Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

domingo, 1 de noviembre de 2015

Año Dieciséis, Semana Dieciséis

¿Domingo otra vez?
            ¿Cómo es posible que el tiempo se escurra tan rápido sin que nos percatemos de ello? Si parece que ayer era lunes cuando ya es sábado por la noche y ni siquiera comenzamos a pensar en todo lo que nos proponíamos realizar durante la semana.
            En fin, el tiempo corre cada vez más rápido o nos volvemos cada vez más lentos; podemos proponer cualquiera de las dos explicaciones clásicas, aún cuando sus respuestas no nos satisfagan por completo.
Intenté escribir durante la semana, entre colegio y colegio, pero la incoherencia reinante entre esos pocos párrafos me llevó a descartarlos sin miramientos. La docencia absorbe cualquier intento por hacer algo diferente a reproducir el sistema aún cuando nos devanemos los sesos por encontrar una respuesta; la inercia es más fuerte, la escuela es un monstruo que no cambia, que fagocita a quienes se encuentran en su interior y no tienen la suerte de salir en el momento adecuado. Las ideas de cambio no pasan de ser meros intentos para que algo se modifique en el interior de una institución cuyo verdadero sentido se perdió hace tanto tiempo que nadie parece dispuesto a reconocerlo por temor a perder el trabajo, su único medio de subsistencia, y quedarse en la calle (los docentes no lo hacen, pero tampoco los gremialistas, ni los políticos y/o técnicos vinculados a dicha actividad), todos se mienten a sí mismo y a los demás con igual impunidad.
            Y junto con las ideas, la energía, la voluntad, la creatividad y, a la larga, la alegría. Eso explica la existencia de tantos profesores con años de antigüedad amargados que se encargan de repartir ponzoña entre los recién llegados, diciendo que ellos conocen la verdad, que saben cómo funciona el sistema y cómo han podido vencerlo en juego. Es sólo que lo que realmente sucedió es que transformaron en un engranaje más del sistema, uno tan pequeño que pasa desapercibido y nadie nota ni se preocupa cuando deja de cumplir su tarea por jubilación o muerte, que en algunos casos es posible utilizarlos como sinónimos.
Por eso mismo es recomendable tener siempre dispuesta una salida rápida de todos los problemas. Imagino que muchos lo han intentado, pero pocos son los que realmente llegarán a lograrlo.
De todas maneras sigue pareciéndome difícil de creer que sea domingo nuevamente.

5 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

Así es, es domingo de nuevo. La vida pasa demasiado rápido sin tomarse la molestia de dejar recuerdos.


Un saludo

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Tempus fugit, el tiempo parece pasar tan rápido, a pesar de que algunas circunstancias, parece pasar tan lento, en circunstancias desagradables, que parecen interminables.

Saludos.

Maria Rosa dijo...


La culpa no es del tiempo que pasa rápido, la culpa es del tiempo que hace que nacimos; hay que reconocerlo, somo más lentos.
Un abrazo.

mariarosa

BEATRIZ dijo...

Todo depende de porqué se llega a ese lugar, entonces vienen el quedarse o el seguir buscando para no mentirse, todo es decisión.

Y ya es casi Domingo una vez más. Saludos.

NN dijo...

Acá aparece la respuesta al temor que todo estudiante de profesorado, con un poco de criterio, se hizo alguna vez: Peor, la respuesta confirma los miedos más desalentadores. Al orden del día de las cátedras más “progresistas”, están los textos de pedagogía crítica, que hacen interesantes análisis de situación –muchas veces de contextos que distan bastante de lo que podría ser una escuela marginal del conurbano, ponele- y proponen al docente como un agente capaz de generar propuestas contra-institucionales dentro del aula. Reconociendo las formas de reproducción social y desarticulándolas, el maestro/ profesor se erige como la flor de loto, en una visión romántica que se hace mierda contra la realidad. Debo confesar que, en algún momento de mi “formación” (si es que los profesorados capacitan para dar clases), sucumbí a la tentación de varios audaces autores, hasta que muchos que empezaban a andar (y otros a desandar) el camino de la docencia, me confirmaron que la institución se impone y se hace carne. Vi a compañeros que en un principio contaban su entusiasmo y sus logros, ceder 4 ó 5 años después, al encontrarlos casi por casualidad. Mi propia y poca experiencia me demostró que uno juega en desventaja, con todas las cartas en contra y que las victorias son pocas (por eso, particularmente sabrosas); tanto que algunas tal vez ni lo sean, aunque uno prefiera percibirlas como tales.
Me encantaría leer alguien con una prespectiva más positiva....