Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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domingo, 16 de julio de 2023

Una Ficción

La copa cayó, se hizo añicos, como decían las viejas traducciones españolas y que ahora repito sin saber cuántos de esos dichosos añicos serían necesarios para ser considerados como un plural múltiple. Cayó y se rompió al golpear primero con la mesa y luego contra el suelo; pero no, no cayó, porque la copa es un objeto y los objetos no tienen voluntad. La copa no había, pues, decidido acabar con su sufrimiento arrojándose desde la mano de quien un instante antes la sostenía. Una mano se abrió y la dejó caer sin más. El cristal no resistió la caída, sus fragmentos se desperdigaron por el suelo, y durante varias semanas sería posible encontrar alguno de ellos por los rincones, cuando no debajo de la planta de un pie descalzo.
    ―¿Era necesario? ―le pregunté haciendo el esfuerzo por mirarla a los ojos.
    ―Siempre lo es.
    Conozco sus intenciones, sé que el diálogo podría continuar y acabar, como las infinitas veces anteriores, en una discusión sin final, en una forma más de hacernos daño, como es nuestra costumbre. También sé que si no digo nada, de todas formas sucederá más o menos lo mismo. Es como un ritual, algo para lo que tiene que cumplirse una serie de pasos, de gestos, de modos que deben respetarse para mantener el equilibrio de la creación o alguna cosa similar. No sé muy bien cómo llegamos a esta dinámica ni por qué la sostenemos.
    ―Era la última del juego ―le mostré la copa en mi mano, diferente a la que ella acababa de sacrificar.
    ―Tal vez esa sea la próxima.
    Solté mi copa, que fue a hacerse añicos al mismo suelo en que ya se encontraba la anterior. La diferencia era que mi copa ya estaba vacía. No tenía nada para agregar, nada para sumar a aquella charla. Tampoco pretendía ser el que juntara los restos, de la cena, de las copas, del diálogo. Lo había intentado antes y sabía que no tenía ningún sentido. Me quedó grabada, como una diapositiva que ha sido vista mil o más veces, su expresión al verme soltar mi copa, era cuanto necesitaba.
    Salí de la cocina hacia la habitación que ocupaba en solitario en una casa demasiado grande para nosotros dos.
    A la mañana siguiente, los restos de las copas habían sido levantados. Había también una nota de disculpas escritas en un trozo de papel, una hoja que esperaba que no hubiera sido arrancada de alguno de mis libros. No la leí. No hacía falta. Palabras más, palabras menos, sabía lo que diría. La dejé en el mismo lugar en que la encontré. Ella sabría entender que la había visto y que aceptaba sus disculpas, como aceptaba ella las mías en los momentos en que me tocaba darlas.
    Esta misma noche, tal vez la próxima, tendríamos una escena similar, hasta que ya no quedaran más copas que romper, nos veamos en la necesidad de comprar otras nuevas, y el juego volvería a comenzar. Seguirán pasando los días, los meses, hasta que en algún momento en que nos demos cuenta de que aunque nos teníamos el uno al otro, el tiempo pasado sosteniendo una ficción semejante no habían sido años felices para ninguno de los dos.

26 comentarios:

José A. García dijo...

Para algunos/as una ficción es más que suficiente...

Saludos,
J.

lunaroja dijo...

Hay relaciones que se alimentan de este tipo de juegos "circulares".
No saben hacerlo de otra forma, aunque genere esa desidia y hastío.
Saludos!

Guillermo Castillo dijo...

En cambio yo, que te he leído caro escritor, pienso que la rutina aceptada con resignación no es ningún valor. Salud-os.

Jose Casagrande dijo...

Recuerdo una pareja .... que en navidad cuando estaban disgustados comenzaban a lanzarse los muñecos de adorno.

Dejaron de hacerlo cuando ya los niños fueron lo suficientemente grandes para gritarles entre lágrimas:

¡No Dañen la Navidad!

Sí, el matrimonio era un campo de batalla con esos dos.

Sergio Munari dijo...

Quizá sea nuestra intención vana de penetrar en el trasfondo de una historia o de cualquier obra artística como nos ocurre con tu relato, intentando buscar un significado A veces, una creación escapa de su autor y encaja con otras piezas que forman parte del puzzle del lector, que se las compone para unas intenciones que no son las pretendidas cuando se escribió el relato. Y no es que te quiera sentar en el diván, J. Tu historia me sugiere por el extraño ritual de la pareja, con unas relaciones viciadas,que caen pertinaces sobre los mismos excesos.Lo absurdo de la copa y volver a comprar un juego nuevo,reitera ese afán de las relaciones agostadas de transgredir el respeto mutuo como un hábito cotidiano, y el empeño de volver al punto inicial de ese laberinto en el que nunca se encuentran. Aunque nos produce desasosiego, siempre nos sorprendes,J. Un abrazo y cuídate.

Maia dijo...

Una metáfora cruel cuando la copa ya está vacía, tanto los diálogos como los monólogo pueden ser interminables, cuánto hay de necesidad para continuar con la na rutina así ...

Mi nombre es Mucha dijo...

Despues de leerlo a Sergio se me fueron las ganas jajajaja volveré manana La ene se voló
y yo no puedo para de reirme

Mi nombre es Mucha dijo...

Me sigo riendo Tus comentaristas masculinos son Divinos

Gabiliante dijo...

Creo que poner moqueta y comprar copas de plástico, bueno de vidrio templado, son la puerta de la felicidad: aunque estos no creo que busquen la felicidad.
estoy de acuerdo con Sergio en que muchas veces un texto al entrar en contacto con las circunstancias de un determinado lector, dan lugar a interpretaciones insospechadas.
metiendo a tus protagonistas en un grupo de wasap de dos componentes se ahorrarían una pasta en copas
saludosss

Tatiana Aguilera dijo...

En algunas parejas es una copa, un par de copas, en otras: herirse con palabras soeces para reconciliarse después. La dinámica es la misma. El juego es el mismo. El círculo es siempre del mismo tamaño y, solo se termina cuando uno de los dos es capaz de decir: se terminó.

Abrazos José

J.P. Alexander dijo...

Es una historia cotidiana y un poco triste cuando una pareja esta junta por costumbre aunque no se ame ni respete. Te mando un beso.

Mi nombre es Mucha dijo...

sigo esperando el azúcar de caña que un dia prometiste

Ana María dijo...

Ten cuidado con Mucha, es una vieja loca acosadora, te trata bien, pero despues te acusa de acoso sexual, todo se lo inventa en su cabeza añeja.

Cabrónidas dijo...

Bueno, al menos, no os tirabais las copas a la cabeza. Se acabó la relación, pero no el respeto. Es un dato importante.

carlos perrotti dijo...

Una ficción, es decir una intención... Hagámonos cargo. Hasta les echamos culpas a los objetos.

Abrazo hasta vos.

Beauséant dijo...

ya sabes, sólo los locos repiten las mismas cosas una y otra vez esperando que sean diferentes... pero las copas,que culpan tendrán las copas, los hijos, los perros... todas las víctimas involuntarias de nuestros actos...

Doctor Krapp dijo...

Es lo que tiene el cristal, juega a tentarnos con su ruptura y puede liberarnos como en este caso de ciertas rupturas emocionales.

Saludos

unjubilado dijo...

Negocio para los vendedores de cristalería, espero que no fueran de Swarovski, ya que en eso caso, necesitarían el sueldo de un ministro para hacer frente a los costes.
Saludos

María dijo...

Es todo taan ceremonioso, tan políticamente correcto y tan frío -entiendo que el tono que has elegido totalmente consciente- que más que una discusión de pareja, parece la antesala de un duelo entre caballeros, solo que en lugar de golpearse con un guante dejan caer las copas, la tuya ya vacía, como metáfora de que tú esperanza de cambio o redención ha muerto...me viene a la mente la frese del resplicante de BLADE RUNNER .."Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia..." y en lugar de terminar como en la peli, con lo de .. "es hora de morir", creo que aquí le pegaría más...es hora de irse ;)

Meeencanta como escribes, un abrazo fuerte!

ODRY dijo...

Perdemos tanto tiempo en guardar rencor y en enrocarnos en tener aquello que no se tiene, que se nos olvida vivir y disfrutar de la vida, con o sin aquellos a los que un día amamos y que el tiempo, ha echo que nos aferremos al recuerdo más que a lo que podemos sentir realmente.

Me encanta tu forma de escribir, siempre tiene una moraleja que nos hace pensar.

Un abrazo.

Hola, me llamo Julio David dijo...

Como ritual de despedida, que cada uno, al otro, le reviente una copa en la cabeza. ¡Y que rían, qué más da! Que las copas tengan vino tinto es crucial para que sigan riendo tras el impacto, confiados en que aquí no ha pasado nada ¿o ha pasado todo?
Va un abrazo, José.

Egle Nazarena dijo...

El juego de las copas... un desgastante ciclo que parece no tener fin... cambiar las reglas, cambiar el juego... dejar de jugar :/
La palabra "añicos" siempre me sonó rara... nunca me acostumbro a ella.
Saludos!

Frodo dijo...

Una ficción bastante realista, con el toque críptico justo.
Te deja pensando en qué quisiste decir, vos o los personajes, si es que una ficción dice cosas.

Por una copa más, abrazos y ¡salud, herr J.!

Carlos augusto pereyra martinez dijo...

Las relaciones humanas, especialmente las de pareja obran sobre una ficción que diría más mentira, para mantener una apariencia, cuando se sabe que la relación está quebrada como la copa, y se quiebra la copa mejor que romper la yunta sentimental
Un abrazo. Carlos

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Un final triste, como a veces es la propia vida

Paz

Isaac

Beatriz dijo...

Lo triste es que sucede, que la realidad es así y se le ponen nombres como ficción o parecidos...sin embargo, no quiere decir que sea la única realidad.

Saludos,José.