Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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sábado, 15 de junio de 2019

Vida Extra


—Hay días en los que tengo la sensación de esta preocupándome demasiado por cosas que en verdad no tienen, o no deberían tener, importancia. Pero —continuó sin detenerse a tomar aire—, tampoco me resulta posible hacerlo de otro modo. Soy incapaz de detenerme, de dejar de pensar, dejar de accionar, sin saber en verdad en qué dirección real debería de estar yendo.
            —Lo que no sé es por qué me dice todo esto a mí, otra vez —dijo el cajero de la tienda—, solo le pregunté si llevaría algo más.
            —Y tal vez ese sea le problema —continuó sin dar señales de haber escuchado al desesperado muchacho que, habiendo acabado de acomodar los pocos productos del cliente en la bolsa de papel, esperaba a que se marchara—, acumulamos y acumulamos sin pensar realmente qué hacer con todo ello. Tanto cosas materiales como intangibles, como el conocimiento. ¿De qué sirve pretender saberlo todo si nunca podremos ponerlo en práctica? ¿De qué sirve ser el dueño del mundo si no podremos visitarlo?
            —Ahora mismo serviría de mucho que se hiciera a un lado… —dijo la jubilada que esperaba ansiosamente que la fila avanzara pensando en que de seguir así se perdería el inicio del programa de preguntas sin respuestas.
            —Por supuesto, es necesario hacerse a un lado en algún momento, cuando esa carga de pensamientos comienza a hacerse tan pesada que uno siente que comienza a hundir nuestros hombros con su peso…
            —Voy a hundirte otra cosa en la cara si no te corrés de ahí, perejil* —dijo en voz lo suficientemente alta como para hacerse escuchar alguien que, por su aspecto, bien podría pasar por un chófer de un camión recolector de residuos, un minero recién salido del socavón, o doble de riesgo en una película de catástrofes naturales. Y eso para no mencionar su aroma.
            —Señor, por favor… —dijo el cajero mirando hacia la puerta, muy cerca de la cual el Gerente del local conversaba con una voluptuosa clienta dándole la espalda.
            Pero su pedido no fue atendido, o entendido, en lo absoluto.
            —La cuestión es saber detenerse, de algún modo. Pero cómo saber en verdad cuándo hacerlo. Lo que es suficiente para unos puede no serlo para otros y, también, a la inversa. Entonces estaríamos siempre buscando los límites y, un límite, como se sabe, puede continuar extendiéndose más y más. Lo aprendemos en la infancia y nunca lo olvidamos, no. Siempre lo corremos un poco más.
            —¡Dale…! —dijo en voz más alta el mismo camionero—. ¡Te podes ir!
            —Ufff… —exclamó la jubilada—. Esta juventud maleducada —agregó sin aclarar a cuál de los dos hombres se refería.
            —Es una cuestión de suma importancia, algo que algún día también les afectará —continúo acunando la bolsa de papel como si de algo de sumo valor se tratara—; solamente contamos con el presente, transitorio y pasajero por naturaleza, para aprender a adaptarnos. Si tuviéramos una vida extra, de seguro, todo sería más sencillo. ¿No lo creen así? —preguntó alejándose de la caja directamente hacia la puerta.
            —Señor… —llamó el cajero sin obtener respuesta e intentando levantarse de su puesto de trabajo—. ¡Señor!
            —Pero… ¿Y ahora qué pasa? —casi gritó el camionero.
            —No puede ser. ¡Qué perdida de tiempo! ¡Qué maltrato a los clientes! —exclamó la jubilada.
            —¿Qué sucede? —preguntó el Gerente visiblemente molesto por tener que intervenir en una situación que, intuía, no lo ameritaba.
            —Se va sin pagar —murmuró el cajero mientras señalaba hacia la puerta.
            —¿Otra vez? —inquirió el Gerente dirigiéndose raudamente hacia la salida sabiendo que, no solamente no lo encontraría, porque habría desaparecido apenas cruzar el umbral como las veces anteriores, sino que se las había arreglado para dejar su marca sobre la pared recién pintada del frente del local.
            Confirmó ambas cosas al atravesar la puerta sin encontrar el menor rastro del hombre que acaba de salir delante de sus ojos, eso si descontaba la pintura en aerosol y el modelo en stencil del maldito hongo del videojuego que repetía cada vez que se apareció por allí, abandonados junto a la pared.
            Miró hacia el interior de la tienda, la jubilaba continuaba gesticulando junto al cajero que solamente respondía haciendo gestos afirmativos. No había caso, continuaría descontando del sueldo de los cajeros cada una de aquellas pérdidas tan fácilmente evitables. Ni en esta vida, ni la siguiente, pondría un solo peso de su bolsillo, pensó mientras pateaba con fingida furia el aerosol hacia el estacionamiento casi vacío de la tienda.
            —Ni en esta vida, ni la próxima —repitió sin saber que lo hacía en voz alta.



* Perejil no es exactamente la palabra utilizada en este momento, se entiende.

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Inicio del Espacio Publicitario

En el número 10 de la Revista digital española Callejón de las 11 esquinas, del mes de junio, pueden leer el relato Cuando ya no queden hombres, que se publicó originalmente en el libro de cuentos Fábulas del cuaderno verde de 2014.
Los invito a leer también el resto de la revista.

Fin del Espacio Publicitario.

19 comentarios:

José A. García dijo...

Después de un par de semanas de arduas labores en la vida 1.0, regresamos a lo que importa. Actualizamos Proyecto Azúcar y volveremos a leer a l@s amig@s de siempre.

Así pues, nos leemos,

J.

RECOMENZAR dijo...

No se que decirte últimamente ando sin palabras -La vida me trata enojada y yo sin ganas de nada-

lunaroja dijo...

Mientras te leía recordaba muchas de las situaciones vividas en Buenos Aires,ese clima de crispación,de soledad,de necesidad y sobre todo de violencia contenida.
Un texto genial José.
Un abrazo.

Amapola Azzul dijo...

Están también los cajeros electrónicos, e incluso a éstos los quieren ir medio quitando de en medio en bastantes lugares, cuánto estrés se genera por el roce humano y quizás tb por el dinero.

mariarosa dijo...


El tipo era un vivillo, y tal vez en el fondo era un solitario que necesitaba hablar....

mariaorsa

Dyhego dijo...

Siempre hay gente que se busca las mañas para robar.
Salu2.

Unknown dijo...

Aquí en Colombia también tenemos ese tipo de personajes. Son los vivos-bobos de todo pueblo y de las zonas urbanas grandes. En otras palabras, viven del cuento y los incautos siguen cayendo.

Saludos a todos desde la distancia.

Cayetano dijo...

El viejo truco de hacerse un "sinpa".
Saludos.

lanochedemedianoche dijo...

Quizás es un sorprendido de la vida.
Abrazo

Raul Ariel Victoriano dijo...

Me encantaron los diálogos que se producen en el relato, sobre todo el parlamento del protagonista que deja impreso el grafiti.
Un saludo, José.
Ariel

JLO dijo...

son varios detalles los del relato pero se hace ameno por las veces que se repiten en la vida diaria...

lo del graffiti no lo entendí del todo, estoy lento hoy... saludos...

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

Trabajo de cara al público en la hostelería y tengo 1000 historias por contar,
así que ya no me extraña nada lo que pueda suceder en esta

Frodo dijo...

Estoy en la misma onda de arduas labores en la 1.0. pero acá estamos volviendo a la verdadera vida.
Buen relato, tiene esos toques callejeros de todos tus buenos relatos mezcla ficción y "realidad"
Si JLO no entiende el graffiti es porque se salteó la década de los 90, lo queremos igual.

Abrazo J!

RECOMENZAR dijo...

jajaja que divertidos son todos los que te comentan jajja Tenés un buen equipo de jugadores

Doctor Krapp dijo...

Un dialogo ingenioso que funciona a varios niveles y refleja muy bien la incomunicación en un mundo pretenciosamente comunicado.

Manuela Fernández dijo...

Me ha encantado, un tío que parece ser utiliza la reflexión en alto para no pagar, y nadie recae en lo que dice sino solo en que la caja está bloqueada. Por otra parte nadie es resolutivo. Yo me encuentro a este personaje y le invito a tomar café, debe ser muy interesante una conversación con él.
SAludos.

José A. García dijo...

Gracias por sus lecturas y comentarios. No me canso de decirlo, lo más interesante de Proyecto Azúcar es su participación.

Nos leemos,

J.

la MaLquEridA dijo...

Eso de tener dos vidas no es viable para nadie.

Beso

Hola, me llamo Julio David dijo...

Sea mentira o no, lo importante es hacerse escuchar. La gente quiere ser escuchada por otra gente, sin importar cómo. Quiere sentirse valorada. La gente incluso paga por ser escuchada al psicólogo o al tarotista.

"Ni en esta vida, ni la próxima —repitió sin saber que lo hacía en voz alta".

Todos estamos frustrados. Todos queremos ser escuchados. Sin críticas de por medio. Solo escuchados.