Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

domingo, 26 de julio de 2015

Año Dieciséis, Semana Dos

Tres días internado en la hemeroteca. No es que me haya quedado sin ideas (al menos de momento eso creo) y esté buscándolas en diarios de principios del siglo XX, es sólo que debo terminar mi tesis de maestría, para la cal me falta el detalle de comenzar. Algún día, supongo, lo haré. Pero en esos tres días de mirar diarios de otra época, además de descubrir la obviedad de que los problemas de entonces son los problemas de ahora, fui incapaz de hacer algo diferente.
            Distinto fue el caso del jueves, día en el que omití la parte académica de mi vida. Temprano a la mañana me despedí del sueño con un atisbo de historia, literaria en éste caso, algo que valía la pena ser escrito. Estuve a punto de anotarla, pero el lastimero llanto del cachorro de perro que mis vecinos dejaron atado a un poste de su patio trasero (y que linda con mi patio por una medianera apenas lo suficiente alta como para no dejarme ver del otro lado) interrumpió mi pensamiento. Mi sinapsis funciona muy lenta a esas horas; antes no me hubiera molestado algo semejante, pero sí lo hace en el ahora, por lo que palabra alguna quedó anotada en la hoja de papel amarillento que pretendía destinar para tales menesteres. Pensé en denunciarlos, varias veces, pero sé que algo como eso resulta sumamente inútil en este país, por lo que desistí tan rápido como la idea tuvo lugar; lo único que se perdió esa mañana fue el comienzo (tal vez) de un nuevo cuento.
            El viernes resultó una maravilla, acomodando un poco la biblioteca, que siempre logra mantenerse dentro de la categoría de caos durante la época escolar, di con una carpeta que creía haber descartado hace años. ¿Qué había allí? Varios textos manuscritos preblog que nunca pasé en limpio, nunca terminé ni pude dedicarles el tiempo suficiente para que se transformaran en algo que valiera la pena ser leído. Sé que mucho de lo allí escrito no sobrevivirá, pero también sé que habré encontrado algo más que una carpeta que reutilizar, sólo espero que no vuelva a desaparecer antes de que pueda, por lo menos, apreciarlos en su totalidad.
            Aun cuando lo único que pude hacer fue espiar su contenido, sin una lectura atenta del mismo, este descubrimiento casual sirvió para señalar que debo de ser más ordenado con esos papeles importantes o, cualquier día de éstos podría perder la totalidad de mi trabajo en medio  de la vorágine de libros, revistas y artículos impresos que acumulo y siendo incapaz de volver a encontrarlos. Por supuesto que, para que esto no ocurra, la categoría de papeles importantes debería de ser revisada y ampliada en los parámetros de qué es lo que puede ser considerado como tal y qué no. La factura detallada de la cena del 3 de agosto de 2003 puede ser un papel importante para mi futuro biógrafo (si, siempre pienso en él aún cuando ni siquiera sé si ha nacido todavía) por no lo es en lo más mínimo para mí. Un cuento a medio terminar, por poner otro ejemplo, es un caso muy diferente.
            En la tarde del viernes intenté escribir. Me senté junto con un libro, un cuaderno y varias lapiceras para hacerlo mirando por una de las ventanas de la casa; media hora más tarde, luego de contemplar el vacío frente a mis ojos sin que mis manos tomaran el impulso de las palabras, salí a dar una vuelta en bicicleta por el barrio para despejarme de mi falta de expresividad actual.
            Otro hito de esta semana, y para cerrar el caudal de lamentaciones, terminé la lectura del último de los ocho tomos de la obra completa de Borges. Ahora sé sobre el autor exactamente lo mismo que sabía hace tres años cuando comencé. Claro que, esos tomos, no agotan el total de la producción borgeana, como cualquier breve búsqueda en la red puede demostrar. ¿Eso desmerece mi lectura?

8 comentarios:

Ripley dijo...

para poder disfrutar de la lectura y de la escritura hay que hacerlo sin agobios y te noto agobiado con todo ello. la literatura debe disfrutarse.

José A. García dijo...

Eso mismo pienso y sostengo yo...

Saludos

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

No, eso no desmerece la lectura.
Ahora estoy en el desafío de comenzar el desafío, no estoy repitiendo frases, de hacer la tarea para el curso de historieta, que empecé.

Que interesante lo que contaste, sobre escribir. Puede ser interesante lo de recuperar textos pre blog.

Boris Estebitan dijo...

Interesante el paseo por bicicleta, la inspiración regresa cuando uno sale a caminar o a despejarse, saludos.

gla. dijo...

Hummmmmmm
Interesante escrito
Yo soy una escritora...no me considero tal...sin embargo me gusta decir...entonces escribo...así simple como me gusta
La lectura siempre está a mi alcance y todo e aprovecha...eso creo
Lo que hice antes
Lo que hago ahora...es mío
Merece la pena...todo
Pero creo que no debo dejar de escribir aunque sea simple como yo soy...todo los días
Abrazos

gla. dijo...

LA RENGA
Ha lanzado un nuevo disco
Recomendado
Abrazos

Humberto Dib dijo...

Creo que la actividad que más me gustó fue el paseo en bicicleta.
Me hiciste acordar de mi época de universitario, cómo detestaba leer lo que me indicaban, cómo esperaba terminar para verdaderamente comenzar.
Un abrazo, José.
HD

la MaLquEridA dijo...

Perder la totalidad de tu trabajo sería un crimen. Cuidado con ello.


Saludos