Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

domingo, 25 de junio de 2017

Hasta pronto Adam

Ciertas noticias duelen más que otras; impactan de una manera en los cimientos de nuestro ser que resulta imposible de explicar (o comprender) cómo es ello posible. Sin embargo, sucede de la manera más inesperada. Tragedias mayores acontecen, traumas que pocos podrían superar y que en nada nos afectan; son otras situaciones, mínimas e inesperadas, las que se visten con los ropajes más devastadores.
            De nada sirve armar una lista con las situaciones más atroces que deberían realmente afectarme, porque poco aportaría a mi particular sentir y, en verdad, tampoco viene al caso. Y es que lo personal tiene una característica singular que lo vuelve individual y perturbador en cierto modo, porque todos estamos un poco perturbados aún cuando no queramos aceptarlo o nos preocupemos más por negarlo que por aceptarlo.
            Es cierto que, viviendo aislados en el extremo del mundo, llegué tarde a su mejor obra (algunos sostienen que se trata de su única obra, no discutiré con ellos). Unos 25 años después de su estreno veía sus inverosímiles aventuras en una televisión plagada de aburrimiento y formalismos. Varias generaciones quisimos ser como él; supongo que la de los finales de la década de 1980 habrá sido la última, allí se cortó la cadena. Fue entonces cuando la luz se volvió oscuridad, la alegría se tornó en pesadumbre y la diversión comenzó a parecerse demasiado al dolor como para poder disfrutarla.
            Años transcurrieron, incluso habrá quienes piensen que fue lo mejor que pudo haber sucedido, acumular cantidad de años entre eso que fue y esto que se es ahora. El tiempo, por su parte, nunca dirá nada, continuará avanzando en silencio, como siempre lo ha hecho.
            Un mundo más tarde, uno o dos intentos de cumplir con los mandatos sociales autoimpuestos, una sucesión de fracasos cotidianos, una rutina detestable, problemas de salud que ni siquiera deberían de ser una preocupación. El fiasco de ver cómo se replican una y otra vez los mismos guiones en la televisión local (por no hablar de las mismas personas no sabiendo fingir frente a las cámaras), actividades repetitivas, elecciones que no representan ninguna posibilidad de opción, un vocabulario cada vez más reducido. Los días luciendo un poco más grises cada vez y la amenaza de un definitivo final, nos llevan a ocultarnos de muchas cosas, de las que tienen valor real o figurado. Aún cuando sea lo mismo, porque todo valor es relativo.
            Un día como cualquiera de los descriptos en el párrafo anterior, nos llegó la noticia de su muerte y ya no fue un día más. Imposible que lo fuera.
            Se transformó en un día para rememorar la infancia, lo vivido, ese pasado que no volverá, lo que se fue y lo que se perdió en el camino. Un día o dos, tal vez tres, de nostalgia, de añoranza y de melancolía, de revisar viejas diapositivas de memorias luminosas y alegres, felices y vivaces.
            Días de recuerdos que acabaron, por supuesto, en una ridícula epifanía de autoconocimiento mezclado con toques de hedonismo y algunas pizcas de otros condimentos que no vienen al caso. Momento, finalmente, luego de tanto hurgar en la memoria, de aceptar, de una manera u otra, por propia voluntad u obligados por las circunstancias, de que, después de todo, esa infancia que pretendíamos recuperar, esa infancia que es mi infancia y la de muchos otros, lleva años muerta en mi interior. Y que esta despedida no hace más que echar sobre tanto recuerdo, sobre mi memoria, una palada más de la siempre necesaria tierra del olvido.
            Hasta pronto Adam West, te llevas contigo la mayor parte de mis alegrías. Espero que las disfrutes tanto como supe disfrutar de tus aventuras.

Ya quisiera más de uno tener semejante bronceado... 
Y no hablar de esas tablas

11 comentarios:

José A. García dijo...

Hasta pronto Adam.

Saludos y suerte

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Hizo bastantes cosas como actor en off, en una serie animada al estilo de esa serie.
Pero creo que lo mejor que hizo fue en Batman la serie animada, como el actor que personificó a The Gray Ghost, El Fantasma Gris. En una serie que inspiró al pequeño Bruce Wayne para ser Batman. El episodio cuenta también los problemas de actor a l no ser contratado, teniendo que ver incluso el disfraz que usaba en la serie. Que es devuelto por Batman.
El episodio se llama Cuidado con el Fantasma Gris.

AdolfO ReltiH dijo...

PARTE DE BATMAN SE FUE CON ÉL.
ABRAZOS

Maria Rosa dijo...


Se fue la ilusión de muchos que disfrutamos de sus aventuras con ruido de piñas agregados. "Wooow" "Pafff"

maiarosa

Geraldine, dijo...

Sin dudas el verdadero batman, sin tantos efectos especiales, 3d y esas cosas de hoy...

RECOMENZAR dijo...

Me encanta este texto
Me gusta como lo has escrito
Un abrazo grande desde la noche de Miami

Juana la Loca dijo...

bueno, no podemos ser eternos.. por cierto, no conocía a este señor
besos

thor dijo...

Paz a sus restos, la verdad se lo merece el señoron

Frodo dijo...

Mira vos que bien se te dan las crónicas y escritos personales J.
Nostalgia, pura nostalgia esa entrada. Me impacto esa metáfora de las paladas de tierra

Abrazo grande de alguien que siempre tuvo a Adam West como personaje para el chiste fácil , y que sin embargo reconoce que trajo mucha alegría a este mundo

la MaLquEridA dijo...

Batman el primer y único superhéroe que podía ver sin aburrirme. (Los demás ni siquiera llamaron mi atención).


Un abrazo

LA ZARZAMORA dijo...

Magnífica necro.
Qué de recuerdos.
Abrazo, José.