Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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sábado, 5 de febrero de 2022

Navegar y navegar

Las cosas habían ido saliéndose de cause poco a poco, como si no quisiera hacerlo, pero de todas formas fue lo que terminó sucediendo. En medio de la desorganización y el caos producido, entre otros motivos, por el cambio climático y una serie de malas decisiones financieras, traiciones amorosas, la pérdida de prestigio de su nombre y el de la empresa, las deudas, las demandas imposibles de afrontar y cuestiones similares en las que no era bueno detenerse a pensar ni recordar, se vio caer el doble o triple de rápido de lo que le costara llegar tan alto. Meses en lugar de años, días en los que nada salía como debía salir y la responsabilidad era siempre suya; suya y de nadie más, porque era su firma la que se encontraba en cada documento, balance y papel con membrete.
    Sabía todo esto tan bien como sabía que no valía la pena volver a pensar en ello. Al contrario, se sentó bajo la sombra del toldo en una de las butacas de caoba de la cubierta superior del yate y miró la extensión azul, tal vez demasiado azul, frente a sus ojos. Una extensión igualmente azul y vacía se extendía a su espalda, a su derecha, a su izquierda y, por las noches, también sobre su cabeza.
    Levantó la copa de espumante y se felicitó una vez más por no haber registrado esa belleza de bote con su nombre real evitando que lo remataran junto con el resto de sus bienes. Haber hecho esto era la única decisión inteligente de los últimos tiempos. Sólo por la posibilidad de estar allí valía la pena dejarse despojar de todo lo demás. Mirar ese cielo despejado, sin el menor rastro de nubes en algún lugar en medio del Pacífico sur, era lo mejor que podía pedir. Además de que había estropeado el sistema de posicionamiento global, a nadie se le ocurriría ir a buscarlo a ese lugar del que se había cuidado muy bien de nunca mencionar. Ni una sola palabra había escapado de su boca. Como tampoco jamás mencionara la existencia de su Afrodita X. Nadie, ni siquiera sus socios sabían que le gustaba navegar y navegar con o sin rumbo. Podrían quitarle todo lo demás, pero a él, junto con lo que estaba a bordo de su yate, nunca lo encontrarían.
    Estaba preparado para el caso en que sí lo hicieran, para el caso en que llegaran a encontrarlo, o se acabara la última botella de ese delicioso espumante. Acarició por enésima vez la funda de cuero escondida bajo la exila donde dormía el revólver. Aunque el sudor de los días escondido bajo el permanente sol sin una única solitaria nube, comenzaba a ocultarlo, olía aún a aceite, a limpio, olía a algo que nunca había sido usado, pero que sabría usar de ser necesario, y aunque sólo tuviera una única bala, era más que suficiente.
    Vació la copa y volvió a llenarla con lo que quedaba en la botella. Necesitaba atontarse todavía un poco más y no pensar en los errores cometidos, para no pensar en todo lo que fuera suyo y que le habían quitado. Necesitaba atontarse para no darse cuenta que había vuelto a quedarse solo como al principio. Era una suerte que, en medio del océano, rodeado y mecido por el oleaje, el rumor de esas olas era lo único que se escuchaba disimulando el silencio, disimulando su soledad.


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En el portal literario Tren Insomne se ha publicado el cuento Buscando en qué creer

Pueden pasar a leerlo cuando gusten.

Fin del Espacio Publicitario.

19 comentarios:

José A. García dijo...

Algunas veces las cosas se complican tanto que resulta imposible volver atrás...

Saludos,
J.

lunaroja dijo...

Tremendo relato.
A veces la soledad es una mochila también, estés rodeado de lo que estés rodeado.
(Me recordó a una peli tu relato)
Saludos.

Jose Casagrande dijo...

El Oceano!! Si, es tan inmenso que unicamente o los piratas o los canibales lo pueden encontrar. Por lo menos mientras este tranquilo el mar, va estar igualmente en armonia con el mundo este caballero. Me gustaria tambien zarpar y perderme

gla. dijo...

Una buena historia
Una historia que no debe ser tan fantástica
Mas común de lo que se cree
Abrazos

Juan El Portoventolero dijo...

A propósito de tu texto, trae a mi recuerdo Machado: "...el mar, el mar, y no pensar en Nada"¡¡¡¡¡¡¡Y estoy de acuerdo contigo y con él!!!!!!!🌅

recomenzar dijo...

Me gusta leerte No me gusta analizar ni dar opiniones silvestres
saludos desde La Bella Miami

Amapola Azzul dijo...

Me gustó mucho.
A veces el mar invita a la reflexión.

Besos.

Luiz Gomes dijo...

Bom domingo com muita paz e saúde. Bom início de semana. Nós do Rio de Janeiro somos apaixonados pelo mar.

Tinta en las olas dijo...

A veces la realidad supera a la ficción. Un abrazo. Buen domingo.

Beauséant dijo...

Me ha gustado el relato, es casi el inicio de algo más extenso... o el final...

Las cosas tienen una manera casi infinita de irse a la mierda, ¿verdad? A veces parece que es lo único que saben hacer las cosas, irse a la mierda.

J.P. Alexander dijo...

Bello y reflexivo relato. Cuando algo sale mal lo hace d e forma muy fuerte. Te mando un beso.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Aún loe queda algo pero parece que puede llegar a perder lo que le queda. Estando previsto para entonces, recurrir a un recurso drástico.
¿Se tenía merecido esa caída? ¿Son mejores quienes lo derrotaron? Preguntas que no tendrán respuestas.
Bien contado.

Hola, me llamo Julio David dijo...

El océano como fiel reflejo del alma que ya no le queda nada y esa nada se extiende por infinitos imposibles. Páramos de nada que se encuentran y miran de frente. Final más que merecido si así lo desea.

Va un abrazo.

mariarosa dijo...

A veces es bueno quedar solo, ayuda a pensar y analizar como recomenzar. Muy buen relato, el paisaje y el cielo azul se ven en la lectura, como si el lector estuviera allí.
Esa única bala... no... hay que recomenzar...


mariarosa

Guillermo Castillo dijo...

Todos provenimos del mar, pero no todos somos del mar, así sea que, el mar, nos resulte un golpe duro pero, también, es la posibilidad de sentirnos fuertes.
Saludo.

María dijo...

Esas olas que acompañan meciendo el tiempo de soledad.

Un placer leerte.

Un abrazo.

Doctor Krapp dijo...

Unos tienen un yate y otros más modestos nos conformamos con una caracola, la cuestión es que el mar calma y ayuda. Eso ya lo saben todos los magnates de condición que prefieren el yate al jet.

Saludos

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Como siempre un brillante relato

Paz

Isaac

Frodo dijo...

Hace poco un francés de setenta y pico de años quiso cruzar el atlántico a remo.
Salió en todos lados la noticia, para qué le voy a contar el final.

Abrazo