Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 21 de octubre de 2018

Otros mundos


El agotamiento siquiera me dejaba pensar con claridad. Eran días aciagos, en donde el trabajo, por alguna razón, se acumulaba y siempre había alguna otra cosa para hacer. Como una gran ola tras la cual sabemos que, indefectiblemente, llegará otra, la pila de pendientes nunca disminuía sino que crecía exponencialmente.
            La repetición, lo mecánico, lo extremadamente físico, acababa por entorpecer cualquier pensamiento, cualquier otra opción.
            Mis ojos ardían frente a un monitor que solamente me devolvía información valiosa para alguien más, nunca para mí. Las ganancias siempre eran para alguien más, ya lo había dicho Marx y se habían encargado de refrendarlo cada uno de los jefes de los trabajos que tuve hasta llegar a ese momento. Nadie se tomaba siquiera un segundo para negarlo; no era necesario.
            Refregándome los ojos salí del edificio gris, una mole impersonal de cemento, concreto, hierro y cristal; la luz artificial que me acompañara al llegar por la mañana era la misma que me despedía. Si había salido el sol en algún momento, si había sido de día, si algo había cambiado en el mundo, no podía saberlo; en mi realidad todo continuaba del mismo modo.
—Ni siquiera sé qué es lo que necesito ahora —dije o pensé o algo parecido. Alguien se dio vuelta para mirarme, por lo que debo de haber hablado en voz alta. No tengo ninguna seguridad sobre ello.
            —Pasaje gratis a otro mundo —respondió una voz detrás de mí. Lo cual era bastante difícil de comprender, ya que me encontraba con la espalda apoyada en la pared del edifico que acababa de abandonar respirando un poco de aire menos viciado que el del interior.
            —¿Cómo…? —pregunté a pesar de haber escuchado claramente.
            —Usted preguntó, me limitó a darle una opción —respondió la misma voz.
            Atiné a girarme y encontrar, como resultaba por demás evidente, la pared del edificio. Alguien había dibujado un graffiti sobre el muro gris, un mundo, que bien podría ser Saturno o Júpiter con sus anillos y dos racimos opuestos de lunas. Sencillo, sugerente, idealizado por demás. Unas pocas líneas daban la sensación de movimiento, de distancia, de algo por completo diferente al cubículo que acababa de abandonar y al que, inevitablemente, regresaría por la mañana.
            Sonreí.
            —Pasaje gratis a otro mundo —repitió la voz, una vez más, detrás de mí, donde sabía que no había nadie más que la acera vacía—, sólo extienda la mano y tómelo.
            Giré una vez más solamente para tener la seguridad de que nadie me estaba hablando. Pero el eco de las últimas palabras aún perduraba, de una manera que nunca antes sintiera, en mi cabeza.
            Extendí la mano hacia el dibujo sin tocarlo, como dudando de que algo semejante fuera posible. No. No dudaba, sabía que no era posible. Si llevamos casi medio siglo discutiendo la veracidad de la llegada del hombre a la Luna en una lata de aluminio, cómo no dudar sobre la posibilidad de acceder a otro mundo de una manera tan sencilla.
            —Debo estar muy cansado —dije—, empiezo a creer que escucha voces.
El agotamiento que me acompañaba me llevó a creer que, mientras me alejaba negando con la cabeza, las líneas del dibujo comenzaban a brillar levemente borrándose de la pared. Algo que, a primera hora de la mañana, me encargaría de comprobar.



18 comentarios:

José A. García dijo...

Nota mental: Recordar revisar la pared del edificio el lunes.

Saludos,

J.

lunaroja dijo...

Me encantan tus relatos. Tienen el poder de atrapar en sus tramas. Felicitaciones.
Un abrazo.

Frodo dijo...

De altísimo nivel! se emparenta con aquel gran relato del taxi, y a la vez es otra variante.
Así como creo que el hombre pisó la Luna también creo que a primera hora ese dibujo ya no estará. Tal vez lo borre un portero con su manguera mágica, tal vez un pintor de brocha gorda, tal vez el portal se cerró y se fue el último tren (o taxi) a otro mundo

Abrazo!

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

mañana mismo salgo a buscar grafitis... quiero uno que me lleve bien lejos!
besos

unjubilado dijo...

Me sobra bastante pintura de un color gris claro, creo que si te la mando y te dedicas a pintar encima de los grafitis, las voces que escuchas se apagarán, por supuesto yo no voy a ir a pintar la pared, soy ya muy viejo, pero espero que tu sepas dar unos brochazos a diestro y siniestro y pintar aquello de:
"Pintor si pintas con amor,
¿Por qué desprecias su color,
si sabes que en el cielo,
también los quiere Dios?

Suerte, mi pintura es muy buena y provoca efectos beneficiosos.
Saludos.

maría del rosario Alessandrini dijo...

Excelente relato el tuyo amigo, me trae recuerdos de días muy sin sentido saliendo de mi departamento sin rumbo, gracias.
Abrazo

gla. dijo...

Hermoso escrito
Yo...tuve mi boleto a otro mundo...ahora estoy de regreso a la rutina
Sin embargo...feliz y renovada
Creer o no
Abrazos

Ginebra dijo...

Todos parecen estar de acuerdo en que salir de este mundo y llegar a otro es necesario. El mundo aburrido y/o estresante, sin sentido, que se abandona por un mundo mucho más atractivo. Esa idea ha estado presente en todas las civilizaciones históricas desde el origen del hombre (en eso no hemos evolucionado tanto) y ¿para qué?. Para nada, pues es el propio hombre el que genera la abulia, el cansancio, la frustración, el sinsentido etc... pero puestos a buscar culpables que sean los mundos o cualquier otra cosa, nunca nosotros/as, claro...
En fin... para viajar lejos no hace falta ni moverse del sofá. El cambio está en nosotros, pero me temo que no nos atrevemos a ello.
Saludos

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

yo me hablo a mi misma, agotadísima estoy, y me doy consejos y me recomiendo unas vacaciones sola...
acaso estoy loca?
besos

Hola, me llamo Julio David dijo...

"Pasajes gratis a otro mundo" es la oferta, pero no necesariamente a otro mundo como Saturno... Más bien a otra esfera de la realidad. Hay muchas realidades y uno opta por una y se encierra en ella hasta volverla indistingible de un ataúd. Hay que escapar de ese ataúd (metafóricamente) mientras estamos vivos (metafóricamente también).
Te dejo un abrazo.

María Dorada dijo...

Un placer disfrutar de tu texto.

Un beso.

DULCINEA DEL ATLANTICO dijo...

Hola Jose, hay garfitis impactantes que te pueden llevar a otra dimensión y eso unido a el cansancio que sufría tu protagonista hizo que viera lo que realmente ansiaba.
Un saludo
Puri

Amapola Azzul dijo...

Veo la pared del edificio borrosa.

Besos.

Maria Rosa dijo...


¡¡Buenisimo!!
Un estilo que me encanta, fusionaste a Bradbury y a S. King en un cuento bien tuyo y con tu personalidad.

mariarosa

Dyhego dijo...

Hay dibujos que toman la iniciativa y, hala, ya no hay quien los domine.
Salu2.

RECOMENZAR dijo...

GINEBRA: TE HAS GANADO EL PREMIO TREMENDO DE BUENO TU COMENTARIO
El mio es el mismo
gracias

José A. García dijo...

Gracias a tod@s por los comentarios, sugerencias e interpretaciones. Lo más interesante, como siempre, que puede leerse en Proyecto Azúcar.

Nos leemos,

J.

Lua Seomun dijo...

José, no me ha podido gustar más :)

Me ha hecho soñar... qué lastima que el protagonista perdió su oportunidad. Quien sabe que aventuras le hubiera deparado tocar el dibujo... al menos no sería regresar a lo que parecía un trabajo que le aburría absolutamente.

Me encantan estos ratitos misteriosos que nos regalas. ¡Besitos!!