Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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domingo, 29 de agosto de 2021

Sentado sobre una roca

Tras peregrinar la mayor parte de su vida penetró en el desierto de lo social hasta encontrar el lugar adecuado, la roca perfecta sobre la cual sentarse en medio del silencio y la ausencia sin preocuparse por nada más. Se sentó con las piernas cruzadas, la espalda recta, la cabeza erguida, los brazos relajados, los ojos cerrados.
    Las horas fueron días, los días se volvieron semanas que luego fueron años que no dejaba de fluir como fluyen las aguas del tiempo mientras el desierto se volvía selva, las ciudades eran abandonadas, el sol abrazaba los recuerdos, el polvo volvía imposible el respirar ese aire pestilente, entre la amenaza de las bestias salvajes que huían de la depredación humana y de aquellos hombres que no comprendían lo que él hacía allí, sentado sobre esa misma roca en medio de la nada que siempre había sido.
    Persistió bajo la lluvia y bajo las tormentas, momentos en los que las sombras del pasado buscan imponerse sobre el presente.
    Persistió frente al hambre y la sed, frente al ansia de la sangre y del semen.
    Persistió ante el silencio y el arrullo de aquellos que le decían que lo que pretendía ―aunque no sabían qué era lo que pretendía y por eso, también, le temían― carecía de valor y de sentido, porque nada lo tiene en la finitud de la vida, en el parpadeo en que se resume la existencia de una persona.
    Persistió incluso cuando su terquedad lo abandonó.
    No lo hacía por él, no lo hacía por los demás, no lo hacía por nadie ni por nada. Sólo lo hacía. Y lo único cuanto tenía que hacer era permanecer allí sentado, como una estatua de sal, de mármol, de bronce, de cartón piedra, de carne, hasta que estuviera listo, hasta que estuviera finalizado, hasta que estuviera satisfecho.
    Entonces, y sólo entonces, volvería a abrir los ojos, desentumecería cada uno de sus músculos, tomaría su cayado, u otro nuevo si el que trajera finalmente había echado raíces y florecido, y se alejaría de allí caminando gozoso de saber que continuaba tan ignorado al final como al principio de sus días.
    Al hacerlo, una sonrisa, de esas que jamás son comprendidas, lo acompañaría lo que durara el resto de su peregrinaje.

18 comentarios:

José A. García dijo...

¿Por qué las sonrisas han de tener siempre un motivo de ser? ¿No pueden acaso ser y ya?

Saludos,
J.

Tot Barcelona dijo...

Se trata, como dice mi amigo Francesc, de relativilizar las cosas. De tomarse las cosas con cierta distancia, y tal como dice el protaginista, penetrar en el desierto social con relativa calma, pues nos guste o no, formamos parte del sistema del cual no es imposible salir, pero si que podemos permanecer al margen, dejándolo transitar.

Un abrazo
salut

Guillermo Castillo dijo...

¿Es intentando lo imposible como se realiza lo posible?
Saludos dejo.

Beauséant dijo...

No ser nada, no aspirar a ser nada... ese es un mensaje tan complicado de entender en estos días, ¿verdad?

Todo son metas, logros, objetivos, vemos casi como una enfermedad el tiempo perdido, el sentarse sin hacer nada por el simple placer de hacerlo... hasta las vacaciones se programan como un lucha, una lista de objetivos a cumplir.

Jose Casagrande dijo...

Asi son estos monjes que conocen todos los significados misticos y espirituales

Menos mal no se le pegaron "alumnos" a este Maestro.

lunaroja dijo...

Este estupendo texto con tintes de relato con esa mirada interior,me ha parecido excelente.
Tienes una capacidad enorme de escribir acerca de lo que te de la gana.
Te admiro por eso.
Un abrazo

Luiz Gomes dijo...

Boa tarde meu querido amigo. Obrigado pelo texto maravilhoso. Você é um grande escritor.

Doctor Krapp dijo...

Siddharta Gautama antes y después de ser Buda sabría entender cómo nadie ese algo que tiene tu relato.

Saludos

mariarosa dijo...


Los demás no lo entendían, tal vez, ni él mismo se entendía, sólo hizo lo que en un momento quiso hacer, sin preguntar ni dar explicaciones. Original personaje.

mariarosa

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Bueno, aquí en Colombia se dio un movimiento entre lo literario y filosófico derivado del existencialismo sartriano, que se llamó el nadaísmo, como una inutilidad existencial, acaso había que tomar al personaje del cuento, en probar desde una postura nadaísta, desprovista de razones de la vacuidad de la vida. UN abrazo. Carlos

Gra! dijo...

Hola Jose!!
tengo esa misma convicción de que las cosas se hacen sin tener un porque o para que, solo por la pura satisfacción de hacerlo, por la sola finalidad de realizar lo que uno desea o quiere.
Esa sonrisa es de felicidad por la misión lograda.
Me causo gracia algunos puntos del relato jajja, pero esta excelente como siempre!!
te mando un abrazo.

Miguel Angel Morata dijo...

Genial 👏👏👏👏

Alexander Strauffon dijo...

Y a revitalizarse, luego de estar satisfecho.

Manuela Fernández dijo...

Me ha traído a la mente la historia de Buda, como seguro sabes hay quien dice que estuvo siete semanas en trance ¿por qué?, ¿para qué? Pienso que todo se hace por y para algo, aunque no seamos conscientes de ello, lo contrario no tiene sentido. Si no hay un disfrute, una pretensión, un motivo... Repito: distinto es que lo sepamos o no. pero no somos máquinas para movernos si motivo alguno. En mi humilde opinión.
SAludos.

gla. dijo...

Y no se su motivo
Imagino que estaba a gusto y por eso seguía en su postura
Hacer lo que quieras hacer es algo grande
El tiempo y la distancia, no importa mucho si estás contigo
Abrazos

Frodo dijo...

Una sonrisa en un mundo como este, siempre es sospechosa. El que sonríe está abstrayendo algo.

¿Le podemos poner una canción al relato?
Mil Horas de los Abuelos, o sino la que le dió la base a la letra: Rocket in my Pocket de Little Feat.


Abrazos, amable y querido Coronel J.

Dyhego dijo...

Un hombre de paciencia y fuerte convicción, José.
Salu2.

Mujer de Negro dijo...

Me ha venido a la mente una película que vi hace muchos años. Un hombre se detuvo en medio de la calle, levantó la vista y empezó a mirar en todas direcciones al cielo y así continuó por varios minutos que se hicieron horas, en ese transcurso se empezaron a unir muchas personas sin entender bien qué sucedía, pero igual hicieron lo mismo que él, observar el cielo, cuando la tarde caía el hombre simplemente se acomodó el saco y siguió su camino, no sin antes ser detenido por uno de los acompañantes que le preguntó qué había sucedido, éste se da vuelta y observa la cantidad de gente con una expresión interrogante y dice, -Nada, no hay motivo, solo quise hacerlo.

Somos parte del sistema, nos guste o no, a veces tomar distancia se vuelve necesario.

Saludos, José