Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 3 de marzo de 2019

Sauce (En busca de respuestas)


Desde muy temprana edad se propuso saberlo todo, pero lo que se dice todo. Desde lo diminuto hasta lo inconmensurable, desde lo evidente hasta lo imposible de inferir sin un salto cognitivo, desde lo obvio a lo improbable. Una vez descartado el fútil relativismo, cada una de las interrogantes conocidas por la humanidad tenía una única respuesta; de allí que fuera posible conocerlas con precisión.
            Luego de recavar la sabiduría de los ancianos de la comarca para conocer cómo eran las cosas en los tiempos de antaño y de asegurarse de que las referencias que hacían en sus historias eran reales, continuó investigando. Recorrió los pasillos de las dos escuelas del pueblo hablando con los estudiantes, con los docentes, con el personal de maestranza y los bibliotecarios que se negaron a facilitarle los materiales que buscaba.
            Recorrió los archivos de la ciudad más cercana junto con otras bibliotecas públicas y privadas que allí encontró, requiriendo favores que hubo de pagar de formar en las que mejor no volver a pensar para acceder a materiales selectos. Visitó las redacciones de viejos periódicos en bancarrota y olvidados por el auge de la cultura visual. Leyó cada material que caía en sus manos pero, a pesar de tanto esfuerzo, consideraba que aún le faltaba obtener las respuestas para las preguntas que ignoraba.
            En sus pesquisas descubrió la forma en la que los filósofos de la antigüedad llegaban a sus conclusiones. La introspección, tan olvidada como desacreditada, cuando no temida en el presente, era la fuente principal de sabiduría; y lo sería aún más para él ya que teniendo en cuenta lo que había aprendido en los últimos años podría relacionar saberes que los antiguos filósofos ni siquiera vislumbraran. Pero fue incapaz de encontrar maestros para tal arte, por lo que se vio en la necesidad de inventar su propio método, su propia manera de conocerse a sí mismo y de entender cuento le rodeaba.
            Con un poco de agua y algo de alimento se internó en uno de los escasos espacios verdes que perduraban en el centro de la ciudad. Buscó para sentarse un lugar igualmente alejado de los árboles y del camino más cercano, aunque la mayor parte de gente llevaba años sin recorrer aquel parque. Cruzó una pierna sobre la otra, apoyó las manos sobre las rodillas, cerró los ojos y relajó el cuerpo.
          Quien lo viera en aquella actitud podría pensar que se encontraba meditando según la moda del año anterior, que aún quedaban muchos que así lo hacían. Por esa razón, nadie lo molestó. Quien semanas después lo descubriera aún en el mismo lugar y manteniendo la misma actitud, tal vez se preocuparía un poco, le sacaría una foto para subir a las redes asociales y continuaría con su rutina. Pero, de ninguna manera, se acercarían a él; cualquier cosa era preferible antes que el verdadero contacto humano.
            Hay quienes aseguran que, meses más tarde, mientras persistía la duda de las autoridades competentes sobre si continuaba con vida o no, entre los pliegues de su piel reseca, comenzaron a surgir pequeños brotes verdes. De ellos salieron pequeñas hojas y nuevos brotes que conformaron enclenques ramas que se erguían, no sin dificultad, hacia las alturas y que acabaron por transformarse, tiempo después, en un alto sauce eléctrico que ocupó el centro del parque.
            Años después, aquel sauce, de aquel parque, de aquella ciudad, se transformó en el lugar de peregrinación para cualquier persona que tuviera una duda, una pregunta, una cuestión que resolver y no supiera de qué manera hacerlo; sin tener en cuenta la dificultad del asunto, obtendría su respuesta. Tan sólo necesitaba dejarse cubrir por la sombra de aquellas ramas cargadas de sabiduría, pensar en lo que le inquietaba dejándose envolver por el sonido del viento que mecía las ramas para encontrar, de manera tan poco científica como mítica, la ansiada respuesta.


Pd. No pude buscar, luego de un día, ninguna imagen de un sauce eléctrico de mayor tamaño.

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15 comentarios:

José A. García dijo...

Envidio a las personas que tienen propósito en la vida y que, además, lo cumple.

Saludos,

J.

lunaroja dijo...

Qué belleza de relato!
Jose, cuánto talento para expresar tanto!
Me ha enamorado.
Un saludo!

maría del rosario Alessandrini dijo...

Excelente escrito, mucho amor al prójimo.
Abrazo

Cayetano Gea dijo...

Mejor no tocarlo. No sea que dé corriente.
Saludos.

gla. dijo...

Hermoso escrito
Abrazo

gla. dijo...

Yo tengo muchas preguntas sin respuestas
Quisiera visitar al sauce eléctrico algun día

R. Ariel dijo...

Espléndido, me encantó cómo el cuento vira de la realidad a la fantasía con tanta naturalidad. Una belleza, josé.
Ariel

Maria Rosa dijo...


Que linda historia José, me gustaría morir de esa manera, en soledad y al menos después de muerto servir para algo útil.

mariarosa

Doctor Krapp dijo...

Hermosa parábola con un fondo legendario y optimista.

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

No sabía que esa voz era sinónimo de sabiduría y lo que no me imaginaba era que hubiese un sauce eléctrico, 🤔
un beso

RECOMENZAR dijo...

Te leo y comento Un abrazo desde el talento

Manuela Fernández dijo...

A veces en la entrega de un propósito, lo llevamos tan en extremo que nos olvidamos de quienes somos, de ser nosotros mismos. Otro tema que merezca la pena o no la causa.
Magnífico texto.

José A. García dijo...

Luna Roja: Muchas gracias por tus palabras.

María del Rosario: Gracias por la visita y el comentario.

Cayetano: Corriente o cosas peores, nunca se sabe.

Gla: Si supiera realmente dónde se encuentra, sin dudas me quedaría bajo su sombra.

R. Ariel: Gracias. Desde mi punto de vista, la fantasía debería ser la realidad, pero pocos me acompañan en semejante cruzada.

María Rosa: La muerte siempre sirve de algo, es la humanidad la que le teme y la oculta sin saber por qué lo hace realmente.

Doctor Krapp: Tendré que volver a leer para ver dónde se me escapó el optimismo, gracias por el aviso.

Magne: Para algunas culturas el sauce es sabiduría, para otras muerte y trascendencia, de ahí que intenté entremezclar ambas vertientes. El sauce eléctrico es como el sauce llorón pero sus hojas tienen diferente forma.

Recomenzar: Gracias!

Manuela Fernández: Tal vez sea que somos el propósito de la existencia misma y al olvidarnos logramos lo que ansiamos. Nunca se sabe.

Gracias a tod@s por sus visitas y comentarios.

Nos leemos,

J.

DULCINEA DEL ATLANTICO dijo...

Hola José, leer tu entrada es como gozar de un remanso de paz donde se permite la entrada a todos.
Un saludo
Puri

Enca Gálvez dijo...

Sus ramas flexible meciéndose lánguidamente al compás del viento es todo un espectáculo de la naturaleza.Este maravilloso árbol se encuentra entre mis árboles favoritos. Me encantó leerte. Un gran abrazo desde Andalucía.