Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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sábado, 29 de agosto de 2020

La cabaña inclinada


Inesperadamente, pero por suerte, me topé con la cabaña en medio de la niebla.
            Parecía haber sido construida deliberadamente en falsa escuadra, o tal vez fuera que una parte del terreno comenzaba a hundirse bajo su peso. La pequeña ventana en el primer piso, extrañamente colocada a cuarenta y cinco grados y casi siguiendo la línea del techo, reforzaba la ilusión de que toda la construcción estaba inclinada.
            Si bien podría haberme preguntado antes cómo era posible que la construcción hubiera sobrevivido al constante bombardeo enemigo, la perspectiva de dormir bajo techo, al menos una noche, resultaban más que tentadora. No sólo mis piernas y mi espalda podrían descansar luego de horas de cabalgata sino que también lo haría mi montura, que comenzaba a dar señales de cansancio. Aunque no distinguía un establo en las proximidades donde desajustar sus correas para que descansara con mayor comodidad, ni parecía haber nada allí que pudiera servirle de alimento. El no tener que soportar mi peso sería, de por sí, un alivio.
            Desmonté y me acerqué a la cabaña. Miré al cielo antes de ingresar, pero era incapaz de saber si era la noche cerrada, el atardecer o el amanecer lo que se encontraban del otro lado de la niebla. Antes de seguir amarré al caballo a una estaca con la que estuve a punto de chocar.
            Para mi sorpresa, la puerta estaba abierta de par en par. El interior se veía revuelto y desordenado. Parte de los muebles parecían haber ardido y si las paredes se habían salvado era solo por la humedad del lugar. No quedaba un vidrio sano en las ventanas, y la oscuridad del interior era total.
            Llamé en voz alta a quienes se encontraran en el interior sabiendo que no habría nadie y que allí no tendría reposo ni un plato de comida para calentar mi cuerpo. La idea de dormir entre tanta humedad tampoco resultaba alentadora. Sin embargo, me aventuré a ingresar.
            Mis ojos demoraron más de la cuenta en acostumbrarse a aquella penumbra apenas diferente a la que me acompañaba en el exterior. Di unos pocos pasos tanteando con los pies y con las manos atendiendo a que los míos eran los únicos movimientos, y los únicos sonidos.
            —Hola —llamé una vez más para cerciorarme de lo que ya sabía. Ni el aleteo de un pájaro asustado, ni el corretear de una rata escabulléndose entre los tirantes del techo, quebraron el silencio interior. Nada.
            Una mesa, tan torcida como el resto de la casa, ocupaba un rincón de la habitación en la que acababa de entrar. Por alguna razón no había ardido con el fuego que consumiera algunas tablas del suelo. Tal vez el fuego comenzara en otro sitio, o tal vez fuera intencional. Difícil saberlo sin una luz que iluminara la cabaña, sin un día de pleno sol como los de antaño.
            Poco había para ver. El hueco de una puerta ausente que parecía una boca atrapada en un bostezo sin final; una escalera que se veía en el extremo opuesto de la otra habitación; e, inesperadamente, en uno de los rincones en el que se adivinaba la existencia de un antiguo hogar, junto con los restos de un caldero de cobre partido por la mitad: una mujer.
            Su sombra al menos.
            Silenciosa, en cuclillas, mirando el caldero, o las cenizas de antiguos fuegos, o la nada más allá de todo eso.
            —Disculpe mi impertinencia, señora —dije al verla—. No pretendía ingresar en su casa de esta manera. Llamé y nadie me respondió.
            Tampoco entonces respondió. Tampoco me miró, permaneció allí, en silencio y sin moverse. N siquiera parecía respirar.
            —¿Se encuentra bien, señora? —pregunté—. ¿Qué hace aquí, en medio del páramo, sola? ¿Por qué no enciende el fuego? ¿Tiene algo para comer?
            Ante cada palabra me acercaba más a ella imperceptiblemente. Quería verla, saber si era una mujer joven o una anciana. Sus ropas, claramente femeninas, no me permitían darme cuenta de ello y, por alguna razón, en ese momento, era lo único que me importaba.
            Extendí mi mano hacia ella al tiempo que escuchaba piafar al caballo, pero no era momento de ir a ver de qué se trataba. De seguro se trataba de la habitual llovizna que caía entre la niebla lo que le molestaba.
            —¿Señora? —Repetí al rozarle el hombro.
            El mínimo punto en que llegué a tocarla, seguido por el resto del brazo, la cabeza, el torso y el cuerpo entero de la mujer, se deshicieron ante mis ojos como si no fueran más que cenizas. Las telas de sus ropas, sus cabellos, todo lo que había visto a su alrededor perdió por completo su forma.
            Sin dejar de mirar atrás salí de la cabaña cuando el sol finalmente quebró el manto de nubes y sus rayos inundaron brevemente el páramo.
            Algo brilló en el interior reflejando un perdido rayo de aquel sol y llamando mi atención. Era uno de los fragmentos del caldero de cobre que viera antes y que, ahora, ante esa luz, comprendía lo que significaba aquella cabaña abandonada, los restos de antiguos fuegos y la humedad impregnándolo todo.
            Monté una vez más y, al galope, me alejé de aquel extraño lugar mirando como la huella de hollín en mis dedos no desaparecía a pesar de intentar una y otra vez limpiarla. Una y otra vez.



24 comentarios:

José A. García dijo...

Un pequeño y breve homenaje en los 130 años del nacimiento de H. P. Lovecraft.

Nos leemos,

J.

gla. dijo...

Hermoso
Me gustó mucho
Abrazos

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Un bien logrado homenaje, digno de un integrante de El Círculo de Lovecraft.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Por alguna razón, me recuerda a Sueños en la casa de la bruja

mariarosa dijo...


Hola José: mientras lo leía, pensaba en Poe, pero al leer que era un homenaje al otro gran maestro, Lovecraft, entendí que estuve cerca. Hermoso cuento.

mariarosa

RECOMENZAR dijo...

H. P. Lovecraft
American writer
Description
DescriptionHoward Phillips Lovecraft was an American writer of weird fiction and horror fiction, who is known for his creation of what became the Cthulhu Mythos. Born in Providence, Rhode Island, Lovecraft spent most of his life in New England.'nO TENIA LA MENOR IDEA PERO LO PONGO QUIZAS ALGUIEN NO LO CONOCIA

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Qué buen homenaje, y que sea a partir de la construcción de un cuento, a la altura de la arquitectura, del maestro del suspenso. Un abrazo. Carlos

Gra! dijo...

Excelente relato muy Howard Lovecraft el maestro del terror y el misterio. Una buena descripcion del lugar: palabra a palabra muestran la oscuridad de ese bosque formando el camino sinuoso que recorre este hombre a caballo la atmósfera nos arrastra hacia esa cabaña desolada por el fuego; en donde desea encontrar un refugio y sólo encuentra el reflejo de un alma en pena. Que se pulveriza ante los primeros rayos calidos del sol, penetrando y disipando la niebla; que aprovecha para continuar su camino.Llevandose en sus dedos recuerdos del hollin de los restos de esa extraña cabaña.
Un hermoso y merecido homenaje!!
Aplausos Jose!!

Aurora Rapún Mombiela dijo...

Me ha parecido un cuento interesante. Bien escrito y atrapando la atención desde el primer momento. Especialmente, me gusta la descripción de la casa al principio. Un abrazo fuerte.

Tot Barcelona dijo...

Interesante de verdad.
Salut

Pitt Tristán dijo...

Un homenaje a la altura de Lovecraft de un escritor inmenso.

Saludos.

Ana Manotas Cascos dijo...

Ufff me has hecho pasar un poco de miedo, me ha encantado. Soy una enamorada de Lovecraft y de Poe. Un abrazo.

lunaroja dijo...

Me pasó lo mismo que a Maria rosa...lo leía y recordaba a POe, luego vi que era el homenaje a Lovercraft, y anduve cerca casi casi.
El relato me parece brillante,tienes de verdad un don.
Saludos.

Amapola Azzul dijo...

Impresionante el relato.

Besos.

Doctor Krapp dijo...

Muy sugerente. Poe, Lovecraft, yo pondría en la lista una hermosísima leyenda de Becquer.

Saludos

Ginebra dijo...

Me ha recordado al Maestro Poe, muy en ese estilo de terror gótico, con casa en ruinas y fantasmas incluidos. Muy entretenido (soy amante de la novela de terror).
Saludos

lanochedemedianoche dijo...

Un relato magnífico, atrapante, que delata la intensidad de tu hacer.
Abrazo

serafin p g dijo...

Un relato que hace germinar el imaginario mientras se lo lee.
Me ha gustado mucho, te queda bien es género eh!

salute!
Sera

Frodo dijo...

Es un buen homenaje.
He leído mucho a Lovecraft, pero hace mucho. Creo que mi relación con él pasó de sobrevalorarlo casi hasta la devoción a infravalorarlo rayano en el olvido.
En la actualidad estamos logrando un equilibrio.
Como las agujas de la balanza en las viejas farmacias cuando se sube un gordo de golpe y tarda en estabilizarse, ... o como cuando mi verdulero lanza los 2 kilos de papas y los saca rápido para cobrarme más.

Abrazos

Alís dijo...


Muy buen relato, muy logrado el clima que me llevó a leer conteniendo la respiración. Esa mujer que se deshace con un leve contacto me parece impactante.

Y pensaba en todo lo que se nos deshace en cuanto lo tocamos, sobre todo algunos recuerdos.

Un abrazo

Siby dijo...




Muy impresionante y atrapante
tu relato.

Besitos dulces
Siby

Dyhego dijo...

Muy bueno, José.
La verdad es que no he leído nada de Lovecraft...
A ver si algún día me pongo a ello.
Salu2.

Hola, me llamo Julio David dijo...

Me cagué de miedo, más todavía sabiendo que soy malo "invitándome" a casas ajenas sin que, valga la redundancia, me inviten. Por algo será.

Va un abrazo.

Beatriz dijo...

Eso de aventurarse en la niebla sin saber si es de día o de noche...y encontrarse con los restos del incendio, es de valientes.

Saludos.