Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
...

domingo, 28 de enero de 2018

Ginkgo (El adiós)

Al descubrirlo sintió una fuerte atracción hacia él; sin una explicación racional, sin mucho sentido del por qué, sentía una extrañeza familiar al encontrarse junto al árbol para quien él era apenas un instante en su existencia.
            Tal vez haya sido el descubrirlo en el momento indicado, cuando sus flores amarillas esparciéndose por las cercanías tiñendo con su tonalidad el paisaje. Llevaba años pasando por los mismos lugares, estaba seguro de haber mirado en esa dirección sin haberse percatado antes de algo semejante. Pero, sin embargo y de improviso, allí estaba, la atracción irrefutable de sus ojos junto con el resto de sus sentidos. Sin poder sustraerse al aroma de la tierra húmeda y las hojas que comenzaban a descomponerse sobre ella.
            Era un magnífico símbolo.
            Tanto que apenas dudó en la decisión que tomara en la soledad más atroz que sintiera desde la profundidad de sus pensamientos. Sabía que no era solamente una idea sin asidero, sino, al contrario, la realidad que se encargaba de demostrarle lo solo que se encontraba.
            Como siempre lo había estado, aún cuando fuera incapaz de nombrarlo de ese modo en años anteriores.
            Sin familia; último descendiente del único hijo de una familia que fue yéndose poco a poco.
            Sin amigos; porque desconocer, entre otras cosas, el arte de la hipocresía.
            Sin mores; porque nada (ni material ni emocional) tenía para compartir.
            Cargado de pasado; viviendo un presente constantemente indefinido; carente de futuro como no podría ser de otro modo.
            Su única costumbre era salir a caminar dando paseos cada vez más extensos para evitar las horas vacías en el pequeño monoambiente sin luz natural, sin aire puro, sin nada; paseos que lo llevaban por caminos extraños, desconocidos, pero siendo incapaz de perderse, de mezclar sus pasos en otra dirección. Acababa siempre por regresar al punto exacto del cual decidiera partir.
            Pero ese día había sido, finalmente, la excepción.
            Un algo indefinido, quizás un aroma, un color, una sensación extraña en el aire, el sonido del viento silbando entre sus ramas susurrándole melodías de sabiduría en sus oídos, lo condujo frente a ese ginkgo perdido en medio del bosquecillo que dejaban crecer fuera de los límites de la ciudad, a horas de caminata de todo y de todos. Se sabía solos en el mundo, perdidos en la inmensidad de la vida, del universo, de la nada.
Su decisión no cambió.
Era una suerte que tuviera la costumbre de llegar en sus extensos paseos la pesada y gruesa soga con el nudo siempre a la expectativa.

8 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

Te traigo nuevamente azúcar es dorada y orgánica tiene casi el color amarillo del bello árbol de tu texto. Sigue lloviendo en Miami
Y esta fresco

Ningun Records dijo...

Y se ahorco nomas..

Fanny Sinrima dijo...

Es un árbol originario de China, pero muy bien adaptado en nuestros jardines.Sus hojas en forma de abanico, de un amarillo intenso en otoño,son muy atractivas, pero no tanto como para colgar la soga en él. Muy al contrario: ver esta maravilla invita a vivir.

Me has recordado una película iraní: "El sabor de las cerezas".Un hombre desea suicidarse y encuentra un cerezo. Se sube para anudar la soga, pero prueba las cerezas y recobra las ganas de vivir.

Saludos, J.Antonio.

José A. García dijo...

Recomenzar: En Buenos Aires hace calor y humedad, mucha humedad, como siempre esta ciudad.

Ningún Records: Pues sí...

Fanny: Recuerdo la moda del cine iraní hace unos años en Argentina, pero nunca me plegué a ella, ni a ninguna otra moda. Siempre por afuera y lejos de todo/todos.
Es cierto, es muy interesante este árbol también porque se lo considera un fósil prehistórico ya que carece de contacto genético con cualquier otra familia de árboles, es único en sí mismo. Y tal vez su antigüedad es lo que le permite adaptarse a cualquier sitio.

Saludos,

J.

ოᕱᏒᎥꂅ dijo...

cuando se está mal, debe ser todo un lujo pasear y parar bajo semejante árbol... nunca he visto uno en directo
besos.

yobailopogo! dijo...

yo nunca he sabido de donde viene la ginkgo bilova es mas no se ni como se escribe

Frodo dijo...

Muuy bueno J.!
Tal vez no se animó y ahora está en su monoambiente despertando con resaca, todo transpirado, con un quilombo terrible en el bocho y en el monoambiente y con una boleta de luz para garpar que le pasaron por abajo de la puerta

Abrazo!

José A. García dijo...

Magnética: Si, es como tú dices.

Yobailopogo: Lo descubrí de casualidad, buscando datos sobre otras cosas en la web. Es interesante.

Frodo: Es una versión 2.0 de la historia, donde en verdad no pasó lo que pasó, sino que todo era un sueño narcótico.

Saludos,

J.