Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 30 de abril de 2015

La clienta

La vidriera mostraba tres maniquíes luciendo los colores del verano. El de piel blanca se veía tersa y suave; le había colocado, también, un par de botas color melocotón y las pupilas anaranjadas que hacían juego. El del medio era moreno, con el pelo enrulado hasta la media espalda, el turquesa del encaje resaltaba el verde de los ojos. El tercero, el más caro, lucía un azul cielo profundo combinado con el mismo color de ojos que la última película de esa actriz de renombre había puesto de moda.
A la mujer los contemplaba desde la calle el precio le resulta excesivo para algo que terminaría como trapo de día de lluvia en poco tiempo; pero los colores eran tan preciosos, tan llamativos, tan personales, que decidió entrar.
Cuando la vieron junto a la puerta, una vendedora se le acercó inmediatamente.
—¿Puedo ayudarla en algo?
—Quería saber de qué es el traje azul de la vidriera —respondió la mujer.
—Ah, es natural. No trabajamos nada sintético, nos parece artificial.
—¿Viene en todos los talles?
—Es talle único. Pero se adapta al cuerpo. ¿Quiere probárselo?
—Por favor.
La vendedora sacó un taje similar al del maniquí de una estantería cercana y le señaló donde se encontraban los probadores ocultos detrás de un grueso cortinado para mayor privacidad de los clientes.
La mujer entró en el primero que encontró desocupado; se desvistió frente al espejo doblando cada prenda como si fueran obras de arte preciosas para guardarlas dentro de su bolso. Ya desnuda se despojó con extremo cuidado de la funda de piel color suave que la cubría, sintió el frío del lugar antes de cubrirse con la nueva funda azul, que se adaptó a su cuerpo como si hubiera nacido con ella. Por último, luego de volver a vestirse, colocó los lentes de color sobre sus ojos y contempló el reflejo en el espejo asegurándose que no hubieran quedado arrugas visibles.
Cuando quedó satisfecha ante su nuevo aspecto, salió del probador; al verla la vendedora se le acercó nuevamente, sorprendida ya que la gente no solía salir vestida con las nuevas prendas directamente del la tienda a la calle.
—Le queda perfecta, como si hubiera nacido con ella —dijo.
—No sé de qué habla —respondió la mujer con verdadera cara de sorpresa.
—El azul —respondió la vendedora.
—Es mi color natural. Nunca aceptaría usar otro —dijo caminando hacia la salida sin detenerse.
—Señorita tiene que pagar por esa funda de piel —exclamó la vendedora.
—¿Qué dice? Me está faltando el respeto —dijo en voz alta sabiendo la escena que provocaría su reacción—. ¿Por qué debería de pagar por algo que me pertenece?
—Pero, es que usted vino con una de color suave —dijo la vendedora tartamudeando.
—Voy a pedirle que no mienta. Si lo que le interesa es la comisión por las ventas, esta es la peor forma de atraer clientes —continuó subiendo aún más el tono de voz.
Una tercera mujer, vestida de guardia de seguridad, se acercó.
—¿Qué sucede? ¿Por qué grita señorita? —preguntó a la clienta.
—Aquí la vendedora presente me acusa de querer irme sin pagar.
—Se lleva la funda azul sin pagarla —explicó la vendedora en voz baja.
—Tendré que revisarle el bolso señorita.
—Por supuesto, aquí lo tiene. Para culminar de una buena vez con todas estas calumnias que se me imputan.
La mujer entregó el bolso, las otras lo abrieron, desentendiéndose momentáneamente de la mujer, del interior sacaron la funda de piel de color suave que intuía encontrarían allí.
—¿Cómo explica esto?  —preguntó la guardia mostrando la funda de piel al vacío.
La mujer, vestida con la nueva piel color azul a la moda, no se encontraba en el lugar ni se la veía por ningún lado.

7 comentarios:

José A. García dijo...

Hay gente que se arriesga para tener lo que quiere... y otros que simplemente no se dejan llevar por la moda.

Suerte

J.

Ahora hasta mi propio blog me asegura que no soy un robot.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Está claro que no sos un robot, sos un demiurgo.

¿De que están hechas las pieles que usan de cobertura? ¿Por que se usan?Todas las explicaciones que se me ocurren pensar son inquietantes.

la MaLquEridA dijo...

Espeluznante relato. Te felicito.


Un saludo o dos.

Xindansvinto dijo...

Curiosamente estábamos leyendo Nologo, de Naomi Klein, y nos encantó que la protagosnista de su relato se largara sin pagar, toda azul, vestida con la piel que el escaparate proyectaba como suya. Salud.

Martha Barnes dijo...

!Hay que tener coraje ,para desmentir lo que se ha hecho,siendo evidente!!!!!Yo vi cosas parecidas en el legendario "Hogar Obrero"Cariños Martha

taty dijo...

No sé bien por qué, no quiero caer en debates morales, pero me alegra que la heroina se saliera con la suya :)

Abrazos!

Daniela De Angelis dijo...

Las pieles mutan... De metamorfosis somos -y la literatura, desde Ovidio al gran Kafka y aquí, García-.
Gracias por el resplandor.
Saludos!
Daniela