Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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domingo, 25 de julio de 2021

Artista del Silencio

―Más o menos eso fue lo que sucedió ―dijo apoyando el pocillo de café vacío sobre el diminuto plato de loza mientras sonreía.
    Por momentos los ruidos de la cafetería resultaban un tanto ensordecedores y molestos cuando no eran reemplazados por un breve instante de silencio que rápidamente volvía a ser roto por los mismos ruidos, en una secuencia que se repetía como si formara parte de un bucle, como algo de lo que por más que se lo intente no puede escaparse.
    ―¿Qué cosa? ―preguntó ella un tanto sorprendida por la respuesta que acababa de recibir.
    ―Para lo que me preguntaste, esa fue mi explicación.
    ―No es cierto.
    ―¿Cómo que no? ―esta vez él era el sorprendido.
    ―Te quedaste en silencio por casi veinte minutos mirando el contenido del pocillo. No dijiste nada. Al principio pensé que no sabías cómo responder o qué decirme. Luego pensé que te sería difícil encontrar las palabras adecuadas, como solías decir. A los diez minutos de silencio pensé que tal vez no tenías una respuesta para darme, porque no sabías qué decir o porque no habías comprendido la pregunta y no tenías el valor para reconocerlo. Llegaba a la conclusión de que no te importaba y que esta no era más que otra de tus formas de tomarme el pelo cuando te escuché decir: “Más o menos eso fue lo que sucedió”. Pero no has dicho nada.
    ―Eso es imposible ―respondió él―. Te di una respuesta, no una simple justificación sin más, sino una explicación para mis motivaciones, mis razones y lo que pretendía lograr con mis actos. Te lo expliqué todo haciendo énfasis en que no pretendía lastimarte en modo alguno aunque tal vez hubiera sucedido como consecuencia de mis acciones u omisiones. No me quedé en silencio, hice todo esto.
    ―Tal vez pensabas que lo hacías ―dijo ella―, pero tus labios estaban sellados. Nada salió de tu boca.
    Se miraron en silencio. Él hizo una seña y el mozo reemplazó los pocillos vacíos por otros llenos luego de repasar la mesa y dejar más sobres de azúcar a la mano.
    ―¿Y bien? ―dijo ella luego de probar su café.
    ―¿Qué?
    ―¿Necesitas que repita mi pregunta?
    ―No hace falta ―respondió él removiendo el café al que acababa de agregarle más azúcar―. Te escuché la primera vez.
    ―¿Me darás una respuesta entonces?
    ―Claro ―respondió él una vez más levantando lentamente el pocillo antes de mirar al vacío más allá de la mesa que ocupaban, más allá de todos esos ruidos interrumpidos por momentos por el frágil y tenso silencio, más allá de la cafetería, más allá de las palabras.
    Él seguía mirando mientras ella se levantaba, tomaba su abrigo y su cartera y se alejaba sin volver la mirada, dejándolo solo, hundido en sus pensamientos, buscando la clave para salvar aquello que sabían que entre ellos dos ya no existía.

22 comentarios:

José A. García dijo...

Cuando no hay nada más para decir.

Saludos,

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

¿Esa es la respuesta? ¿Qué no queda nada que decir?
Sería un conflicto adecuado para una ficción.
Saludos.

mariarosa dijo...


La mejor respuesta fue la de ella, abrigo, cartera y a otra cosa mariposa...

mariarosa

Tot Barcelona dijo...

Es raro que un argentino, se me da que la acción trascurre allí, no argumente hasta la saciedad la respuesta, esperando, eso si, que ella ponga los ojos como platos, para rubricar el final..¡es que ché, vos no entendés nada¡

salut

Alexander Strauffon dijo...

Cuando se encuentran en otro mundo al momento de estar juntos, es cuando ya no queda más qué decirse (o qué hacer).

gla. dijo...

Todo se acabó, hasta las palabras
Abrazos

Amapola Azzul dijo...

Triste, muy bien conseguido la emoción
y tensión en el relato, brillante.

Besos.

miquel zueras dijo...

Y seguro que cuando ella salió el portazo sonó como un signo de interrogación. No más palabras, sino más allá de las palabras.
Saludos! Tienes un blog muy bueno.
Borgo.

Beauséant dijo...

Muy cinematográfico te ha quedado, como un corto :)

No sé si es que no tenía nada que decir, o esperaba el milagro de la telepatía.. pero sí, mejor coger el abrigo, la puerta y salir corriendo.

Tinta en las olas dijo...

Estaba esperando que dijese algo, no fue así, no tendría nada que decir. Estupendo. Saludos.

lunaroja dijo...

Un estupendísimo relato.
Tu narrativa atrapa.
Saludos!

Luiz Gomes dijo...

Boa tarde. Obrigado pela excelente narrativa e tão bem contada. Bom início de semana.

Ginebra dijo...

Cuando no hay nada más que decir lo mejor es estarse calladito o calladita, y esperar acontecimientos. Alguien, al fin y al cabo, debe "mover ficha"... y si esto no sucede es que "la partida se ha acabado definitivamente". Saludos

Matías Altamirano dijo...

No decir nada también es decir mucho.

Mi nombre es Mucha dijo...

Hace tiempo que no te leía Triste el texto pero bello. Me ha dejado un sabor de nostalgia en el alma encendida de tus letras

Doctor Krapp dijo...

Me gustan estos diálogos que cuestionan la validez de los diálogos y son una forma de mostrar la (in)comunicación entre las personas.
Diría que este territorio a los gallegos, en el sentido geográfico de la palabra, se nos suele ir muy bien.
Me gustó.

Saludos

Cabrónidas dijo...

El silencio también es una opinión.

serafin p g dijo...

El mutismo como respuesta, buen tema para indagar en narrativa.
salute!
Sera

Manuela Fernández dijo...

A veces el silencio es cómplice, otras, es un abismo imposible de salvar.
SAludos.

Gra! dijo...

Hola Jose!!
Que triste final... se ira el tras sus pasos y le pedirá que vuelva o seguirá saboreando ese delicioso cafe?? creo que veo muchas novelas con final feliz 😊.
Me encantoooo, un cierre de una historia que no daba para mas, ni el silencio pudo salvar esa relación.
Un abrazo y buen fin de!!


Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Él ya no tenía respuestas, había entrado en eso que ahora llaman puertas a otra universo. Un abrazo.
Carlos

Frodo dijo...

Me gustó el comentario de Miquel Zueras, alias Borgo. Tengo que ir ya a escuchar esa canción de Sabina.

Por otro lado el problema es él, ni ella; sino del pocillo, la borra.

Abrazos Herr