Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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domingo, 14 de noviembre de 2021

De fuego

Tenía fuego en el rostro, no, no, no, así no. Su rostro estaba en llamas, no, tampoco así. El fuego inundaba su rostro, no, eso suena patético. Cómo decirlo sin caer en tantos defectos. Su rostro era un fuego, no, no, no, eso tampoco. Tal vez tendría que ser “de” en lugar de “un”. Algo como: su rostro era de fuego. Sí, eso. Así suena mejor.
    Su rostro era de fuego e inflamaba cada célula de mi ser mientras me encontraba allí, clavado en ese rincón oscuro de la pista, el mismo lugar que siempre ocupaba, viéndola bailar desde la oscuridad. Su rostro era de fuego, pero no era sólo para mí, lo era para cualquiera que la mirara en ese instante y tuviera el valor de percatarse de ello. Iluso de mí pensar que era el único que la había notado bailando allí, bajo las luces, rodeada por decenas, quizá cientos o miles de cuerpos sudorosos, agitados, agotados, al borde del éxtasis o la extenuación. Bailando, siempre bailando, y sola, bailando sola para ella y para mí.
    Su rostro era de fuego bailando con los ojos entornados, una leve sonrisa en los labios y esos movimientos suaves, tenues, que no seguían el ritmo de la música que atronaba, seguían el ritmo de una música propia, una que nadie más que ella podría escuchar.
    Su rostro era de fuego y me invitaba a pensar en cosas en las que nunca había pensado, como en ponerme a bailar allí mismo, en ese rincón oscuro, en aquella esquina donde nadie podría verme y yo los vería a todos. Tenía que ser fuerte, tenía que evitarlo porque no quería ser uno más. Allí, en aquel rincón, en esa esquina oscura, quería seguir siendo yo; pero su rostro era de fuego.
    Ese rostro de fuego, por un instante, por un parpadeo o mucho menos, me miró. Me miró a mí, a mis ojos, a lo que sea que se oculta detrás de ellos. Me miró y luego ya no lo hizo, continuó girando en su baile que mucho tenía de ritual y aún más de improvisado. Vi su rostro, su espalda y una vez más su rosto.
    Su rostro era de fuego, pero no era para mí.
    Lentamente, confundiéndome entre las sombras de las que nunca me desprendía, también comencé a girar, pero sólo di media vuelta para alejarme, para nunca volver. Lo hice porque, en el momento en que me dio la espalda la oscuridad que me rodeaba de repente se volvió un poco más oscura de lo habitual, y eso fue insoportablemente doloroso y real.

20 comentarios:

José A. García dijo...

Tal vez nunca volverá, pero no por ello dejará de pensar en lo que pasó.

Saludos,
J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Suele pasar que un rastro de fuego ilumine a alguien más.
Y puede ser doloroso. Algunos pueden hacer obras maestras, clásicos, partir de esto. Otros, algo digno de ser memorable. Y los demás, nada.
Bien escrito.
Saludos, colega demiurgo.

Dyhego dijo...

José:
eso va a ser que de tanto bailar y por efecto del movimiento, se puso roja incandescente.
Eso, o que la pobre tenía mucha fiebre...
:)
Salu2.

Jose Casagrande dijo...

Parece ser que Adan y Eva eran seres luminosos, quizas de ese fuego, frio, que no quema. Tal vez la chica era un angel o un demonio, no lo se con precision. Yo mantendria extrema cautela con este tipo de seres tan inusuales

Juan El Portoventolero dijo...

Existe aquí la virtud de plantear una salamandra de Paracelso infiltrada en la rutina urbana camuflada como una persona normal
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Sorprendentemente cabalístico !!!!!!!!!!!

gla. dijo...

Hermoso escrito
Cuando leía, me acordé de alguien, su rostro era de fuego y bailaba, lo invité a bailar conmigo, me dijo que no
Yo lo miré y le contesté...solo quería bailar y no casarme con vos
Me di la vuelta...me fui a bailar sola
Abrazos

Nuria de Espinosa dijo...

Desde luego u. Rostro de fuego es aterrador. Un placer leerte. Abrazos

Nuria de Espinosa dijo...

Te sigo, por si te apetece a ti.

RECOMENZAR dijo...

La calentura de la vida
Nunca te había leído en algo asi sensual...caliente
con rubor a orgasmo...
Andás vivo
Felicitaciones por la entrada

lunaroja dijo...

Oh me gusta este cambio de registro,más íntimista, más esencial.
Muy personal aunque no sea autorreferente, tiene algo que va más allá de los relatos que sueles escribir.
Me encantó.
Saludos!

Laura dijo...

Cuidado no te queme, amigo.
Ponte a cubierto.
Saludos.

mariarosa dijo...


Muy buen relato. Tienes el don de llevar al lector a tu antojo y que entremos en la historia, esta vez para ver a tu bailarina encendida y disfrutar con temor su baile.

mariarosa.

Doctor Krapp dijo...

¿Cómo cierto planeta alrededor del sol? En eso me ha hecho pensar tu relato.

Saludos

Luiz Gomes dijo...

Não consigo imaginar como seria a nossa vida sem o fogo. Mais infelizmente muitos usam para o mau.

Tinta en las olas dijo...

Uno cree ver lo que ve y así se queda en la mente. Un abrazo.

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Esta frase es absolutamente genial y me ha pasado mucho: "Su rostro era de fuego, pero no era para mí."

Excelente

Isaac

Beauséant dijo...

No somos conscientes de la oscuridad que nos rodea hasta que alguien nos ilumina con una linterna... y luego la apaga.

Puedes pasar toda tu vida soñando con la puñetera linterna...

Beatriz dijo...

Estuviste muy cerca del fuego y casi te alcanza, por suerte la sombra te ha rescatado esta vez.

Saludos domingueros.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

No era él al que buscaba. Un abrazo. Carlos

José A. García dijo...

José: Nadie sabe cómo controlar sus propios pensamientos.

Demiurgo: Otros escribimos en un blog para descargar la angustia.

Dyhego: Es cierto, tal vez haya sido la fricción.

José Casagrande: Tal vez no era para nada real, pero a pasar de eso podía creerse en ella.

Juan El Portoventolero: Eso sería en el caso de que las personas normales fueran, precisamente, la norma.

Gla: Los que bailan solos son los mejor lo hacen.

Nuria: Aterradoramente atractivo.

Recomenzar: Gracias por la visita y el comentario.

Luna Roja: Pero es algo meramente ocasional, es lo que salió ésta semana, la próxima volveremos a la oscuridad habitual.

Laura: Demasiado tarde llegó esa advertencia para algunos.

María Rosa: Si hay música hay que bailar, no queda otra.

Dr. Krapp: Todos giramos en torno a alguien que ni cuenta se da de nuestra existencia.

Luiz Gomes: Nadie puede imaginar eso, es algo imposible vivir sin ese fuego.

Tinta en las olas: Así quedamos todos.

Sólo el amor es real: Brillaba para alguien, el que otro la viera no era culpa suya, sin dudas.

Beauséant: No se puede vivir de linternas, hay que incendiarlo todo.

Beatriz: La sombra siempre está presente, sin ella la luz no se luce todo lo que quisiera.

Carlos Augusto: No, no lo era.

Gracias a tod@s por sus visitas y comentarios.

Nos leemos,
J.