Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 20 de agosto de 2015

Las aventuras intergalácticas de los sobres de ketchup caducos

Capítulo 19 – Sobre la duda


—Me gustaría saber —comenzó, como siempre lo hacía, el sobre de ketchup caducado en un olvidado mes de abril—, por qué siempre dudo. Porque todo me resulta tan necesario de explicación y/o justificación.
            —Y por qué nunca acepas mis razonamientos —acotó, flotando junto a él, el ketchup de octubre.
            —Si, eso también. ¿A qué se deberá mi estado natural tendiente a la duda?
            —Todos, cualquiera de nosotros, dudamos. Eso es bueno. Pero sólo en las dosis adecuadas —explicó el ketchup de octubre—, sobre algunas cosas mejor nunca dudar.
            —¿Por qué no? —preguntó el otro sobre de aderezo rancio.
            —En esos casos, la respuesta es tal que podría causarnos dos reacciones opuestas. Acabar con todas las dudas, aún la menor.
            —Eso es interesante —dijo el ketchup de abril girando sobre sí mismo en el vacío del cosmos.
            —Con lo cual estaríamos, por cierto, muertos.
            —Eso no lo es tanto —continuó el ketchup de abril—. ¿Por qué lo dices?
            —Porque si no está muerto lo que yace eternamente, los muertos que lo hacen carecen de la posibilidad de dudar. Porque, ¿para qué hacer si de todos modos ya han agotado su vida?
            —Los muertos, entonces, no dudan —resumió el ketchup de abril.
            —Así lo entiendo —respondió el ketchup caducado en algún pasado mes de octubre—. Así me lo indica mi razonamiento.
            —¿Y cuál es la otra reacción que mencionaste?
            —Cierto, tú no olvidas nadas —dijo el ketchup ya no tan revolucionario de octubre—, la otra opción es que la respuesta a ese tipo de dudas abra una infinidad de nuevas cuestiones, de subdudas, razón por la cual pasaríamos nuestras vidas enfrascados en esos diminutos cuestionamientos, desprendimientos de la gran duda, hasta que, inevitablemente, acabemos…
            —Muertos —concluyó el ketchup de abril en tono sombrío.
            —Probablemente sea así.
            —Entonces, algunas dudas, mejor no enfrentarlas.
            —Al menos no con las herramientas actuales —explicó el ketchup de octubre.
            —¿Qué propones hacer, entonces? —quiso saber el ketchup de abril.
            —Continuar razonando —dijo el ketchup de un antiguo revolucionario octubre—, en silencio, por supuesto.
            —Por supuesto —fue la última acotación del ketchup caducado en un dudoso mes de abril.

7 comentarios:

José A. García dijo...

Aún hacen de las suyas estos chicuelos...

Nos leemos,

J.

serafin p g dijo...

que lindo volver a leerlos a estos rancios aderezos que flotan en el cosmos mientras imparten su parlamento.

saludos!

Sera

mikkonoss dijo...

De dudas y certezas... las certezas producto de la razón son una construcción falaz, todas excepto una. Pero cuando no son producto de la razón son tales: Cuando amamos, cuando algo nos duele, cuando estamos tristes, o cuando felices, no tenemos dudas.

José A. García dijo...

Serafin: Gracias por las buenas palabras acerca de estos diminutos seres que siempre dan que pensar.

Mikkonoss: Tanto tiempo sin leernos... Muy ciertas tus palabras acerca de las dudas.

Gracias por sus visitas.

Nos leemos,

J.

Ame dijo...

José ...
El ketchup no es de mi gusto, es tan desagradablemente dulce al paladar que me es desagradable, pero estos chicos son adorables, recuerdo haberte leído con anterioridad algún otro capítulo, no sé si fueron ellos los que me hicieron quedarme en tu espacio, tienes una imaginación increíble.

Recordé situaciones que en su momento crearon infinidad de dudas en mi cabeza, como aquella noche, cuando tenía cinco y contábamos cuentos macabros [que ahora me causan risa] alrededor de una pequeña fogata hecha con unos palitos de madera en pie, derechitos en fila india, tenía una muñeca entre mis brazos y una amiguita dice, abrió y cerró los ojos tu muñeca, con los siguientes gritos y el trauma que a la fecha no resisto ver una muñeca cerca, ¿qué hubiera pasado si esa niña no le gustara mi muñeca?, quizás no habría hecho ese comentario y yo estaría sin esas locas obsesiones de que me observan o quizás fue mejor así, evitó que invadiera mi habitación con variedad de ellas. Nada que ver una muñeca con un tomate, pero si supieras toda la revolución de preguntas en torno a todo que se han gestado en mi cabeza ...

Soy un caos, algo intensa.
Un beso, José, te cuidas

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Tengo la sospechas que los personajes son microorganismos desarrollados en los sobres caducos, mutados por las condiciones del espacio exterior, hasta convertirse en inteligencias colectivas. Y que pueden morir los microorganismos individuales de cada una de esas inteligencias colectivas, siendo remplazando por sucesivas generaciones. Por los que podrían estar vivos y muertos simultaneamente.
Saludos, colega demiurgo.

Maria Rosa dijo...


Que original que son estas historias. Algo locas, pero divertidas al fin.

Saludos José.

mariarosa