Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Sensaciones

Las distancias resultan abrumadoras, imposibles de lograr. Estirar mi mano para tocar las superficies de cuanto me rodean es inútil, soy incapaz de hacerlo, el intentó está condenado al fracaso.
            Soy el fracaso de cuanto intento.
            Todas las cosas simulan lejanía; las palabras son susurros aun cuando veo cómo se esfuerzan en gritar junto a mis oídos.
            El universo se consume, se apaga, se termina, todo tiene un final, todo termina. Que duro es comprender que no es eterna la vida, es pura fantasía. Tanto que ni siquiera puedo imaginar de dónde provengo.
            Por momentos una luz brilla con mayor intensidad, pero luego todo vuelve a la normalidad. ¿Qué es la normalidad? ¿Qué es este mundo?
            Frío y calores intermitentes, el roce de algo (ignoro qué) contra la piel de mi estómago. Calor, el fin de la caricia, frío. Una luz fría, una palabra cálida. Un aroma, creo que lo conozco, como a flores muestras olvidadas en un jarrón. La habitación cerrada, o el campo abierto.
            Parpadeo para que mis ojos dejen de arder, pero no lo hacen o, si lo hacen, no hay diferencia alguna. Tal nivel de detalle está más allá de mi percepción.
            Temo a la muerte, como todos, como nadie, porque es mi temor y sólo yo lo comprendo a la perfección. Yo y nadie más que yo. Mi mente me engaña, me traiciona, me convence de que cosas que nunca han estado allí están, ahora mismo, junto a mí.
            Una caricia, la presión de otra mano.
            Un beso, la presión de otros labios.
            Mi corazón, mi corazón, yo, apenas lo resistimos.

3 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

No podría imaginar la vida eterna, no podría.


Saludos

taty dijo...

El texto se lee como uno de esos sueños en los que uno quiere correr y de pronto es muy pesado o muy lento y no puede. O cuando uno quiere gritar pero no sale la voz, no se puede ni siquiera tomar aliento.

Es decir, se lee con desesperación.

"Soy el fracaso de cuanto intento."

Tremendo. Tal vez me quede despierta un buen rato esta noche. Por si acaso.

Abrazos.

José A. García dijo...

Malquerida: Muchos lo han intentado, fíjate que la obra más antigua de literatura occidental que se conserva, el poema de Gilgamesh, ya está hablando de ese tema y es un texto que tiene más de 5.000 años...

Taty: ¿Quién no se sintió de ese modo al menos una vez en su vida?

Gracias por sus comentarios, nos leemos.

Saludos

J.