Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 14 de enero de 2018

Drago

La sorpresa inicial dio paso al estupor; podría haber avanzado un poco más y llegar al pavor, al terror sin límites. Su curiosidad, sumada a la nula formación, pudo más y le indujo a pensar que existían demasiadas posibilidades de que allí hubiera otra cosa que mera superstición. Después de todo, sabia que los árboles no sangran.
            Al menos no con una sangre similar a la humana; rojiza, pegajosa y tibia. Eso lo sabía, pero la leyenda hablaba de una anciana bruja que, escapando de los inquisidores que la perseguían sin descanso, se internó en el bosque sin volver a ser vista jamás. Los inquisidores regresaron con las manos vacías a sus iglesias sedientas de fuego y dolor; llevaban, en cambio, la certeza de que aquella vieja era realmente una bruja y se había transfigurado en árbol para evitar la hoguera. La bruja formaba parte del bosque.
            Por esa razón pocos eran los que se atrevían a atravesarlo desde entonces.
            Pero era sólo una leyenda, tenía que serlo. Las brujas no se convierten en árboles. Las brujas no existen, o no debería existir. Así como tampoco debería un árbol sangrar. Sin embargo, allí estaba, viendo como aquel grueso y rugoso tronco se desangraba hasta la muerte luego de que golpeara, al pasar junto a él, la corteza con la vaina de la espada.
            ¿Por qué no quemaron el bosque cuando la bruja desapareció en él? ¿Por qué nadie arrancó de aquella tierra hasta el último raquítico tallo?
            Respuestas que carecían por completo de interés en ese momento. Era evidente que nadie lo había hecho y la bruja-árbol, el árbol-bruja, del que se hablara durante siglos acababa de quedar al descubierto.
            El miedo lo embargó durante unos instantes.
            Se arrodilló en la tierra formando un cuenco con sus manos para juntar la sangre derramada y beberla, como una ofrenda a sí mismo. Bebió cuanto pudo antes de desfallecer y caer vomitando el brebaje que intentara tragar tal vez creyendo que adquiría, de ese modo, alguno de los poderes de la oculta hechicera.
            Allí se quedó, junto a las raíces de un árbol que moría lentamente, hoja por hoja, gota a gota, desangrándose a su lado.

6 comentarios:

José A. García dijo...

El árbol Drago, también conocido como el árbol de los alquimistas y un montón de cosas similares.

Nos leemos,

J.

BEATRIZ dijo...

Que buen cuento, y apto para todas las edades, hacen falta cosas asì por la virtualidad.

Me gustò.

Claro, nos leemos.

lunaroja dijo...

Qué bonito! Me gustó mucho! El Drago milenario en la Isla de Tenerife, es maravilloso!
(yo tuve un drago en mi balcón) Es una especie extraña y hermosa, no me extrañaría que tuviera conexión con las brujas! :) Un abrazo! (gracias por tu comentario!)

TORO SALVAJE dijo...

Qué historia tan mágica y tan tremenda....

Maria Rosa dijo...


Parece una leyenda de esas que contaban los indios sobre los árboles, cada uno con su historia. Muy bueno José.

mariarosa

RECOMENZAR dijo...

te dejo azúcar para que pongas cuando escribes miel en tus palabras
sé feliz
un abrazo enorme