Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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sábado, 9 de agosto de 2014

Entre las últimas melodías

Su guitarra descansa en un estuche de cuero, rígido y sólido para evitar golpes, en un armario de mi estudio. En las paredes quedan las huellas de su paso, los afiches de pasadas presentaciones, gigantografías de algunas fotos de prensa y las tapas de sus discos. A él se le ve siempre serio, casi nunca sonreía cuando de música se trataba.
            Casi nunca sonreía.
            El resto del material tendrá un destino similar al de la guitarra, supongo. Quedará escondido en lo profundo de un armario como el símbolo de la memoria, de un recuerdo que intenta ser olvidado y un dolor que ansiamos evitar pero que, a pesar de todo el esfuerzo, saldrá a flote tarde o temprano.
            Su vida se consumió como una rosa arrancada de su tallo. Si lo digo de esta forma es porque sé que la metáfora sería de su agrado; el público disfrutaba de sus canciones, de su poesía, de su forma de decir las cosas. El mismo público que lo lloró cuando perdió la voz y lo olvidó cuando alguien más ocupó su lugar.
            Es cierto, aún se venden sus discos, yo lo sé mejor que nadie. Pero no es lo mismo que antes. Su voz suena rara en las grabaciones, como si lo que se escuchara fuera un recuerdo de su voz, como si luchara consigo mismo, como lo hiciera durante toda su vida.
            Él, que cantaba con versos maravillosos, cumplió su palabra. Cuando dijo en su último disco, antes de que todo sucediera tan rápida como definitivamente, que las historias de amor debían de durar lo que dura un tango. Fue apagándose, perdiendo intensidad como una grabación a la que se le baja el sonido poco a poco.
            Su guitarra duerme en un estuche, como dentro de un ataúd, en el armario de mi estudio, nadie volvió a tocarla; nadie tiene su habilidad para hacerlo. Quedan sus discos, algunas de sus canciones y esas fotos en las que casi nunca se lo puede ver sonreír, como si supiera, desde siempre, cómo iban a terminar las cosas para él.
            Como si realmente supiera.

4 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Si ser es percibido, la muerte de alguien con talento para describirlo, acerca al mundo a su final. Por suerte, surgen otros.

Martha Barnes dijo...

Siempre pienso en el misterioso destino de los objetos,...porque son usados por seres que cuando mueren son olvidados y pasan a otras manos ..y otras...y...con el tiempo , si tienen valor pasan a los museos o a la nada...Martha

Carlos Alberto. dijo...

Cuanta historia hay en cada objeto que pasa de un dueño a otro.

Saludos
Carlos

Boris Estebitan dijo...

Gran post, hay historia en los instrumentos musicales.