Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 9 de septiembre de 2018

Abstinencia


Odio la vida que me tocó en suerte; odio el no haber sabido elegir qué estudiar cuando era el momento correcto para hacerlo; odio el trabajo en que me encuentro atrapado por no haber podido estudiar otra cosa. Odio a mi jefe, a mis compañeros de trabajo, a las telefonistas que no devuelven las llamadas, las secretarias con eterna expresión de constipación, los ascensores ruidosos y los silenciosos también. Odio los horarios de oficina, los quince miserables días de vacaciones y el roñoso sueldo; odio la necesidad de complacer a los otros en todo momento y nunca poder mandar a la puta madre que los bien parió a todo el mundo sin peligro de quedarme sin trabajo. Odio el traje, el saco, la corbata, la camisa y los zapatos que me obligan a vestir.
            Odio mi casa y sus permanentes goteras; odio el gastar dinero en arreglos que nunca se terminan, en materiales de mala calidad, en muebles que se desarman y se rompen de solo mirarlos; odio a ikea y sus diseños de pedante vanguardia; odio la moda vintage de muebles que no sirven para nada, mal pintados y peor terminados. Odio la ropa que quieren venderme a toda costa, de colores ridículos, de formas deformes y precios estrambóticos; odios las modas, los modelos y las publicidades raquíticas; odio que todo el mundo parezca un mamarracho caminando y que nadie se oponga a ello sino que lo disfruten o finjan descaradamente hacerlo.
            Odio el sol que me pega en los ojos mientras camino por la calle; odio el viento frío que sopla entre los edificios a pesar del sol; odio el no haber traído abrigo por haberle creído al inútil que presentaba el clima en la televisión esta mañana; odio la lluvia que se pronostica para esta tarde porque tampoco tengo paraguas. Odio a la gente que pasa caminando junto a mí; odio sus sonrisas, sus celulares último modelo y que nos obligan a comprar para mantenernos actualizados. Odio los autos que tiran humo, las motos que solo sirven para hacer más ruido y molestar; odio los colectivos, que se demoran y me obligan a llegar tarde a todas partes, y el olor de las personas que viajan en ellos, incluido yo mismo, los movimientos bruscos, los cambios de recorridos porque siempre hay algún problema en las calles; odio al gobierno del municipio, por todas las razones que pueda enumerar y porque al gobierno hay que odiarlo de por sí.
            Odio el mundo que me tocó vivir; odio el siglo XXI y sus vaguedades, la falta de sentido en cualquier cosas que quiera intentarse; odio el haber tenido que nacer en este país, en esta provincia, a la que también odio. Odio el 2018 en el que nada de lo que me propuse salió como esperaba; odio a mis vecinos, sus niños, sus mascotas y sus gemidos en medio de la noche; odio a los que hablan a los gritos debajo de mi ventana cuando pretendo dormir; odio a los que hablan por debajo de los decibeles que un humano es capaz de captar cuando se les pregunta algo de manera directa; odio a los mediocres; odio a los que pretenden resaltar en todo lo que hacen en todo momento; odio a los que fracasan y a los que triunfan; odio a los que lo consiguen todo porque no sé cómo lo hacen; odio a los que lo perdieron todo por ser libres.
            Odio los diálogos de situación; odios las palabras de cortesía; odio los silencios incómodos; odio el no poder leer por el ruido permanente que invade nuestra vida; odio la literatura contemporánea por insulsa e insustancial; odio la literatura antigua por carente de contacto con el presente; odio la poesía que carece de aplicaciones prácticas. Odio la pintura figurativa y la no figurativa; odio las vanguardias que sólo querían llamar la atención porque no tenían otra cosa qué ofrecer. Odio la música y las canciones que abusan de las rimas más básicas; odio que se denomine música a las cacofonías que salen por la radio; odio a los que viven en pose de algo que no son para engañar al resto de la gente que cree en esa pose sin darse cuenta de que son engañados. A ellos no los odio, a ellos les tengo lástima.
            —¡151! ¡Pedido 151! —gritaron desde un costado del mostrador.
            Mi pedido. Menos mal, porque ya no daba más de hambre.



18 comentarios:

José A. García dijo...

Cosas que pasan, dicen.

Saludos y buena semana para tod@s.

Nos leemos,

J.

gla. dijo...

Si...cosas que pasan
Abrazos

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

eres "El Odiado"
pues muy mal oye...
hay quite ver siempre el lado positivo de las cosas

gla. dijo...

Y yo leí tu escrito y me gustó pero no sabía que escribirte porque yo me siento a veces así

Dyhego dijo...

¡Parece que el señor se levantó un poco disgustado con el mundo, ¿no?!
:)

unjubilado dijo...

¡Oiga usted! Lo siento mucho, pero hoy me voy raudo y veloz de aquí, que ya empiezo a odiar a todo y a todos.
Saludos

Cayetano Gea dijo...

Está claro: se odia más cuando se tiene hambre. Con el estómago lleno ve uno la vida con otros ojos.
Saludos.

Ningun Records dijo...

Todo un descargo. Coincido en muchas de esas.
Falta una que se pare frente al grafitti y diga: "odio las galletitas(cookies)"

lunaroja dijo...

El pobre hambriento, hizo un listado que lo debe haber dejado con acidez! (o liberado,quién sabe!)

saludos!

Hola, me llamo Julio David dijo...

Jaja Me cuesta entender a esa gente que se pone de mal humor cuando anda con hambre (como si llevaran una semana en ayunas) cuando apenas aplazaron su comida en unos minutos u horas. Imagino que, con justa razón, y si actuáramos todos iguales, los que de verdad mueren de hambre deberían ser terroristas.
Te dejo un abrazo.

Guillermo Castillo dijo...

Saben, muchas de esas cosas escritos me están sucediendo. Pero puede más el deber que el desertar. Digo yo.
Saludos a todos donde quieran que se encuentren.

Maria Rosa dijo...


Ese es el problema José, el hambre. Cuando el estomago se pone ruidoso, odiamos a todo el mundo, hasta al mozo medio tonto que nunca llega, por lo lenteja.

Cariños.

mariarosa

maría del rosario Alessandrini dijo...

Creo que es un sentimiento abismal que no existe, todo lo damos vuelta y tu sales airoso, una genialidad José.
Abrazo

Frodo dijo...

Para eso existen las ideas y la buena prosa, para todo lo demás (dicen) existe una tarjeta de crédito

Abrazo y buena semana!!!

Angie Pagnotta dijo...

Me gustó todo.
Primera vez aquí.

besos

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

yo no odio nada ni a nadie, creo que es mejor la indiferencia..
1 beso

Boris Estebitan dijo...

Parecía un descargo necesario. Saludos desde El Blog de Boris Estebitan, que estás bien amigo.

José A. García dijo...

Gracias por las visitas y comentarios, como siempre, son lo más interesante de este blog.

Nos leemos,

J.