Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 13 de mayo de 2018

Vacaciones


Habían intentado convencerme en varias oportunidades, con argumentos endebles y criterios que en nada se acercaban a la realidad, por lo que siempre me negué, a cumplir con el mandato social de vacacionar en temporada veraniega. En cada oportunidad encontraba la manera de continuar con mis actividades o, en todo caso, descubría que contaban con el tiempo real para dedicarme a las mismas. Tampoco entendía muy bien el motivo de dispendiar un dineral con el único fin de conseguir una serie de fotografías de dudosa calidad en paisajes bien conocidos, recuerdos deslucidos por el cansancio que amerita el visitar cada sitio señalado como digno de serlo en las guías de turismo, acarrear costosos souvenirs mal construidos, peor acabados y mal recibidos por quienes pensamos que se congraciarían con nosotros por obsequiarles con algo tan horrendo, como algo que debía hacer sí o sí.
            Transcurrieron años en los escuchaba, una y otra vez, las mismas anécdotas, de las mismas personas, con mínimas variaciones que ellos no distinguían pero que, gracias a mi memoria, podía ver sin dificultades. Eso para no mencionar las discusiones que se generaban cuando señalaba tales similitudes y ponía en tela de juicio la validez no ya del sistema de abonar cuotas de precios inflados durante todo un año para disfrutar de 15 días de supuesto esparcimiento, sino la validez misma de todo cuanto hacíamos como seres humanos.
            Poco a poco logré que nadie me incluyera en sus conversaciones.
            Decir que perdí demasiado por ello es faltar rotundamente a la verdad.
            Logré, en cambio, que nadie notara mi ausencia cuando por fin decidí poner en práctica cada una de las recomendaciones sobre las que había tomado nota en los últimos años y partí a realizar mi viaje iniciático. Claro que nada tenía de inicio ni de descubrimiento, ni de cosa parecida; era, tan sólo, alejarme de la vorágine habitual antes de reiniciar, una vez más, porque no existía otra opción, la rutina.
            Me escapé, al lugar más inesperado, más recóndito, menos fotogénico y en el que esperaba que nada sucediera fuera de lo normal. Pero, maldita sea mi suerte, ni siquiera así, viviéndolo en el secreto de que solamente perduraría de mi viaje el recuerdo del mismo, logré mi cometido.
            Como podrán notar por la única fotografía que conservo de ese momento, con la que pretendía recuperar la vieja tradición de las tarjetas de visita, hasta que me di cuenta del valor histórico incalculable de la misma y semejante cometido quedó trunco. La viralización posterior, a cargo del imprentero que debía realizar las tarjetas y que notara la particularidad de la fotografía, me quitó cualquier posibilidad de nada.
De seguro ya conocen la fotografía de la que hablo, aquella en la que se ve, en un segundo plano descuidad y mal enfocado, porque no era eso lo que realmente importaba, el inicio de la invasión que actualmente nos encontramos enfrentando. Y ello a pesar de las claras señales que indicaban que en aquel lugar sucedían cosas extrañas.
            De por sí, fueron mis primeras y últimas vacaciones por igual.

9 comentarios:

José A. García dijo...

Hay historias en (casi) todas partes...

Saludos,

J.

JLO dijo...

ya me imaginaba que eras argentino jaja... una invasión horrenda, llena de desocupación y pobreza... terrible....

y no sabés lo que te perdés en Mar del Plata en pleno enero ja... yo lo disfruto mucho... saludos!!

José A. García dijo...

JLO: Sólo por nacimiento, no por elección.

Nos leemos!

J.

Frodo dijo...

Muy bueno encontrar tantas historia a esa imagen, esa pintada.
Si que era un lugar inesperado, recóndito... me recordó mi viaje por el norte, cuando perdí el micro que debía llevarme a Iruya

Muchas son las veces que el cartel te lo advierte, pero uno no lo quiere creer.

Este verano no fui a ningún lado, y no por eso me sentí un alien. Si debo confesar que me gusta mucho viajar, no así tanto en temporada (no estoy tan loco como JLO, que ya lo veo en la Bristol el 16/01). Pero cuando puedo cazo la mochila, algo de dinero (no saco mi dedo del bolsillo si no es para garpar un pasaje) y a viajar

Me gustó muchísimo este relato, la imagen acompaña...un diez
Abrazo!

lunaroja dijo...

A veces,salir de vacaciones estresa más que quedarnos en casita tan a gusto!
Me gustó mucho tu relato. Realmente agobiante por momentos con la sensación de la presión que recibías por todos para que te fueras de vacaciones.
Aquí otra compatriota que no vacacionó mucho cuando vivía en Argentina!
Un saludo!

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

los que tenemos hijos pequeños, debemos nuestras vacaciones al periodo estudiantil...
es cierto, que preferiría vacacionar en otro mes y en otros lugares.. pero mientras tenga los hijos a mi cargo, seguiremos en las mismas....
besos.

Maria Rosa dijo...


¡Te pasan todas José! Espero que los integrantes del plato volados no te hayan llevado a vacacionar a marte....
Siempre originales tus propuestas, muy buena la imagen

mariarosa

Nino Ortea dijo...

Hola, José:
Me ha sorprendido mucho tu relato ¿ficticio? —cuando veo el comportamiento de bastantes de nuestros teóricos iguales, me pregunto si no estaremos siendo sustituidos por unos marcianos—,
Como bien señalas somos tan previsibles, o la mayoría estamos tan aborregados, que incluso las actividades de tiempo libre las hacemos cómo y cuándo se nos manda. ¡La dictadura de la moda es la monda!
Feliz semana, José.

anuar bolaños dijo...

Somos la historia que inventaron entre varios.