Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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sábado, 23 de julio de 2022

El primero

Allí estaba, pues, sin saber muy bien qué hacer a continuación.
    La luz hería sus ojos. Su piel ardía al contacto con el sol. Cada centímetro descubierto de su cuerpo, libre de sujeciones y marcas, ardía como la piel de un recién nacido nunca antes expuesta a la vida. Su nariz, su garganta, sus pulmones, picaban como si hubiera algo más mezclado en el aire. El peso de su cuerpo resultaba atroz, apenas se mantenía en pie, el impulso era volver a acostarse sobre la tierra, el barro, la humedad de la que acababa de levantarse.
    ―¿Quién? ―intentó preguntar recordando unas pocas palabras, mas su lengua, como un trozo de carne muerta, seca, pesada y densa dentro de su boca, no se lo permitió.
    Buscaba un lugar sobre el cual reposar. Giró tambaleándose, de espaldas a la luz los ojos le dolían un poco menos. Solo vio barro, arcilla, restos de la reseca de un mar agotado, piedras sin identificar y el aroma de la vida pudriéndose para volver a nacer. Supo que ese era su propio aroma.
    Dio un paso, un único paso. Su pie se hundió en el barro pegajoso, mezcla de arcilla y de sangre, de vida y de muerte, y ya no tuvo fuerzas para continuar. El cuerpo le pesaba más y más. Había algo que tenía que hacer, pero no recordaba muy bien qué tenía que hacer ni quién era. No recordaba dónde tenía que hacerlo, ni por qué. Ya no recordaba.
    Se recostó en el barro y cerró los ojos respirando con dificultad. Algo se abría paso a través de su cuerpo, desgarrándolo desde el interior, volviendo sus huesos frágiles trozos de arcilla y barro. Su sangre se volvió agua que humedecía todavía más el suelo pegajoso y sucio cuando su cuerpo se abrió como un cascarón.
    Allí estaba, pues, sin saber muy bien qué hacer a continuación, quitándose los restos de barro y arcilla de los brazos y las piernas, antes de levantarse.
    La luz resultaba por demás brillante, pero podría acostumbrarse a ella entornando apenas los ojos. Su piel, como la de un recién nacido, ardía al contacto con el sol. Necesitaría un refugio, pero en toda la extensión que le rodeaba no veía más que barro, arcilla, rocas indiferenciadas y los restos antiguos de la resaca de un mar agotado.
    ―¿Dónde? ―intentó preguntar, pero su lengua seca apenas se movió.
    No encontró que beber en las cercanías, por lo que tendría que alejarse de ese sitio tan imposible de distinguir de cuanto lo rodeaba para, al menos, encontrar un poco de agua. Dio un paso sintiendo el atroz peso de su cuerpo doblar su espalda dificultando sus movimientos. El suelo resbaladizo tampoco ayudaba, y no había allí nada a lo que aferrarse para no caer.
    Al tercer paso uno de sus pies se hundió tanto en esa mezcla putrefacta de barro, sangre y arcilla que pisaba, que ya no pudo desprenderlo. Pensó en qué otra cosa podría hacer, no se le ocurrió nada. Para ayudarse con las manos a cavar en torno a su pie se sentó sobre aquel barro primigenio, pero en cuanto su cuerpo tomó contacto con este, sus fuerzas lo abandonaron.
    Se recostó mirando hacia la misma luz que fuera lo primero que viera. Sentía que algo le desgarraba, que algo pretendía escapar de su interior, algo que no entendía. Cerró los ojos y se dejó ir. Su cuerpo, sus huesos, se volvieron arcilla, su sangre se mezcló con el agua sucia y la podredumbre del suelo. Su cuerpo se partía en dos, se abrió como un cascarón.
    Allí estaba, pues, sin saber muy bien qué hacer a continuación. Se levantó de entre el barro y la arcilla, estiró los brazos y respiró llenándose los pulmones con ese aire picante cargado del aroma de la sal, de la vida, de la muerte. Miró la luz, miró hacia el otro lado, miró en todas las direcciones y se lanzó a caminar sin más, sin pensarlo. Fingió que no sentía el peso atroz de su cuerpo sobre sus huesos ni la caricia fría, casi gélida, de la brisa sobre su piel desnuda, como de recién nacida.
    No llegó a contar diez pasos, que uno de sus pies se hundió en esa pegajosa mezcla de barro, arcilla, sangre y la antigua resaca de un mar del que no se veía ningún otro rastro. Intentó sacarlo jalándolo con fuerza, pero no pudo desprenderlo.
    ―¿ Por qué? ―intentó preguntar, pero su lengua, como un trozo de carne muerta, seca, pesada y densa dentro de su boca seca apenas se movió.

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En el N° 77 de la Revista digital El Narratorio, se ha publicado el relato: Nevada http://elnarratorio.blogspot.com/p/antologia-literaria-digital-nro-77.html

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22 comentarios:

José A. García dijo...

¿Qué cosa saldrá de un experimento semejante?
¿Es un experimento?

Saludos,
J.

Mujer de Negro dijo...

Duele el trayecto, duelen las caídas, duele el fondo que parece desprendido.
Me gusta mucho como escribes, José, siempre un placer leerte

Un abrazo

Tatiana Aguilera dijo...

Imagino al primer hombre de la Biblia, nacido del barro y de la arcilla y, sus primeros torpes pasos.
Abrazos.

Cabrónidas dijo...

A mí me ha parecido el bucle de la eterna condena.

J.P. Alexander dijo...

Genial relato, me ha dado un poco de miedo. Te mando un beso.

Tot Barcelona dijo...

Polvo eres y en él te convertirás.

gla. dijo...

Tal parece que este ser, está en el purgatorio o algo así
Hermoso cómo lo escribes
Abrazos

Jose Casagrande dijo...

Si puede ser que "alguien"
lo dejo alli.

Depende que tan grande sea el barro
si por fortuna llega a unas piedras tal vez el
bucle termine.

No lo se, es tambien otro modo de
"avanzar" en continuos renacimientos....

Ginebra dijo...

Me recordó a una peli de ciencia ficción, una especie de monstruo, un ser quizá que nace tras una radiación y que quiere vivir ,pero su propia naturaleza se lo impide... inquientante
Saludos

lunaroja dijo...

Madre mía..
relatazo!
Un abrazo grande.

Doctor Krapp dijo...

Me inclino por la opción de que retratas al Adán bíblico y lo haces con la calidad acostumbrada.
No me resisto de decirte que con el virus en el cuerpo, casi entiendo a este personaje entre el sólido y el líquido.

Saludos

Beauséant dijo...

A mi también me ha recordado un poco a Sísifo, obligado a repetir una y mil veces las mismas cosas creyendo que esta vez todo saldrá bien...

Beauséant dijo...

A mi también me ha recordado un poco a Sísifo, obligado a repetir una y mil veces las mismas cosas creyendo que esta vez todo saldrá bien...

Tinta en las olas dijo...

Es posible que sea un experimento, pero yo he visto a alguien que intentaba luchar cuando ya había tocado fondo. Grandioso.

serafin p g dijo...

La eternidad como un loop de ciclo vital corto y estanco.
Piola esa idea en el relato José!
Salute!
Sera

Carlos augusto pereyra martinez dijo...

La apocalipsis de un destino anunciado. Saludos. Carlos

Gildardo López Reyes dijo...

Me la he pasado imaginándome lleno de barro. Me ha gustado bastante.
Abrazo.

lanochedemedianoche dijo...

Es un nuevo nacer a la vida, entre el barro, la arcilla y la sangre, la vida es poderosa.
Abrazo

Frodo dijo...

Tal vez alguien lo encuentre varios milenios después y con un examen de carbono 14 sea el primero... o el eslabón perdido entre otros dos.
Al menos en el último segundo hay que pensar algo así, para no creer que nada tiene sentido. Aunque en el fondo lo sabemos.

Abrazos herr J

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

¿Es el comienzo de un mundo o el final?

Saludos.

Joaquín Rodríguez dijo...

Sabemos que despierta a la vida pero de donde viene ni a dónde ca, y creo que él tampoco lo sabe es un exiliado en esta vida todo es nuevo dolor hambre sed... todo por experimentar

José A. García dijo...

José: Y si no es un experimento, entonces, ¿qué es?

Mujer de Negro: Duele la vida.

Tatiana Aguilera: Podría ser, ciertamente.

Cabrónidas: ¿Un castigo para qué tipo de acciones?

J. P. Alexander: Gracias, la idea no era generar miedo, pero sí generar algo.

Tot Barcelona: Es la sentencia final, sin dudas.

Gla: Esté donde esté, no creo que la esté pasando muy bien que digamos.

José Casagrande: Son todas posibilidades, finales o comienzos por igual.

Ginebra: ¿Qué película? ¿O era algo genérico por la temática del texto?

Luna Roja: Gracias!

Dr. Krapp: Somos 70% líquido, así que… Espero que todo salga bien.

Beauséant: Esos castigos repetitivos de los griegos tenían su cuota de genialidad y su pizca de maldad, para no decir hijaputez.

Tinta en las Olas: No todos tienen la misma fuerza de voluntad para continuar luchando luego de una caída.

Serafín: Exacto, eso mismo. No hubiera podido definirlo de mejor manera. Gracias!

Carlos Augusto: El apocalipsis llegó, sólo que no nos dimos cuenta.

Gildardo López: Lleno de barro, arcilla, sangre, agua estancada, todo mezclado…

La noche de medianoche: Habrá que ver qué puede o no puede hacer con ella.

Frodo: Tal vez no sea nada, o lo sea todo.

Demiurgo de Hurlingham: ¿Por qué no las dos cosas?

Joaquín Rodríguez: Sabemos unas cuántas cosas, pero ignoramos todas las que desconocemos.

Gracias a todos por sus visitas y comentarios.

Nos leemos,
J.