Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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sábado, 16 de enero de 2021

El erial dentro de tu corazón

La sed quema mi garganta. El sol irradia en el cielo como si fuera pleno mediodía, y lleva horas en la misma posición sin moverse ni un milímetro sobre mí. Ya casi no puedo ni moverme, lo siento como el peso del universo entero sobre mis hombros. El calor que abraza mis piernas es tan intenso como el que quema mi nuca. Tal vez si caminara sobre arena sería más sencillo, pero lo único que tengo a mi alrededor es asfalto y más asfalto hasta donde llego a ver, que tampoco es tanto. 
    Respirar y tragar son los peores dolores que sentí en toda mi vida desde que comenzara aquella caminata sin sentido. 
    Huía. Al menos es lo que creo recordar. Hacia dónde, eso no puedo asegurarlo. 
    Debo esconderme, pero en medio de todo ese asfalto gris mis verdes ropas resaltan a kilómetros de distancia; si el sol se decidiera a seguir su curso y llegara la noche, o se hiciera más fácil avanzar, tal vez tendría una leve oportunidad. 
    Escucho un pesado aleteo a mis espaldas, ya no quedan dudas. Una vez más, como sabía que sucedería cuando comencé tan desigual intento, me han encontrado. Mi esperanza, mi maldita esperanza era llegar a algún sitio sin tener la menor idea de si ese lugar existiría o no. 
    Tras el aleteo llega una detonación. Fuerte, poderosa, cercana, casi dentro de mi cabeza. Luego una segunda. Y una tercera. 
    El cuerpo de la bestia que me persigue cae delante de mí golpeando el asfalto como el peso muerto en que acaba de convertirse. Sólo entonces puedo girarme y ver quién ha sido mi salvador. Algo que tampoco me alegra demasiado: es uno de ellos. Uno de los desclasados, los descastados, a los que les han arrancado las alas. 
    Se acerca a la bestia caída y dispara una vez más. 
    —Todo por aquí suele tener, como mínimo, tres cabezas —dice—. Con la primera piensa; con la segunda actúa; con la tercera se arrepienten —agrega levantando uno a uno sus largos y nudosos dedos—. Saber en qué ocupan las otras, aquellos que las tienen, es todo un misterio. 
    Con mis propias armas inutilizadas días atrás entre el calor y el fragor de la persecución me arrodillé en el asfalto sabiéndome derrotado. Mi salvador me miró y escupió sobre el cadáver abatido. 
    —Esta cosa tenía cinco cabezas. ¿Qué fue lo que hiciste que enviaron algo semejante en tu persecución? 
    —A… agua… —logro murmurar. 
    Me tendió un pellejo lleno del ansiado líquido y lo sentí arder en mi garganta lacerada con el sabroso e irrepetible dolor de la vida que se escapa. No intenté movimiento alguno con tal de que no me ultimara allí mismo; bebí y bebí sin saber si sería mi último trago, pero mi salvador no me interrumpió. 
    Al contario, se concentró en el cuerpo de la bestia abatida, esa mezcla de lagarto gigante, pájaro de mal agüero, murciélago desproporcionado y pesadilla. Con un pequeño cuchillo, realizó varios cortes que restregó con hojas de saguaro y me las acercó. Las mastiqué sin dudarlo porque conocía las propiedades de esa sangre. Mientras lo hacía arrojé mis inútiles armas al asfalto en señal de derrota, de entrega, de renuncia a mi propia vida. 
    —Una vez todo esto fue nuestro —dijo. No supe si se refería a las bestias, el asfalto, el desierto que nos rodeaba, el sol, o el calor—. En el futuro volverá a serlo. 
    —Sí, por qué no —murmuré. 
    Cuando me miró supe que sabía que no comprendía sus palabras. 
    —Dentro de ese erial que queda de lo que alguna vez fue tu corazón también lo sabes. O lo entenderás algún día, cuando comiences a recuperarte. ¿Qué es eso que ya sabes? Esto: Ellos —escupió al suelo y señaló en la dirección a mis espaldas— se dicen humanos. Pero, cuando llegaron, para nosotros eran, apenas, presas. Y volverán a serlo. 
    El odio, el resentimiento, deformaba sus facciones, tensionaba sus músculos. 
    —Sólo sé que sentía que debía huir de allí —dije. 
    —Es un buen comienzo —respondió—. En algún momento sabrás si fue suficiente. 
    —¿Suficiente para qué? 
    Comenzó a alejarse sin responder. 
    Me levanté sintiendo mis piernas temblar por el anterior desgarrador esfuerzo y lo seguí lentamente. Al pasar junto a la bestia muerta noté que era verdad, que tenía cinco cabezas. Cuatro despedazas por los certeros disparos de mi salvador y la última ausente sólo reconocible por una herida de quemaduras cicatrizada desde hacía tiempo. No era, pues, la bestia que me persiguiera antes. Si creía que había comenzado a comprender algo de lo que sucedía, me di cuanta que no era para nada así.

19 comentarios:

José A. García dijo...

Es bueno saber que blogger sigue funcionando de igual manera en este nuevo 2021 que en el anterior 2020, es decir, mal.

Nos leemos,

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Y es bueno que llevan cierto tiempo en pensar innovaciones, que sólo sirvan para causar problemas.

Intrigante, inquietante cuento. Bien escrito.

Saludos.

Frodo dijo...

Misterioso, oscuro, paranoico.
Bien alineado a los tiempos que corren... y que correrán.

Abrazos, diabólico J

Guillermo Castillo dijo...

Es bueno leerte amigo José. Lo demás es lo de menos. Una sonrisa por estar vivos.
Saludos desde Colombia.

Mista Vilteka dijo...

Osea que más o menos hay tantas cabezas como poderes post monarquía absoluta. Todo tiene ahora más sentido para justo perdérselo.
Abrazos!

lanochedemedianoche dijo...

Tremendo, casi se siente esa sed descomunal de la vida sin sentido frente a la bestia.
Abrazo

Maria dijo...

Vinde Espírito Santo , pela porta do Coração Imaculado de Maria, vinde trazer A PAZ , para o mundo inteiro, 🙏Rezemos, com amor e confiança.

José A. García dijo...

José A: Sí, blogger es así, hace lo que quiere y no pregunta si te gusta.

Demiurgo de Hurlingham: Todas las innovaciones responden o crean problemas. Esa es la ¿mejor? Parte.

Frodo: Y seguirán corriendo. Gracias.

Guillermo Castillo: Y nunca perder el deseo de seguir leyendo.

Mista Vilteka: Exacto, cuando más cabezas más sigue siendo todo igual.

La noche de medianoche: Pero más que nada la sed luego de tanto calor…

María: Gracias por tu visita.

Nos leemos!

Saludos,

J.

eli mendez dijo...

Primera vez que llego a este espacio y me ha gustado lo que encontré. No soy en absoluto especialista en relato( ni en nada jjajajaj) , pero hay mucha creatividad dentro de ese "morbo" asociado con una realidad???
Eso de las tres cabezas ...sublimne...y todo lo que va aconteciendo en esa persecución que se asemeja mucho a TODO...me gusta.. Los detalles en la descripción dibujan a la perfeccion el relato.. Saludos desde Argentina y muy buen año 2021 aunque nos persigan jajjaja

gla. dijo...

Interesante relato
Me gustó mucho
Abrazos

Alexander Strauffon dijo...

Hola José. Muy bueno, como siempre.

Amapola Azzul dijo...

Relato fantástico que no deja indiferente.

Enhorabuena.

Besos.

Doctor Krapp dijo...

Es una historia árida y seca que viene bien en este invierno frío y lluvioso que tenemos por aquí. No son tiempos para andarse con excesivas contemplaciones.

Un saludo

DULCINEA DEL ATLANTICO dijo...

Hola Jose intrincado relato con ese monstruo de tres cabezas y los pasos que recorre tu protagonista hasta alcanzar esa meta.
U saludo
Puri

A do outro lado da xanela dijo...

Seres tricéfalos en una sociedad en la que la mayoría de los vivientes no tienen ni una...

Bonita historia. Es un buen comienzo ;)

Besos unicéfalos

Enca Gálvez dijo...

Como siempre que te leo me dejas intrigada y fascinada por el caudal de tus palabras. No se si será el principio para una gran novela... Si no lo es, yo te animo a que sigas escribiendo, no te parece un buen propósito para éste año que acaba de comenzar? Te deseo todo lo mejor en éste año 2021, un abrazo

mariarosa dijo...


Una historia, como siempre, muy bien escrita y una intriga que me dejó pensando... (eso es bueno)

mariarosa

Hola, me llamo Julio David dijo...

En este escenario es mejor y más conveniente tener una sola cabeza: y ocuparla para apuntar perfectamente en las tres o cinco al disparar al monstruo.

Va un abrazo.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Ratifica este relato, un género que bien manejas, desde ese mundo de un suspenso, de un misterio de una surrealidad tan suyo, porque no necesita de etiquetas. UN abrazo
Carlos