Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 1 de agosto de 2014

Sentencia

Siempre me resultaron raras al oído algunas frases de uso común en mi pueblo. Algunos les decían aforismos; había también quienes las denominaban sentido común; frases al viento, filosofía al paso, reflexiones de trasnoche, eran otros de sus múltiples nombres.
            Pero, más allá del nombre que le quisieran dar, las palabras cobran su fuerza en conjunto, en la frase completa. Y, algunas de ellas, pesan como sentencias de antiguos jueces imparciales que con la sola mención de sus nombres concluye cualquier discusión. Otras tienen un origen mucho más oscuro, difícil de rastrear y ubicar en el olvido.
            El que ríe último, ríe mejor, por ejemplo, siempre me pareció una frase extraña, redundante porque la última risa siempre queda en el recuerdo, cualquiera lo sabe. Pero, la más dura, la más pesada en su sentido, la escuché en la boca de un niño, de una criatura de unos seis o siete años, jugando con sus figuras de acción, dándole la espalda a la televisión que atronaba con sus colores y enceguecía con sus cacofónicos gritos.
            Ignoro qué milenario juego repetiría aquel niño, que conjunto de palabras irrepetibles se formaron en su cerebro, en sus labios, pero tuvieron la fuerza de un pesado martillo de herrero golpeando machaconamente contra un yunque, de esos de antaño.
            Sus palabras aún laten en mis oídos, como el dolor que generaron en mi corazón, porque jugando con sus muñecos de plástico, ensimismado de tal forma que era capaz de ignorar mi presencia junto a él, dijo mientras fingía la muerte de uno de los personajes de su juego, con la voz clara y luminosa de los niños: no te preocupes, porque para los demás siempre nos quedará el rencor. Me sorprendió tanto la musicalidad de esas palabras como el sentido de las mismas; por eso mismo prefiero dejarlas por escrito aquí, ahora, para siempre. Para que alguien más le encuentre algún sentido y, de ser posible, las ponga en práctica.

7 comentarios:

José A. García dijo...

Sean eternos los rencores,
que supimos conseguir,
que supimos... conseguir...

Chiste para argentinos, los pocos visitantes del exterior (del país) tendrán que hacer de cuenta que entienden de lo que habla (como hace la mayoría de la gente) y sonreír).

Gracias

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

El sentido común es algo nefasto.
El rencor es algo muy común entre los seres humanos. Y acaso también en los demiurgos.

Cecis ... funámbula dijo...

Maravillosamente dicho...tanto que llama a una reflexion...que hemos estado haciendo para llegar desbaratar la inocencia...?
Abrazo..

Maria Rosa dijo...

Yo le hubiera preguntado que quiso decir...
Aunque los chicos tienen un mundo de términos que les dejan las series dobladas en otros países y que ellos amoldan según su momento o su juego.
¿Sabrá ese niño el significado de la palabra rencor...?


mariarosa

Alma vacía dijo...

La palabra rencor no me hace bien.
A mî me divierte el que dice
"de arriba, un yunque"
estâ mal?

BEATRIZ dijo...

Suelen hacer eso los chicos, sorprender con su léxico aprendido. A veces nos parece que solo repiten lo que escuchan, pero lo más sorprendente es que casi siempre utilizan el lenguaje mejor que los adultos.
Saludos sin rencor.

Esilleviana dijo...

Seguro que no tiene nada que ver pero después de leer las palabras que el niño pronunció pensé en la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo al encontrar a su nieto después de 36 años de búsqueda. "no te preocupes, porque para los demás siempre nos quedará el rencor".

un abrazo