Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

sábado, 6 de septiembre de 2014

Innecesariamente ridículo

Después de un tiempo cualquier cosa que hemos hecho puede considerarse de dos maneras. Como innecesaria, o como un momento ridículo en nuestras vidas. Si bien esta actitud no es fácil de aceptar, lo bueno es ir haciéndose a la idea porque, con el paso de los años, se torna cada vez más real, más pesadas, más innegables.
            Como esas fotografías de otras épocas, de nuestro pasado o del pasado de nuestro pasado, donde nos resulta difícil de creer que alguna vez hubiera sido posible utilizar ese corte de pelo, esa ropa, esos colores, esa barba; o aceptar una pose política hoy en desuso. Miramos eso desde nuestro presente y nos sentimos irremediablemente ridículos.
            Revisé el diccionario de lado a lado, y ninguna otra palabra de las allí consignadas se apega más a ese sensación. Ridículo.
            Y es sabido que del ridículo y de la muerte, nunca se vuelve. Y dudo de la supuesta imposibilidad del retorno en el segundo caso.
            Ahora, lo innecesario son todas esas acciones que creímos fundamentales en nuestro devenir pero que, luego de que todo quedara atrás, nos damos cuenta que podríamos habernos ahorrado dicha situación. Fue innecesario haber ido a esa fiesta. Fue ridículo gastar todos nuestros ahorros postales en un celular de alta gama que se arruinó con una lluvia inesperada dos semanas después (cuando todavía ni siquiera habíamos aprendido a usarlo y teniendo aún que pagar 15 cuotas más para que fuera definitivamente nuestro). Fue innecesario presentarse en esa entrevista de trabajo para el que sabíamos que estábamos sobre calificados.
            Fue innecesario hacer la mímica de las elecciones cada dos o cuatro años según los caprichos políticos de la administración de turno, porque nunca cambiaba nada.
            Fue ridículo e innecesario hablar con ella, porque sabíamos que nuestra vida era inexistente ante sus ojos.
            La enumeración de esos momentos puede convertirse en algo eterno y múltiple.
            Pero si supiéramos cómo identificarlos, como evitarlos, como confiar en lo que sabemos que pasará, tendríamos tantas cosas menos de las que avergonzarnos y, al mismo tiempo, tanto para hacer a nuestro favor que, en algunos casos, da miedo. Mucho miedo.
            Pero el miedo es también ridículo e innecesario.
            Así que, ¿por qué no intentarlo?

7 comentarios:

José A. García dijo...

Hay tantas imágenes en la red cuando escribimos "ridículo" en el buscador que fui incapaz de decidirme por una sola de ellas.

Suerte con el intento.

J.

taty dijo...

Regreso del ridículo. Sería un título maravilloso, sea para un poema, una película, una telenovela.

Usted ponga la esperanza donde mejor le convenga.

Excelente texto, encantada de regresra por estos lares.

Abrazos!

censurasigloXXI dijo...

No es necesaria la imagen, todos tenemos en la espalda una mochila llena de momentos que podríamos habernos ahorrado, de palabras que podríamos haber evitado y de gestos inútiles de bondad para con algunos que podrían, igualmente, haberse ahorrado existir.
Pero de ellos se aprende, de los errores y de los ridículos. No quisiera volver de ninguno de los dos. A lo hecho pecho y el muerto al hoyo...

Un abrazo y un buen cafelito.

Martha Barnes dijo...

Bueno,no te equivocaste
en nada.....y lo malo es que de algunos actos o dichos ridículos nos acordamos siempre, Martha

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

El problema, colega demiurgo, es que no siempre el ridiculo es obvio. A veces, la perspectiva lo encubre. Se nota recién cuando es punto de partida de sucesos desafortunados y no gloriosos.
Y veces se identifica mal. Se cree que el ridiculo fue plantear algo sin sentido, una nueva idea, un nuevo estilo musical, una teoría científca. Para descubrir tiempo después, que el ridiculo fue ser un detractor de algo genial.

Silvi Rivoira dijo...

relajate José ...todo se desvanece frente a la muerte.

José A. García dijo...

Gracias por los comentarios y sus visitas. Eso ayuda a continuar, si se sabe que habrá alguien interesado en leer cuanto uno escribe.

Suerte!

J.