Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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viernes, 19 de abril de 2019

Descartar y/o Continuar


—Te conozco —dijo él iniciando un intento de seducción destinado al fracaso irremediable, acodándose en la barra de aquel tugurio de mala muerte junto a la chica.
            —Lo dudo —respondió ella dejando la puerta abierta de par en par para un nuevo intento del insistente muchacho.
            La música aturdía y la única forma de entenderse era mirándose directamente a los labios para adivinar las palabras ansiando reconocer una invitación siempre esquiva para conocer esos mismos labios de una manera más próxima.
            —Soy de los que nunca olvidan un rostro —sonrió con suficiencia—, por eso puedo decirte que te conozco. Aún no sé de dónde, ni de cuándo, pero sé que así es.
            Una sensación de fastidio general recorrió el cuerpo de la chica al escuchar tales palabras; tanto que fue incapaz de evitar que parte del mismo se reflejara en su expresión. Algo de lo que él también se percató, entendiéndolo como el inicio de su triunfo.
            —Si… Estoy seguro de eso —dijo—. ¿Pero dónde habrá sido…? —continuó esperando a que ella se decidiera a participar del juego.
            —No soy de salir mucho —dijo ella bebiéndose lo que quedaba de su trago con un movimiento rápido y certero.
            —Nunca dije que te conociera de estos sitios —dijo él en tono comprensivo—. Nadie viene aquí por gusto.
            —A ti no se te ve para nada incómodo —respondió la chica esbozando un rictus de hastío que fácilmente se confundiría con una sonrisa mal disimulada.
            —Uno hace lo que puede por adaptarse —confesó el muchacho sonriendo ampliamente, intuyendo que con algunas frases más ya todo terminaría—. Pero siempre resulta más interesante cuando uno conoce con quien habla. Me llamo…
            —Detente —lo interrumpió.
            Sobresaltado por la fuerza que sintiera emanar de aquellos labios al pronunciar en medio de tanto ruido una única palabra, no supo cómo continuar.
            En silencio la chica se levantó y se alejó de la barra caminando entre la gente. Sin necesidad de mirar hacia atrás sabía que él le seguiría, aun a pesar de que había mucha gente allí dentro, de que no se trataba de ninguna clase de invitación y ante su imposibilidad de darse por vencido.
            Junto a la puerta, por alguna razón que nadie sabría explicar, habían colocado un gran espejo que ocupaba la mayor parte de la pared que conducía a la salida. Quien decidía irse de aquel sitio debía, ineludiblemente, pasar frente a él.
            Allí se detuvo y, aún sin darse la vuelta, se quitó poco a poco la máscara con la que cubría su rostro sin dejar de mirar los ojos de su reflejo. Debajo de la máscara descubrió un rostro que en nada se distinguía de la máscara que, en silencio, dejó atrás antes de atravesar la salida.
            Cuando el muchacho finalmente llegó junto al espejo, apenas sí le fue posible encontrar los restos de una máscara hecha añicos al golpear contra el suelo.


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En el número 22 de la Revista La Ignorancia pueden leer el relato La Inundación, que forma parte, también, del libro Fábulas del Cuaderno Verde, publicado en 2014.

Fin del Espacio Publicitario.

18 comentarios:

José A. García dijo...

Algunas situaciones resultan por demás molestas...

Saludos y Suerte,

J.

Cayetano dijo...

Muchas veces es lo que vemos al mirarnos al espejo: una máscara que representa su papel. Dependiendo del momento y de la situación.
Me he llevado una sorpresa al comprobar hoy que somos compañeros de viaje en la revista La Ignorancia. En todo caso, habrá que estar alerta ante la inundación.

Saludos.

Ginebra dijo...

Inquietante, aunque portar máscaras es de lo más común. Creo que todos y todas , en situaciones concretas, nos disfrazamos con una. Lo verdaderamente terrible es que hay gente que nunca se la quita.
Saludos

José A. García dijo...

Cayetano: Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que llevamos una máscara. Es mi primera participación en esa revista. Espero repetir.

Ginebra: El problema es cuando la máscara se vuelve más real que el rostro verdadero y este comienza a desdibujarse inevitablemente.

Gracias por sus comentarios.

J.

lunaroja dijo...

Muy interesante el planteo de las máscaras.
Creo que todos llevamos máscaras dependiendo de cada situación a la que nos enfrentamos.
Un relato,como siempre eficaz e inteligente.
Saludos!

Manuela Fernández dijo...

Es primordial conocerse a sí mismo y no interpretar papeles, lo contrario solo puede llevar a convertirte en el papel que representas.
SAludos, estupendo relato.

María Dorada dijo...

Me ha encantado el relato, yo creo que de alguna manera en la vida real también nos ponemos máscaras para protegernos de alguna manera.

Te felicito por tu participacion en la revista.

Mil gracias por siempre acompañarme en mi ronconcito.

Besos.

Amapola Azzul dijo...

Eres muy creativo.

Besos.

Frodo dijo...

Claro que sí, todos somos impostores.
Excelente relato, algo borgiano, algo siniestro; perfecto acompañamiento del grafiti

Abrazo J!

Ulisses de Carvalho dijo...

Eu também sou desses que nunca esquecem de um rosto (e creio que todos, em um momento ou outro, usamos algum tipo de máscara). Abraço.

RECOMENZAR dijo...

Casi todos los bloggers usan máscaras Pocos son los que muestran el rostro por lo tanto me he quedado sin comentario Saludos always

mariarosa dijo...


Muy buen relato José. A veces las máscaras están tan unidas a nuestra piel que cuesta arrancarlas.

mariarosa

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

Creo que todos nos ponemos alguna máscara de nosotros mismos cada al despertar,
o según la situación en la que nos vamos encontrando a lo largo del día...

Doctor Krapp dijo...

Sugerente la máscara que revela otra cara que a su vez puede ser otra máscara de si misma que se desvelará tiempo después hasta un infinito indeterminado de máscaras.

Guillermo Castillo dijo...

Máscara, espejo,
lunas recurrentes
para reflejar
lo que no somos.

Un saludo desde: microbrevedades.blogspot.com

unjubilado dijo...

Algunos se ponen una máscara para tratar de pasar inadvertidos y no se dan cuenta que se han puesto la misma cara que tienen en su vida real.
Inquietante relato.
Saludos

Hola, me llamo Julio David dijo...

Para evitar usar máscaras, mejor evitar intentar agradar/seducir mujeres a costa de la dignidad propia. Mujeres que ni siquiera son educadas, como la de este relato.
Te dejo un abrazo.

José A. García dijo...

Lunaroja: Todos llevamos máscaras, lo notemos o no.

Manuela Fernández: Conocerse uno mismo es lo más difícil que podemos intentar en la vida; siempre será más fácil fingirnos quienes no somos.

María Dorada: Nos ponemos máscaras y muchas veces no olvidamos de ello.

Amapola Azzul: Gracias.

Frodo: Impostores frente a los espejos de los demás. Siempre.

Ulisses: Gracias por la visita y el comentario.

Recomenzar: ¿Quién sabe cuál es su verdadero rostro?

Maríarosa: Gracias. Es cierto lo que dices.

Magne: Exacto, todos lo hacemos. Muchas veces sin pensarlo, otras sabiendo muy bien lo que estamos haciendo.

Doctor Krapp: Una máscara sobre otra máscara que oculta otra máscara. Siempre.

Guillermo Castillo: Somos meros reflejos de algo más.

Un Jubilado: Pasar inadvertidos es el deseo de muchos hoy día. Pocos lo logran.

Julio David: La dignidad siempre es el límite.

Gracias por sus visitas, lecturas y comentarios.
Nos leemos,

J.