Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 20 de noviembre de 2015

Las aventuras intergalácticas de los sobres de ketchup caducos.

Capítulo 22 – De la amistad


—¿Cuál estimas —comenzó su nueva ronda de preguntas el ketchup caducado en algún olvidado mes de abril— que es el bien más preciado?
            —Antes de responder a ese cuestionamiento —dijo el ketchup de octubre—, primero debes definir qué hay que entender por un bien. ¿Es un objeto? ¿Es una cosa? ¿Es una idea o una actitud? Por otro lado, también definir qué significa preciado. ¿Lo hace por su valor de cambio? ¿Por su unicidad? ¿Su particularidad de hacernos sentir especiales?
            —¿Por qué siempre complicas hasta las cuestiones más sencillas?
            —Para demostrarte que si antes de molestar a otros con tus preguntas las pensaras, verías que las respuestas están allí, en ti mismo —respondió el ketchup de octubre.
            —Todo para que no interrumpa tu meditación—se quejó el ketchup de abril.
            —Por supuesto, pero también para que estimes tu propia razón por sobre todas las cosas. De otro modo, siempre dependerás de que alguien más te muestre cada solución.
            Flotaron, nuevamente, en silencio, por unos instantes.
            —¿Y bien? —preguntó, ésta vez, el ketchup de octubre.
            —¿Qué quieres saber? —dijo el ketchup de abril.
            —¿Cuál es tu definición del bien más preciado? —preguntó el ketchup de octubre, no porque realmente quisiera saberlo, sino para darle una oportunidad de expresarse a su compañero.
            —Ah, eso. Con un bien me refería a algo que es tuyo, que es particular, que para alguien más puede carecer de sentido pero cuya importancia se la otorga el valor que cada uno puede darle.
            —Continúa —dijo el sobre de aderezo caducado en algún octubre pasado.
            —Entonces, al depender de cada individuo, el valor de dicho bien será, también, variable.
            —¿Qué significa eso? ¿A qué conclusión llegamos?
            —A que no importa lo que diga y/o haga, mientras sea importante y tenga sentido para mí mismo, y que a los demás los parta un rayo. ¿Correcto?
            —Correcto —dijo el ketchup de octubre sabiendo que, si tuviera boca, estaría sonriendo—, sobretodo en la parte del rayo.

5 comentarios:

José A. García dijo...

Uno más... y nos vamos acercando al final...

Saludos y Buen fin de semana

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Por fin se ponen de acuerdo en algo.

Marián dijo...

Ya lo dijo Sartre estamos condenados a no entendernos...todo lo nuestro son malosentendido, tanta erudición...mejor tirarlo a la basura, como ese Ketchup caduco...
Buenas noches.

censurasigloXXI dijo...

Estos dos sabios sobrecitos harían furor en la escuela platónica...

Un socrático cafelito, amigo.

Martha Barnes dijo...

Lo importante es entenderse a uno mismo,,,,,y a los demás" dejarlos correr "!entenderse a uno mismo , no es fácil, pero con una consciente meditación llegamos a la conclusión de que lo que nos hace bien es , tener salud,no desear cosas materiales ,mas de lo que realmente nos haga falta para vivir sin sobresaltos ,no odiar al prójimo, ,,,,Buscar PAZ, !!!!!!Sí ya se que cuesta !! un beso Martha ,,,!Contestá los mensajes!!!Todo tus seguidores los esperamos