Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 22 de diciembre de 2019

Familia - La vida en la ciudad (1980 – Primera Parte)


La década de 1970 en Argentina no fue fácil en varios aspectos. Principalmente en el político. Entre 1966 y 1973 el país fue gobernado por una de las peores dictaduras de las que asolaban la región en la misma época. Uno a uno los gobiernos democráticos iban cayendo convirtiéndose en la excepción y no en la norma para la organización de la vida política local. En 1973 el testigo de la dictadura más violenta se correría hacia Chile que por un breve instante robó la gloria a la Argentina que entre 1973 y 1976 probó brevemente lo que sería un gobierno democrático que, si comenzó mal, acabó mucho peor de lo que cualquier persona hubiera esperado.
            Por eso es que Argentina se recuperó rápidamente de la afrenta chilena con el golpe de estado del 24 de marzo de 1976. Se desató entonces la que sería la más feroz dictadura militar que gobernara el país hasta 1983. Pero, si en el verano de 1980 el gobierno militar se encontraba asentado de tal modo en el país que parecía que cumplirían su objetivo secreto de gobernar, al menos, hasta el año 2000, para mediados de 1982, todo lucía, como mínimo, diferente.
A pesar de los cambios, políticos, económicos, sociales, culturales, hormonales, que pudieran producirse, existía cierta inercia para lograr que los primeros años de la década de 1980 fuera la continuación directa de la década de 1970. Y no me refiero meramente a lo que marcaba el calendario, sino a mucho más.
            Mi futura familia, se encontraba instalada en la nueva casa, que en realidad no era tan nueva pero de alguna forma había que llamarla; y el trabajo de mi padre continuaba prosperando. Mi madre intentó, brevemente, administrar un pequeño almacén para pasar el tiempo mientras las niñas se encontraban en la escuela; pero los constantes cambios en el valor, la calidad de impresión, y la credibilidad en la moneda nacional hicieron que esa experiencia acabara más pronto de lo esperado.
La primavera estaba a punto de terminar, aún cuando todavía nadie se lo esperaba y muchos aguardaban la llegada del verano; pasaríamos directamente a un invierno sin igual del que nadie podría decir cuándo terminaría.
La permanencia de la Junta Militar en el Gobierno creaba la idea de una cierta continuidad en la vida social; pero ello no quería decir que aun cuando quienes gobernaban el país fueran, en teoría, una de las fuerzas de seguridad de la nación, el país se encontrara, en los más diversos aspectos, seguro en lo más mínimo.
            Es cierto que la inseguridad, como tema periodístico, se estableció como moda en la década de 1990, regresando como algo vintage, cuasi-retro, y no en forma de fichas, en el 2010 (aproximadamente); pero no comenzó, si siquiera por casualidad, en ninguna de esas dos fechas. Hay una larga tradición de violencia, inseguridad, agresiones, robos y muertes en toda la historia nacional. Nadie se encuentra realmente a salvo de nada, en ningún lugar, en ninguna época, ni por error ni por casualidad. Nadie está verdaderamente exento de que suceda algo inesperado en sus vidas cotidianas.
            Por otro lado, 1983 fue un año aciago, el annus horribilis de la familia.
El viejo cascarrabias del abuelo materno perdió, una vez más (y van…), sus ahorros en negocios de poca credibilidad confiando en los mismos socios de siempre, esos que nunca veían peligrar su propio capital. Los negocios de mi padre parecían ir bien pero su muerte interrumpió cualquier intento de nada. Mi madre tuvo que hacerse cargo de la familia al 100%, y de los que quedaba de los negocios de mi padre luego de que sus socios huyeron como huyen las ratas de un barco que comienza a hacer agua.
Hacia finales del año, la abuela materna, aunque dudo que el viejo se diera cuenta de ello mientras lloraba por los ahorros perdidos.
Recuperamos la democracia; algo terrible para cierto sector de la sociedad no del todo minoritario, como muchos quisiéramos creer.
Pero, lo que sin lugar a dudas terminó de empeorar todas las cosas que iban sucediendo hasta ese momento fue mi nacimiento. Punto final de la mejor época de la familia, como me han dicho y hecho creer en más de una oportunidad.
            Luego de algo semejante, el resto de la década no puede sino mejorar. Al menos se puede fingir una sonrisa para la cámara y que el luto se note menos en las fotografías de los que realmente duele en la realidad. Un luto al que difícilmente pueda ponérsele punto final algún día. Si es que algo semejante puede hacerse.
            En mi caso, porque todo gira en torno a mí mismo, claro (siempre el ego dirigiendo la vida), apenas sí puedo hablar de luto, ya que no puedo sentirse algo semejante hacia alguien a quien nunca conocí. ¿O sí se puede y nunca me enteré?
Crecía con una gran ausencia junto a mí, una ausencia que crecía año tras año al igual que lo hacía yo, una ausencia que nunca tendría final, que nunca podría solucionarse. Pero entre ausencia y luto hay una diferencia que va más allá del mero sentido de las palabras.
            ¿Sentí dolor? ¿Angustia? ¿Hubiera querido que todo fuera diferente en la vida de la familia (no sólo en la mía)? Por supuesto, pero nunca estuvo a mi alcance hacer nada al respecto. Ni lo estará, porque nadie puede cambiar lo que sucedió, nadie tiene esa clase de poder.
            Me dedicaba en cambio a mirar El Zorro en blanco y negro, El Chavo del 8, que sólo muchos años después lograría sacarme algo parecido a una sonrisa con sus historias, y el Batman de Adam West; por suerte estos últimos a colores una televisión que tenía más años en la familia que yo (aunque eso lo supe un poco después).
Construí un mundo donde solamente había lugar para mí. Era incapaz de ver, de comprender, lo que ocurría a mí alrededor los primeros años de mi infancia, como nos pasa a todos. Nunca entendería por qué nunca nadie venía a visitarnos a la casa, porque nunca tuve primos con los que jugar, tíos a los que pedirle un juguete de regalo o golosinas, abuelos ni abuelas con los que salir a pasear por el barrio, o por el pueblo en todo caso. Nada de eso me parecía extraño porque nunca lo había tenido, por lo que carecía de forma de saber que debía, necesariamente, anhelar algo semejante.
            Porque es imposible anhelar algo que ni siquiera se sabe que existe; extrañar algo que nunca se ha tenido no tiene sentido, así como no lo tiene querer lo que carece de valor para uno mismo.
            Además, era un niño. Y los niños siempre se adaptan a lo que les rodea, aún cuando ni siquiera saben lo que están haciendo.
            Quien sin duda la habrá pasado muy mal, en una situación cuasi de abandono por parte de ambas familias, que continuaba en el campo ocupándose cada uno de las cosas que les interesaban y sin preocuparse por los demás, fue mi madre. Ella vivió todo su dolor, todo su luto, en soledad. Estaban mis hermanas, es cierto, pero eran unas niñas en 1983, ¿qué consuelo podrían llegar a darle a mi madre si ellas también lo necesitan? La casa, antes llena de vida y alegría se volvió, poco a poco, en lo más parecido a un museo en vida que he llegado a conocer. Sólo muchos años después, cuando los tres hermanos fuimos mayores, algunas pocas cosas comenzaron a cambiar. Y, aún así, la casa mantenía la misma impronta en el 2001 que la que supo tener en 1989; solamente los gobiernos habían cambiado, solamente los externo, el interior continuaba demasiado semejante a lo que había sido en el pasado como si el tiempo, en verdad nunca hubiera transcurrido para nosotros.
            O tal vez lo hizo, pero dejándonos de lado como tantas otras cosas de la vida.



Aclaración: El de la foto es Guy Williams personificando 
al El Zorro, por si todavía queda alguien que no lo sepa.

14 comentarios:

José A. García dijo...

Será cuestión de gustos, pero nunca pude ver El Zorro coloreado, lo prefiero original, clásico, viejo, en blanco y negro. Para exceso de color siempre tendremos al Batman de West.

Nos leemos.
Saludos,

J.

Tot Barcelona dijo...

Siempre prefería a Patoruzú, en blanco y negro, claro.
Nunca lo conocí en color.
Las dictaduras en Argentina fueron solapándose, de tal manera que una derrocaba a la otra.
Hoy ya no hay dictadura a la vieja usanza, hoy el control del sistema se ha sobrepuesto a la obediencia, de tal manera que hay una dictadura de la banca que es menos física en sus manifestaciones, pero elocuente y eficaz en los hechos.
Del proletariado al precariado.
Salut

Eva S. Stone dijo...

Todas las infancias deberían ser sagradas y felices. Algunas las marca la vida a fuego, como la tuya. Pero hay algo bueno en una infancia dura: una extraordinaria y precoz madurez y un saber apreciar las cosas pequeñas que nos da la vida.

Un beso grande.

Katrina dijo...

Cuando el caos reina en el exterior, necesitamos una base estable en la que confiar... muchas veces esa base es nuestro hogar y mientras más dificultades y cambios existan afuera, más imperturbables quedan las cosas en la casa... los museos vivientes hablan un poco de eso no? una época de la vida donde no se podían tolerar más vaivenes...

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Es interesante lo de las sucesivas estafas que recibe el personaje gruñón, incapaz de cambiar, que pretende imponer su criterio. Mientras que los que intentan algo distinto tienen que afrontar lo difícil, pero tienen alguna mínima oportunidad.

Esa serie ha tenido una notable repercusión, todo un record de repetición, con fieles seguidores. Es entendible lo de blanco y negro, por sobre el color tan disonante de Batman, esa serie.
Bien contado, colega demiurgo.

RECOMENZAR dijo...

Hermoso tu texto
Irremediable los que viven en mi país -Votar nuevamente la corrupción y el robo es estar locos de verdad - Un abrazo muchacho y felices Fiestas

lunaroja dijo...

Gracias por este viaje JOsé.

SOn ya 37 años viviendo fuera de mi país. Estos apuntes son pura gloria para mi.
Un saludo!

Cayetano dijo...

No hay décadas buenas ni malas. Todo depende de cuál sea tu entorno y de las circunstancias. Aquí empezamos a respirar a partir de mediados de los 70. Tras una larga dictadura, vinos que el horizonte se nos abría un poco.
Saludos y felices fiestas.

Frodo dijo...

Esta primera parte de 1980 me recuerda a tantas otras vidas de esa época. Yo nacía el año aciago para tu familia, soy de los primeros hijos de la democracia. Así que también viví cosas similares. Todos los programas que mencionas a los que le sumaría otros que nos atacaron en los tempranos noventa como Alf y Los Simpson, nos han marcado a fuego.

El resto, pasa en las mejores familias.
Abrazo grande J! Salud!

José A. García dijo...

Tot Barcelona: No hay caso Paturuzú nunca me resultó interesante… Y sí, es cierto lo que dices sobre las dictaduras.

Eva S. Stone: Ninguna infancia es sagrada, ese es el problema.

Katrina: Nunca entendí el por qué de ese museo en el que nada podía cambiarse, ni siquiera lo que ya no funcionaba.

Demiurgo: Algunos personajes nunca cambian, simplemente se mueren así como nacieron. Es posible lo de la repercusión, espero que resulte tan interesante cuando llegue su final.

Recomenzar: Gracias por tus palabras.

Luna Roja: 37 años son más para el olvido que para el recuerdo, Gardel sólo llegó a cantar 20…

Cayetano: Las circunstancias, entonces, no eran las mejores. Ni lo serían para muchos.

Frodo: Pero esas series las vi en los 90, en los 80 tenía otros… ¿intereses?

Gracias por sus visitas.
Nos leemos,

J.

Beatriz dijo...

Hola,
Yo nací esa década de los 70s, y me parece interesante indagar sobre la situación de entonces, solo hace poco me he adentrado en la ola musical de los 70s. Lo encuentro estimulante.La política mexicana de esa década me fue desconocida o poco interesante, hasta después de la segunda mitad de los 80s cuando mi primera infancia iba en picada.
He venido pensando en hablar de esa realidad inmediata donde nací, pero necesito investigar mejor.
Saludos.

Pensando en Haiku, Karin Rosenkranz dijo...

Nací en el 71, en el barrio Flores, conozco toda la historia de esa época, y tengo muchas anécdotas para escribir...
Saludos y felicidades 🥂

Doctor Krapp dijo...

El latido interior nunca se ajusta a lo que corre por fuera en la sociedad aunque se influyen mutuamente.
En este párrafo revelas una gran verdad que a veces olvidamos
"Porque es imposible anhelar algo que ni siquiera se sabe que existe; extrañar algo que nunca se ha tenido no tiene sentido, así como no lo tiene querer lo que carece de valor para uno mismo."
Solo por ello tiene sentido tener una vida social y ajustar los diferentes ritmos que marcan nuestra vida.

Feliz Año
Saludos

José A. García dijo...

Beatriz: Se puede hablar desde la experiencia, desde la memoria o desde ambos. Gracias por la visita y el comentario.

Karín: Nada nos impide, aún, escribir sobre esas cosas. Hay que aprovechar el momento,

Dr. Krapp: Vida social... ¿Qué era eso? Gracias por señalar lo que te resultó más interesante de la entrada.

Nos leemos,

J.