y bocas que lo hayan compartido...

Ahora, el caballo y su desparecido jinete serán otra capa más...

Nuria de Espinosa dijo...

Es que a veces es mejor no estar sordo. Un crudo relato con un final que no esperaba. Excelente. Un abrazo

Etienne dijo...

Eso de creer que se las saben todas, es una cuestión bastante normal. Y la de desoir los consejos, bueno, es muy humano eso jajaj!
Me hizo acordar a un texto viejo que escribí y que explora esas temáticas de fuerzas sobrenaturales.
Saludos J!

Hola, me llamo Julio David dijo...

Lo cubrió el manto de la noche y bajo ese manto nadie ve las cosas inimaginables que hacen y deshacen con los humanos... Buen relato, José. Se respira la soledad en los detalles justos. Me recordó una canción del sur profundo de Chile, "Solitario" de Pedro Mesone.
Va un abrazo.

Chafardero dijo...

Viajar de noche es lo que tiene, que pierdes el rumbo, el tiempo y puede que otras cosas

Lucy Ferro dijo...

El relato explica perfectamente aquello que llaman: Destino. El personaje desde que nació estaba condenado por un poder superior a sufrir ese final. Nadie escapa a los caprichos del Creador.

Mari dijo...

Hola José! Gracias por pasar por mi blog! Me ha gustado mucho tu relato, cómo narras, las expresiones, el final inesperado y con intriga de lo que ha sucedido! Me gustan mucho los caballos además! Me encantó! Voy a seguir pasando por acá! Besos por ahí!

Recomenzar dijo...

Me ha encantado su escrito y tambien los comentarios
Saludos desde Miami

Luiz Gomes dijo...

Boa tarde. Aproveito para desejar uma excelente segunda-feira, com muita paz e saúde. Todos temos o nosso começo, meio e fim na estória da nossa vida.

gla. dijo...

Los cuentos, traen verdades y exageraciones y sin embargo algo de cierto tienen, no está demás andar con cautela, por la vida
Y el final me gustó
"Para que aprendas, la próxima"
Abrazos

BEATRIZ dijo...

Y es que algunas veces, la realidad supera la ficción.
Buena narrativa como siempre, José.

Saludos.

Carlos augusto pereyra martinez dijo...

Vaya si está bien contado para ratificar que la noche es el reino de fantasmas, duendes y otros seres fantásticos, pero malignos. Un abrazo. Carlos

Frodo dijo...

¿Había algo de guita en el morral al menos?

Abrazos herr J