Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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sábado, 27 de abril de 2019

Manzano (Discordia eterna)


La diosa Eris estaría, claramente, satisfecha por lo que allí sucediera durante generaciones. Desde el día en que aquel extraño manzano comenzara a crecer en lo que luego se convertiría el centro obligado del poblado. 
           Desde las familias más antiguas de la región, hasta las recién llegadas, se sentían atraídas por igual. Los ricos y los pobres, mujeres y hombres, niños, adultos, ancianos, adolescentes y púberes imberbes; cada persona sentía la atracción de aquel árbol.
            Cuanto más cerca se encontraba la persona del manzano, mayor certeza sentía crecer dentro de sí de que aquel preciado árbol le pertenecía. Mas nadie lograba, nunca, jamás, ni siquiera por error o casualidad, llegar a demostrarlo.
            Todo un pueblo se construyó en torno a aquel árbol para protegerlo. Un pueblo que miraba atentamente crecer sus ramas, sus hojas, sus tan especiales como apetecibles frutos, y aquella sombra tan acogedora en verano. Un pueblo en el que nadie despegaba los ojos de quien osara acercarse a aquel tronco y pretender, en un intento por señalar su posesión, tocarlo.
            Quienes llevaban algún tiempo allí sabían lo que sucedería si se acercaban demasiado, si osaban pisar siquiera la sombra del árbol.
            Pero siempre había desprevenidos que llegaban al pueblo atraídos por una fuerza irrefrenable que les decía que era allí, y no en cualquier otro lugar, donde debían estar. Y, a medida que se acercaban, la determinación crecía opacando cualquier otro sentir.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, lo ominoso del lugar era suficiente para desalentarlos; contemplar, apenas llegar, las construcciones abigarradas en su constante vigilancia sobre el manzano, echaba atrás a los más decididos, a los más valientes, a los más sensatos. Emprendían el regreso sintiendo una desazón tan atroz sobre sus hombros que muy pocos de ellos lograban escaparle al suicidio más ignominioso.
            Los insensatos persistían en su intento sin cuestionar la posibilidad de que un árbol que en su vida hubieran visto les perteneciera o, siquiera, supieran de su existencia, o que fuera capaz de llamarlos. Ellos nunca se cuestionaban nada.
            Era con ellos con quienes todo volvía a comenzar, porque no se detenían ante los avisos ni los carteles luminosos, las amenazas ni las agresiones de la gente del poblado, sino que continuaban avanzando creyendo que nada más importaba.
Continuaban embelezados por el llamado del manzano sin preocuparse por nada ninguna otra cosa; los golpes, los cortes, las heridas, y la posibilidad de su propia muerte, nada representaban para ellos.
            Los golpes contra uno, que muchas veces acababan en golpes contra otro, que se encontraba allí por la misma razón, daban inicio al enfrentamiento entre los que allí se encontraban. Renacían viejas rencillas, rencores mal disimulados, odios sempiternos, venganzas que llevaban aplazándose demasiado tiempo, pendencias de borrachos, reyertas familiares y vecinales, viejos altercados de tránsito, antipatías evidentes y no tanto, resentimientos y enconos sin sentido (como lo son siempre), y las peleas que uno siempre quería tener con alguien que no conocía pero que de todas formas imaginaba derrotado bajo sus golpes tan solo para probar su propia destreza, su fuerza, su vigor, la resistencia de la que era capaz a los golpes de un desconocido.
            Pronto el fuego hacía su aparición, junto con las dagas, antiguas espadas vueltas a forjar, estiletes, alfanjes, arcabuces, mosquetes, pistolones, escopetas, revólveres, metralletas, tanques resabio de pasadas guerras.
El pueblo sufría una destrucción sin igual, las vidas se apagaban una detrás de otra. El cielo se ennegrecía, las aguas se pudrían y se anegaba la tierra por la sangre vertida, ya que ni la primera ni la última sangre ponían fin a todo aquello.
            Sin embargo, y sin una clara señal de que algo diferente había ocurrido, todo terminaba. Los sobrevivientes dejaban allí donde se encontraran lo que tuviera en sus manos y regresaban a lo que consideraban su hogar. Si lo encontraba en pie se sentían brevemente satisfechos, para comenzar luego a ayudar a aquellos cuyos hogares habían resultado dañados.
Con el correr de los días, el pueblo volvía a levantarse una vez más, sin dejar de mirar al manzano que, regado por la sangre vertida bajo su sombra, florecía sin importarle la época del año en la que aquello sucediera, con aquellos extraños frutos que nadie jamás había llegado a probar.


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Es un cuento largo, así que les recomiendo leerlo con atención.

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16 comentarios:

José A. García dijo...

De seguro serán las manzanas más dulces de toda la comarca. Pero nadie podrá nunca probarlas.

Nos leemos,

J.

Cayetano dijo...

Y ante tamaña insensatez, el manzano guardaba respetuosamente silencio...
Saludos.

Frodo dijo...

Una vuelta de tuerca a la historia del manzano entre manzanos, de serpientes de por medio... o por qué no de aquel limonero de Shelvyville de numerosas peleas callejeras entre banditas y tantas primas ha conquistado

Abrazo!

Guillermo Castillo dijo...

"Todo un pueblo se construyó en torno a aquel árbol", pero olvidó sus raíces profundas; o sea, su origen.
Nos seguimos leyendo,

Guillermo.

microbrevedades.blogspot.com

lunaroja dijo...

Tremendo relato que es una alegoría a la testarudez y al fanatismo que acomete a los seres humanos cuando se trata de poder, de ambición y de posesión.
Excelente.
Me ha encantado.

Manuela Fernández dijo...

La "sinrazón" de la sociedad. Tantos dogmas políticos, religiosos, tradiciones cruentas... que por falta de criterio individual devastan al mundo.
SAludos.

Trini Altea dijo...

Muy interesante tu relato.

RECOMENZAR dijo...

Me gusta tu texto está lleno de Ganas

Hola, me llamo Julio David dijo...

Me acordé, otra vez, de la canción "Un lugar en tu almohada" de Jorge Drexler. Por el título pareciera que no tiene nada ver con la historia, pero basta escuchar el tema y llegar a la parte en que nombra un jacarandá y nos damos cuenta que un árbol puede ser el centro central mismo de nuestra vida.
Te dejo un abrazo.

lanochedemedianoche dijo...

La lucha, la desigualdad aún existe, todos perdidos en la lucha sin saber el por que.
Abrazo

Doctor Krapp dijo...

Los manzanos tienen mala prensa aunque permiten escribir un hermoso texto.

Raul Ariel Victoriano dijo...

Un texto precioso contado por una voz narrativa que cautiva por la persona y el tiempo verbal utilizado. Saludos, José.

DULCINEA DEL ATLANTICO dijo...

La fuerza de la sinrazón hace que creamos nuestro lo que es de todos.
Muy interesante el mensaje que se desprende de tu relato Jose.
Saludos
Puri

unjubilado dijo...

¿Sabes que en España, en algunas zonas a la manzana se le suele llamar "pero" cuando tiene una forma ligeramente alargada?
¿Que hubiera pasado en este caso?
Seguro que ante las armas destructoras alguno hubiera comentado, "pero" ¿es necesaria esta destrucción?, "pero" ¿vamos a cargarnos este manzano por venganza?, "pero" ¿no será mejor que todos tuviéramos paz?
"Pero"...
Saludos

José A. García dijo...

Cayetano: Esperaba y miraba pensando en cuándo acabaría todo aquello.

Frodo: Siempre es mejor culpar al otro de lo que nosotros mismos hacemos mal.

Guillermo Castillo: Siempre olvidamos algo, o alguien.

Luna Roja: El problema del fanatismo acompañará a la humanidad hasta el final, no tengo dudas de ello.

Manuela Fernández: La humanidad es una gran sin razón últimamente.

Trini Altea: Gracias por la visita y tu comentario.

Recomenzar: Gracias.

Julio David: Un árbol puede ser el centro del universo y también su final.

La noche de medianoche: Aún existe porque a alguien más le sirve que así sea, eso lo tengo bien claro.

Dr. Krapp: Gracias. La mala prensa de alguno son los triunfos de otros.

Raúl Ariel Victoriano: Gracias. No había pensado en la cuestión del tiempo verbal. Deberé volver a leerlo en esa clave.

Dulcinea: Gracias por tomarte el tiempo de comentar. Espero que se haya entendido la idea.

Un Jubilado: Para todo hay, y habrá, un “pero”. Sin dudas.

Gracias a tod@s por sus visitas y comentarios que vuelven interesante el blog.

Nos leemos,

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Eris podrá estar muy satisfecha.
Tal vez sea una de las deidades más exitosas.