sábado, 25 de mayo de 2024

Don

El ruido era una constante. Mudarse a aquel departamento, segundo piso por escalera con balcón a la calle, había sido una mala idea desde un principio. Se había dejado convencer por el martillero de la inmobiliaria sin pensarlo mucho porque necesitaba irse de donde estaba antes y cualquier lugar era mejor a aquel otro. Aunque no tendría que haberse precipitado, lo sabía ahora que ya era tarde. Llevaba los últimos meses pretendiendo acostumbrarse al ruido, lo que resultaba imposible por momentos; era en esos momentos en los que más anhelaba el silencio para poder concentrarse en lo que tenía que hacer, y no sabía cómo recuperarlo.
    Sin atender a lo que hacía, se acercó a la ventana balcón y la abrió. El calor era más tolerable que el ruido, lo había aprendido por las malas durante el último verano. Así y todo, no era cómodo estar allí. El silencio era un don necesario para escribir, para pensar, para finalizar los textos y los artículos que se acumulaban sin que lograra avanzar con ninguno. Respiró el aire cálido de la ciudad y cerró otra vez la ventana.
    Volvió a sentarse. Pasó ambas manos sobre sus ojos con movimientos circulares que no servían de nada, lo sabía, solo lo hacía para olvidarse de las otras distracciones. Ya con la lapicera en la mano miró otra vez el texto que debía corregir.
    Sin la certeza sobre cuánto tiempo había pasado inclinado sobre la hoja, sintió más que cualquier otra cosa, el cambio. Algo difícil de explicar con palabras, una sensación en la piel, como un cambio en la humedad o la temperatura, le decía que algo estaba cambiando. No sabía qué era ese algo que cambiaba, pero estaba haciéndolo. Miró la habitación, los objetos que le rodeaban, los muebles, la ropa sobre la silla esperando por ser doblada y guardada, los libros abiertos sobre la mesa, la cocina desordenada, la televisión apagada, todo continuaba igual a como lo recordaba. Sin embargo…
    Silencio. El silencio lo rodeaba. Un silencio que no parecía natural, porque el silencio nunca es natural en la ciudad, dentro de un departamento rodeado en todas las direcciones posibles por más departamentos y otros edificios. En un mundo inundado de personas, el silencio no era la norma.
    Miró la ventana balcón cerrada. Era una ventana común, no tenía doble vidrio ni ninguna otra cosa que amortiguara los ruidos, eso ya lo sabía. A través de ella siempre se filtraba algún ruido, alguna vibración, el agua de lluvia. Mas nada se filtraba ahora, todo era un silencio completo, brutalmente violento.
    Se levantó y se acercó otra vez al balcón. Las cortinas estaban abiertas, el sol de la media tarde seguía allí, el viento mecía con pereza el enclenque árbol de la vereda de enfrente, y no se escuchaba nada.
    Abrió la ventana, sintió el ruido del aluminio deslizándose, lo que le confirmó que el problema no estaba en sus oídos. Salió al balcón, se asomó todo lo que la red de protección se lo permitía y miro hacia la calle. Los automóviles estaban detenidos, las motocicletas, los ómnibus, las bicicletas, los peatones, todo estaba detenido y en silencio. Cada persona, a pie o sobre su vehículo, en las ventanas de los otros edificios, guardaba silencio clavando la mirada en el balcón, en él. Cabezas cubiertas con cabello largo o corto, cabezas sin cabello; ojos de todos los colores, que no distinguía por culpa de su miopía; hombres, mujeres, niños y niñas; adultos, jóvenes y adolescentes; jubilados, desempleados, obreros, estudiantes, deportista, cuellos blancos, vagos, músicos, cantantes sin oído musical, traidores, cómplices, amistosos, violentos, todas esas miradas, sin emoción, vacías, muertas, se centraban en el balcón. Contempló la inabarcable multitud que llegaba más allá de donde alcanzaba a ver, era imposible mirarlos uno por uno.
    Agradeció con una leve inclinación, cerró la ventana balcón y regresó a la mesa, al papel, a tomar la lapicera y a pensar en lo que debía escribir a continuación frente a tanto silencio.

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Inicio del Espacio Publicitario:

En el N° 99 de la Revista Digital El Narratorio pueden leer el relato: Tempus Fugit.

Fin del Espacio Publicitario.

26 comentarios:

José A. García dijo...

En el capítulo de hoy de "Cosas que nunca me pasan pero quisiera que sí".

Saludos,
J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Tu comentario aporta mucho, completa el sentido que el relato insinúa. Que tuvo la ayuda de alguien, algo, que puso el entorno en pausa.
Saludos.

Sergio Munari dijo...

J. El silencio es el bien más preciado para que no se asusten las huidizas musas, y se nos escapen ante ese reto de emborronar unas cuartillas en blanco, como se hacía antaño. Por cierto, me ha encantado esa estampa surrealista, incluso hitchcockniana, en la que se ciernen tantos ojos sobre el protagonista de la historia. Recuerda del director británico, aparecen esos ojos recreados por Dalí en la escena del sueño. Es adonde me ha transportado tu texto. Un saludo y un placer leerte de nuevo.

Maia dijo...

Y todo se volvió silencio... eso me deja interrogantes. Y a quien visualizo en ese atormentado bullicio y el paso al silencio es a ti, escribiendo lo que acabas de publicar, no sé, mi mente a veces se pone loca.

Etienne dijo...

Increíble esa descripción tan acertada del silencio, brutal, mortal e infinitamente incómodo porque uno sabe que no debería estar ocurriendo. Aún en silencio, algo está generando sonido. Tremendo relato.
Abrazooooo!

J.P. Alexander dijo...

Me gusto el relato, el silencio a veces puede ayudarte y a veces es ensordecedor. Te mando un beso.

Guillermo Castillo dijo...

El silencio es lo más seguro para el que desconfía y se aturde a sí mismo. Saludos.

Jose Casagrande dijo...

Puede ser que los personajes que uno crea, estan QUIETOS... estan esperando a que uno los escriba.

Ahora bien encontrar los momentos adecuados para escribir creo es parte de un ritual necesario que hace cada escritor.

otra seria ir matando 1 por 1 a cada personaje asi no lo vigilan a uno... pero eso ya es otra historia de otra realidad.

Je je... buen texto el de esta semana, hace pensar.

Coŋejo pestilente dijo...

Algún día...

Tot Barcelona dijo...

El silencio sólo se debería de romper cuando lo que hay que decir sugiera algo más importante.
El ruido no es mejor que el silencio, por lo tanto, deberíamos saber manejarnos en esto último.
Salut

Cabrónidas dijo...

Yo necesito dos máximas inapelables a la hora de escribir: silencio y tener el estómago lleno

Gildardo López Reyes dijo...

Pero luego la cabeza, al menos la mía, no dejan de ocurrírsele mil estupideces.
Abrazos

Beatriz dijo...

Si esto es el resultado de buscar el silencio, salió bastante bueno. La surrealidad apenas insinuada es un buen recurso, sutil. Me gusta.

Saludos.

Frases Bonitas dijo...

A mi me encanta el silencio.

Gabiliante dijo...

Jaja. Yo también tengo una serie (de momento solo de 2 textos) similar: cosas pendientes de suceder, pero suelen tender a erotivofestivas.
El silencio me da que, como todo,, mejor en dosis pequeñas. Me da que ayudaría a perder la razón y llama al desespero.
Me ha encantado la interpretacion de JoseCasagrande, de que están esperando que escribas lo que deben hacer..
cuando voy al pueblo es la única ocasión en que puedo escuchar el silencio, que solo interrumpe el salto de alguna carpa en el río de agua embalsado de cerca. También sorprende escuchar cosas que suceden a una distancia extraordinaria.
Abrazoo

lunaroja dijo...

El silencio con peso específico, del ruido incómodo y lacerante,al silencio que tal vez también se convierta en un espacio poco acogedor.
Pero mientras pueda escribir...se ha cumplido su deseo.
Un saludo

Nuria de Espinosa dijo...

A veces los personajes permanecen estáticos en completo silencio... Un silencio que a veces no es tan bien recibido. Leí tu relato en la antología de El Narratorio, me gustó mucho. Un abrazo

Chafardero dijo...

Pues yo puedo escribir en un campanario con todas las campanas tocando a Gloria, no me molesta. De hecho, escribo en bares, trenes y donde me pille la inspiración, con el ruido que haya

María dijo...

jajaja "Cosas que nunca me pasan pero quisiera que sí"... te comprendo perfectamente, a mi el ruido me aturde, salvo la música, esa la disfruto por más decibelios que tenga pero lo demás se me incrusta dentro y me ocurre como a tu protagonista .. eres tremendamente visual, me ha sido facilísimo imaginármelo en su balcón ante la muchedumbre haciendo una reverencia…el enigma que nos dejas es ¿por qué le miraban? Quizá frotó alguna lámpara sin darse cuenta y el genio le hizo el favor : ) Gracias, un abrazo!

Beauséant dijo...

Siempre hay un momento en que los personajes del escritor se vuelven reales.. suele coincidir con su entrada en un sanatorio, vaya a saber usted el motivo de semejante coincidencia ;)

gla. dijo...

Me gusta el silencio
Abrazos

mariarosa dijo...

Estabas estimado demiurgo en "Un paso al más allá".
Muy bueno.
El silencio es necesario pero a veces ahoga.

mariarosa

Carlos augusto pereyra martinez dijo...

El silencio lo añoran quienes escriben. Sin él no brotan ni los personajes ni los temas . Un abrazo. Carlos

Hola, me llamo Julio David dijo...

De las pocas que, quizás, pudo haberse dejado oír, podría haber sido una tenue música de jazz. En Santiago de Chile son las 2:30 am, y es precisamente esta música, mientras te comento, lo único que se escucha en el país. En mi país. En esta pieza. Va un abrazo, José.

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Me gusta. Algo alucinado, pero muy bueno

Paz

Isaac

Frodo dijo...

Una cosa que si me pasa es esa sensación extraña de cuando te tirás mal de cabeza en la pileta o te agarra raro una ola en el mar y se te tapan los oídos.
Luego de varias horas hay otra alegre sensación cuando el aire le gana a la gota caliente y se destapaa la incomodidad, pero adiós silencio. Todo no se puede viejo

Abrazos, herr J