sábado, 11 de mayo de 2024

Juguetes

Una mezcla de admiración, envidia y odio, no siempre en iguales cantidades, participaba de nuestras relaciones. En las de todo el grupo de niños de la sala y él; las niñas, por supuesto, nada tenían que ver con esto. Nosotros, cada uno de nosotros, lo admirábamos, lo envidiábamos y lo odiábamos, no directamente a él, porque no nos hacía nada, sino a lo que él tenía, todos esos juguetes, y nosotros no. Ese era el gran problema, sus juguetes. No porque fueran más que los nuestros, que sí, lo eran, sino porque eran mejores. Siempre, ni en una única oportunidad fue diferente.
    Creo que ninguno de nosotros entendía lo que pasaba, al menos no como podríamos entenderlo hoy. Además, cuando se tiene cinco o seis años esas cosas no importan. El tema era que siempre que había un juguete de moda, uno que acababa de salir en la televisión, él ya lo tenía, mientras que el resto de nosotros tenía que esperar, con suerte, a la siguiente navidad para ver si algo de todo lo que ansiábamos aparecía con la forma de un regalo. Casi siempre era un no bastante rotundo, porque a esa edad en la sorpresa todavía era posible pocas veces recibíamos algo de lo que esperábamos.
    La espada del augurio con la garra de León-O incluida, la nave de los Halcones Galácticos con todos los halcones dentro, cada vehículo de Rambo, el castillo de Grayskull, armas de todos los calibres y tamaños, juegos de mesa de todos los colores, rompecabezas de fichas infinitas, las TMNT originales, los Caballeros del Zodíaco con sus armaduras de bronce y las doradas, un robot Mazinger de casi un metro de altura con los puños desmontables y la capsula de mando de Koji que prendía luces y hacía ruidos -tal vez decía algo en inglés o japonés, pero ninguno de nosotros hablaba esos idiomas-, un Astroboy articulado y tantas otras cosas que no conocíamos y que solo años después identificaríamos a qué serie de televisión correspondían.
    Él lo tenía de todo, aunque era poco lo que nos mostraba porque nunca, nadie, jamás, ni por equivocación, fue invitado a conocer su casa. Él tampoco iba a la casa de ninguno de nosotros, pero esto nos molestaba mucho menos. Seguíamos invitándolo a nuestros cumpleaños con la esperanza de que trajera de regalo algo diferente a una colonia Paco, pero nunca pasó, nunca fue a ninguna de nuestras fiestas, siempre parecía tener una excusa preparada para ese día, esa tarde, aunque la fiesta fuera un sábado.
    A la salida del colegio venían a buscarlo en un auto con vidrios oscuros en una época en la que ese tipo de vidrios no eran lo común. No sé de nadie que lo haya visto fuera de la escuela y era obvio, porque teniendo todos esos juguetes en la casa ¿quién querría salir a jugar a la plaza con una pelota medio desinflada a ensuciarse de tierra y barro riéndose y gritando junto con todos los demás? Exacto, nadie querría eso.
    Unos años después, tendríamos nueve o diez, al inicio de las clases descubrimos que él ya no estaba. Las maestras no sabían si le había pasado algo, y si lo sabían no iban a decirnos nada. Para ellas era uno que ya no estaba y eran muchos los nombres nuevos que debían aprenderse. No había nadie más a quién preguntarle, por lo que olvidarlo fue muy fácil y rápido. No se puede más que olvidar la voz de quien casi no hablaba o lo hacía muy por lo bajo, la risa de quien casi no reía y apenas sonreía, la mirada siempre triste que no comprendíamos a qué se debían porque para nosotros él debía de ser el niño más feliz, sino del mundo al menos de la escuela, con todos los juguetes que tenía. Pero no lo era.
    Hace un par de días tuve la idea de hacer una búsqueda con los nombres de varios compañeros de aquella época para ver qué había sido de ellos, en algunos casos no era la primera vez que lo hacía. Mientras buscaba, su nombre regresó a mi memoria y tuve que intentarlo también con él. Tendría que haber sabido lo que pasaría, al menos haber considerado esa opción, pero durante los breves segundos que le tomó al navegador mostrarme que para su nombre, quise pensar, quise desear que al menos habría un resultado.

29 comentarios:

José A. García dijo...

Qué cosa extraña la memoria...

Saludos,
J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

¿Y qye fue lo que pasó?
Un final intrigante.
Saludos.

Fackel dijo...

En el texto tocas varios asuntos que me han afectado: los juguetes de infancia, las carencias de unos y las satisfacciones de otros, los niños bien y los hijos de obreros, y hasta esa costumbre que yo también practico de mirar por internet a ver si sale alguno de los viejos compañeros, de colegio o de otras andanzas juveniles, porque preguntar a los pocos amigos de viejos tiempos que van quedando no suele proporcionar muchainformación. Pero me deleito en buscar.

Maia dijo...

Un niño apartado que no ríe y solo a veces sonríe me estruja el pecho; y me arroja muchas preguntas -y no me gustan las respuestas que me vienen-. Cristales oscuros y nula convivencia. Más que esos niños faltos de más juguetes, mi empatia se inclina hacia el chico solitario. Me hubiese extrañado que lo pudieras encontrar.
Alguna vez busqué a una amiga que lo pasó muy mal en su niñez, me alegró saber que su vida, ahora tiene e un motivo para continuar; y me alejé; yo era un recordatorio de todas sus grietas. No volví a hacerlo, el pasado está bien donde se ha quedado.

lanochedemedianoche dijo...

Ese niño que todos miraban, quizás con envidia, tal vez no regreso al colegio porque ya no podía hacerlo, es un tema triste, pero la vida se compone de todo ello.
Abrazo

Jose Casagrande dijo...

Me hubiera gustado tener el Mazinger que desmontaba los puños....

Lo malo de husmear por internet la vida de los otros es que de pronto puede uno ver que el bully de la clase ahora tiene un buen puesto en el gobierno.... director de paz o algo asi.

eso si, he curioseado las fotos de algunas ex-novias a ver como se han envejecido

Gla. dijo...

¿Qué pasó con el niño envidiado y odiado?
Tal vez era un niño enfermo
Quizás un chico abusado
Hay muchas opciones
Si tenía la mirada triste,
quizás envidiaba lo que los otros tenían
Jugar y compartir
Abrazos

Joaquín Rodríguez dijo...

Muy buena historia con esa intriga final.y muy buenos el resto de comentarios de tus seguidores. ¿Es solo ficción? Hacemos literatura con nuestros recuerdos como materia prima y tu haces literatura de la buena... eso sí, como no nos cuentes que pasó sería algo cruel 😅

J.P. Alexander dijo...

Te queda intriga al final y te da pena ese niño que nadie recuerda y no tuvo amigos a pesar de tenerlo todo. Te mando un beso.

Coŋejo pestilente dijo...

Carajo, creo saber lo que pasó, lo había visto antes. Por otro lado yo fui el rico del salón, tuve tantos juguetes que no lo creía, TODA la colección de los Cazafantasmas, la garra y la espada del augurio fueron lo más light, luego vino el Nintendo y ya de ahí para adelante siempre fueron video juegos.

Alfred dijo...

La historia de un niño, en la que se abren muchos interrogantes que no se desvelan. La imaginación es libre, le daban regalos caros y buenos, pero no cariño.

Saludos.

BEATRIZ dijo...

Ay qué maldad, dejarnos colgando en la incertidumbre.
Sí, la memoria guarda cosas fuera de nuestro alcance diario, y de pronto nos transporta a uno de esos escondrijos. A mí también me sorprende mucho.

Saludos, José-

Carlos augusto pereyra martinez dijo...

Quizás era una especie de máquina robótica en experimentación. Un abrazo. Carlos

lunaroja dijo...

Ay, el niño que no existió?
El niño infeliz que murió?
Desolador relato,pero a la vez lleno de emoción.
Un abrazo

Cabrónidas dijo...

Se fue a un colegio muy caro de otro país. Ya sabes, donde van los hijos de monarcas, aristócratas...

Nuria de Espinosa dijo...

Qué inquietante. Un abrazo

Gabiliante dijo...

Era el hijo de un narcotraficante, que como buen hijo, queria diferenciarse del padre. Obviamente iba al cole con nombre falso, para que no lo relacionaran y lo acosaran.
Por eso no se pudo encontrar en redes.
En cualquier caso, con su nombre verdadero tampoco sale.
Abrazoo

Luiz Gomes dijo...

Boa tarde e uma excelente segunda-feira. Não conhecia essa história. Obrigado por divulgar e dividir, meu querido amigo José.

JLO dijo...

Lindo final para el relato, nunca decepcionás. Saludos master.

Anónimo dijo...

Yo también tuve un amiguito que tenía todos los juguetes imaginables. Con él aprendí lo que era la envidia absoluta. Al menos de vez en cuando me dejaba jugar con ellos
Chafardero

Germán Ibarra Zorrilla dijo...

Fantástico, gracias por compartir. Saludos desde Cantabria.

DULCINEA DEL ATLANTICO dijo...

La historia de un niño que lo tenía todo pero que al final no se supo mas . Intrigante lo que pudo haber pasado ...
Un saludo Jose A.
Puri

María dijo...

Los niños que tienen todos los juguetes que los demás desean, suelen desear el cariño que rodea a los niños que tienen menos juguetes que ellos. es ley de vida, todos deseamos lo que no tenemos y ¿ sabes qué pienso? No lo busques.. con esos antecedentes, no va estar en ninguna parte, ni siquiera en este mundo : ( Como todos los tuyos, muy bueno el cuento JOSÉ. Un abrazo!

Sor Austringiliana dijo...

Tal vez se desinfló y se quedó en nada, como la vieja pelota de sus afortunados compañeros.
Saludos, J. A. García. ☺️

Rajani Rehana dijo...

Great blog

Rajani Rehana dijo...

Beautiful blog

Etienne dijo...

En el entorno de un pueblo pequeño, igual hubo espacio para el niño con todos los lujos y juguetes, con problemas de aprendizaje y de relaciones. Yo fui amigo de él, tenía computadora cuando nadie la tenía y una casa con 2 plantas.
Terminó con una lonja de cuero en el cuello y no sé cuales fueron sus razones, aunque muchos dirian que fue de manual.

Beauséant dijo...

Es duro ser niño, que te enseñen el paraíso en forma de todos esos juguetes y esa ropa, y que te lo denieguen, que te cierren de un portazo la puerta de ese paraíso.

Puedes acabar odiando a tus padres, qué injusticia, ¿verdad? Pero a esas edades son ellos los que te cierran esa puerta...

Un final intrigante, s
i.

Hola, me llamo Julio David dijo...

Sin falta, todos hemos tenido de amigo o compañero al Quico de turno. Para otros con más carencias, yo fui su Quico. Lo chistoso es que todos (o muchos más) deben creerse el Chavo.
Va un abrazo, José.