Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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sábado, 23 de mayo de 2020

Crónicas Charrúas # 04


Mientras limpiaban la habitación me encaminé al minipuerto de Piriápolis.
Además del tamaño, llama la atención que todo está limpio y ordenado. Todo lo limpio y ordenado que puede estar un puerto, se entiende. Pero resulta incomparable con los puertos que conozco de Argentina; siempre sucios, malolientes, llenos de lobos marinos apestosos y con tantas machas de aceite, petróleo y salitre en el agua que dan ganas de nunca jamás regresar a visitarlos.
            Tampoco hay barcos. Por eso pienso que es un puerto de juguete.
            Y, si no hay barcos, es poco lo que queda por verse más allá del agua rompiendo contra las paredes de concreto, alguna que otra solitaria gaviota buscando su alimento, algún que otro uruguayo con su termo bajo el brazo, no mucho más.
            Por suerte cerca de se encuentran las aerosillas que invitan a la loca aventura de alcanzar la cima del cerro San Antonio sin hacer esfuerzo, aunque pagando por el ahorro. Desconozco quién tuvo la idea de algo semejante y, a los que pregunté, tampoco parecía interesarle. Pienso que podría agregárseles alguna cosa más, como juegos para niños, por ejemplo, para que no quedara tan despojado. Pero lo que hoy hay es la posibilidad de subir, o bajar, el cerro, y nada más. También se puede bajar, o subir, siguiendo el camino que recorre en espiral la mayor parte del cerro, por lo que ni siquiera en eso es algo realmente especial.
            ¿Qué hará la gente de Piriápolis en invierno? Cuando no hay turistas en las playas, cuando hay tormentas, cuando está nublado, cuando se quedan solos y no hace falta sonreír todo el tiempo. ¿Qué hacen? Esa es otra de las cosas que nadie supo, o nadie quiso, responderme. El secreto, si es que existe, permanece.
            Tal vez visitan el puerto y se quedan mirando melancólicamente el mar embravecido tomando mates, como hacen, también, en pleno verano.



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En el número 51 de la revista digital El Narratorio, pueden leer el relato Gente Pequeña.

En la revista digital Teresa Magazine, se publicó el relato Lunes en la cafetería.

Pasen y lean cuando gusten.

Fin del Espacio Publicitario.

12 comentarios:

José A. García dijo...

En la foto pueden ver uno de los horrendos catamaranes de Buquebús intentando amarrarse en el puertito de la ciudad.

Saludos,

J.

unjubilado dijo...

¡Si casi no cabe en el puerto! como no frene rápido, sale volando por el otro lado.
La foto es preciosa, creo que se tomó cuando hacían pruebas en el puerto. El barco Francisco de Buquebus realizó esta mañana (viernes, 10 abril 2020) una maniobra de prueba para evaluar las condiciones y solicitar reanudar el tramo Buenos Aires - Piriápolis para la temporada estival. El servicio había sido suspendido en 2003.
El barco, solo con el capitán, estuvo probando el muelle multimodal de Piriápolis y si se adapta a las necesidades de esa embarcación. Fuentes de la empresa informaron a El País que la maniobra fue perfecta, que los puntos de amarre son excelentes y que se contó con la autorización de la Dirección Nacional de Hidrografía y la Prefectura Nacional Naval.

Un saludo.

Frodo dijo...

En la foto desde arriba se ve que sí, que el agua es más de mar que del Río... o tal vez es la ausencia de Lobos Marinos, que veo que te gustan tanto como el petróleo y el aceite, ja

Abrazos!

Gustavo dijo...

Antes que nada me alegro que estes bien despues del accidenta. Bah no se si te paso a vos o fue un personaje inventado. Yo estuve en Montevideo en 2012. Me meti en el Rio de la Plata. Increible jaja. Aca esta todo contaminado mas alla de que ahi pude comprender el porque Buenos Aires le da la espalda al rio. En cuanto a lo del termo bajo el brazo iban todos. Por la 18 de julio, la rambla, en los colectivos. No se. A mi me resulteria incomodo. Pero bueno. Sobre gustos no hay nada escrito. Saludos!

Tot Barcelona dijo...

Pues supongo que en invierno la vida se les convertirá en letargo. Que habrán pocos turistas y menos movimientos, y que ninguno de los cinco catamaranes se verá con fuerzas de enfrentarse a un rio que se convierte en un mar que a su vez se trasforma en océano.
Salut

Cayetano dijo...

Uno piensa que el lugar de veraneo siempre ofrece ese aspecto bullicioso y soleado a lo largo del año porque es la imagen que se tiene de él, hasta que te acercas por allí algún día de invierno y te encuentras con otra realidad, donde el mal tiempo y lo solitario de sus playas no invitan a quedarse. O tal vez sí. También tiene su encanto.
Saludos.

lunaroja dijo...

Yo creo que estos lugares netamente turísticos tienen diferentes matices, según la estación obviamente,pero,también ofrecen el colorido y la seña de identidad del lugar cuando no hay tanta gente foránea.

Aquí en esta isla,sucede lo mismo,en uno de los pueblos pesqueros del norte, donde les encajaron un Buquebús que cruza a las otras islas, y arruinaron uno de los puertitos más característicos de la isla.

Un abrazo!

Guillermo Castillo dijo...

Yo, que vivo cerca y lejos del mar, aun así quisiera conocer las locaciones de tus crónicas.
Dejo mis saludos a todos.

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

al menos tienen las vistas del mar, aquí, en una ciudad de interior, solo tenemos soledad
besos

Alexander Strauffon dijo...

Hay vistas marítimas, bueno para muchos.

Hola, me llamo Julio David dijo...

En invierno afloran otros encantos, que los que turistean solo en verano no alcanzan ni siquiera a imaginar.
Abrazos.

Ginebra dijo...

Pienso que esos lugareños cuando mejor están es cuando no hay turistas. Quizá ese sea su secreto. Observar las nubes, el mar, las tormentas, quedarse en casa y escuchar llover... pasear entre los pocos parroquianos de lugar...
Saludos