domingo, 4 de octubre de 2015

Año Dieciséis, Semana Doce

La semana anterior comentaba lo mediocre que se ha vuelto un cierto género musical en cierto tipo de emisoras de radio. La mayoría de los comentarios al respecto fueron que debía cambiar de emisora; por lo que he de creer que aquello que pretendía decir no se entendió del todo. Y es que no me refería puntualmente a ese específico estilo de hacer música, sino a todo el conjunto del arte.
            Me dicen que cambie a una emisora de rock, ¿quién me asegura que en las 168 horas semanales de música no encontraré algo similar? ¿Quién me asegura que en una radio de música clásica no terminarán pasando la misma sinfonía, preludio, nocturno u opera dentro de unos pocos días?
El problema radica en la necesidad de llenar el espacio radiofónico de todas las emisoras al mismo tiempo con una cantidad limitada de música existente; de cubrir la programación de todos los canales de televisión (de aire y de cable) del mundo; de cubrir la demanda editorial de más de 28.000 títulos anuales nuevos solamente en Argentina (según informes de la Cámara Argentina del Libro que lo ven como un éxito cuando no lo es); en actualizar los portales de novedades cada una hora o cada media hora según la importancia que se le quiera dar a tal o cual noticia; la imposibilidad de lograr una lectura profunda y comprensiva de lo que llega a nuestras manos porque creemos en esa falacia de que no tenemos tiempo para nada. La cultura de lo inmediato, de lo nuevo, de lo quiero todo ahora inmediatamente sin tener que esperar siquiera un segundo y si el libro tiene más de 20 páginas sin una fotografía o una ilustración o la letra demasiado pequeña no lo compro tampoco quiero el disco si no lo encuentro en mp3 en la primera página de resultados del buscador porque ya dejó de interesarme además de que encontré otra cosa con la cual distraerme, y una sucesión inédita de etc.
            Así, el adagio de Warhol que todo el mundo cita como una gracia y una gran verdad, perjudicó al universo social y cultural creando una necesidad irrefrenable de cumplir con el mismo. No importa el cómo, sólo cumplirlo. La proliferación de supuestos programas de televisión que muestran una realidad guionada hasta el menor de los detalles señala el camino que siguen el resto de las creaciones artísticas. La peor parte es que preferimos creerles, aún cuando usemos el ojo más crítico que podamos lograr, en lo profundo de nuestro ser queremos creer en que eso que miramos en realidad. Que es necesario ver las fotos de mujeres (porque casi siempre son mujeres) que la prensa señala como las más bellas del mundo haciendo lo que cualquier otra persona también hace pero no necesita sacarse 3.500 fotografías para documentarlo, que tenemos que estar al día con la situación sentimental de las pseudo-estrellas de televisión porque en cualquier concurso sobre cultura general pueden preguntarnos una estupidez semejante, pero nunca te preguntarán cuál fue el primer libro publicado por Borges, eso no es importante para nadie, ni para nada.
            La masificación de los bienes culturales no debería de por sí generar una baja en su calidad, al contrario, debería de ser un triunfo de los creadores que logran mantener un cierto nivel para apuntar cada vez más alto. Pero en la actualidad se mira cada vez más hacia abajo. Es necesario un mayor esfuerzo que antes para darse cuenta que existe la vida por fuera de las aplicaciones de moda y los juegos para perder el tiempo que podríamos usar para escribir, leer, componer nuevas canciones o dedicarnos simplemente al amor.
            La pulsión hacia la distracción es cada vez más fuerte. Cualquier cosa que sucede a nuestro lado, sea dirigida a nosotros o no, nos distrae. Cada vez desde más pequeños nos llevan a eso, a que el menor soplo de brisa, un mosquito sobrevolando nuestra mano, un sonido perdido en la inmensidad del silencio, el anuncio de un nuevo producto en cualquier medio de comunicación o incluso nuestra propia respiración. La concentración se ha vuelo un lujo, al igual que a introspección, la reflexión y el no dejarse llevar por lo que piense la mayoría acerca de cualquier tema.
            Si, hablaba de un estilo de música en un tipo particular de radio, pero intentaba una metáfora de lo que lleva sucediendo en la cultura en las últimas décadas; quizá con la leve esperanza de que en algún momento este flujo de sin sentido comience a menguar y se pueda, finalmente, cambiarle el signo decadentista a la producción cultural del siglo XXI. De otro modo estaremos todos mucho más perdidos que antes.

6 comentarios:

José A. García dijo...

Espero sus nuevos comentarios.

Saludos!

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Sin embargo, yo entendí. Pero no supe explicarme hasta que punto había entendido. Claro que las otras radios no están exentas de pasar música repetida, calcada, con los mismos patrones repetitivos. Pero en algunas radios eso se nota más. Algunos medios le dan un cierto lugar a músicos que merecen oportunidades.
Y libro extensos que son leídos, aunque suelen ser los de género épico fantástico, adolescente-juvenil, del que se han burlado en un capítulo de Los Simpsos. Serie que fue innovadora hasta la temporada 15, aproximandamente. Y se ha vuelto algo repetitivo. Pero lectores todavía quedan con voluntad para leer libros.
Y las películas suelen ser extensas, de más de dos horas, sin que los espectadores se aburran.

Los de canales de noticias es algo distinto, no tiene que ver con el arte. Salvo la belleza de sus conductoras, dignas de ser musas inspiradoras.
Siempre hay quienes se resisten a las falsas realidades guionadas. Me cuento entre esa gente. Aunque reconozco que me gustan las fotos de las mujeres de destacada belleza.

Tal vez siga sin poder explicar que te entendí, colega demiurgo.

thor dijo...

En algunas cosas, la producción en masa a funcionado de maravilla y si la mezclas con la globalización, mejor. Creo que hasta los mismos neo marxistas (conocidos como mamertos) se han beneficiado de ese engendro que tanto odian.
Pero pareciera que en otras cosas, la masificación no ha tenido buenos resultados, el regueton es una muestra que mientras vas barrio bajo sea la letra, siempre tendrá gente por lotes para escucharla, por muy escueta que sea la narrativa, siempre tendremos millones de nuevos best sellers de calidad dudosa y más reciente, pues personajes del youtube escribiendo libros.
En el caso de Venezuela ¿De que nos ha servido tantos galardones en los cuestionables concursos de belleza cuando la educación deja mucho que desear? Pero bueno, Venezuela es el circuito donde los reguetoneros y sus primos los que hacen otros géneros tropicales miden la "calidad" de su trabajo.
Yo preferiría escuchar a Gardel por un rato, honestamente

Ningun Records dijo...

la industrializacion del arte al servicio del consumo, del negocio.

gla. dijo...

Luego comento esta entrada que parece tan interesante...ahora no lo entiendo muy bien
Si pensamos en la libertad de ser...es lo que piden y cada uno merece lo que obtiene...claro que siempre están los escapan de la regla...es esperanzador
Y eso que nadie mencionó el humor que prefiere el argentino común
No se si entendí...creo que no
De todos modos...la mediocridad está en todos lados...repetitiva y cansadora
Abrazos

la MaLquEridA dijo...

¡Mátame, no sé cuál es el primer libro escrito por Borges! ¡A la horca conmigo!