El volumen, en octavo, con páginas gruesas,
duras y amarillentas, escritas con esa tinta de antaño que parecía herir el
papel hasta lo más profundo de su existencia, solía perderse una y otra vez en
la Biblioteca. Quizá lo veía hoy, martes, y, por los siguientes dos o tres
meses (cuando no años), desaparecía de mi vista; como si por alguna razón
estuviera y no estuviera allí al mismo tiempo.
Como
si lo creara con mi propio pensamiento.
Como
si el libro tuviera voluntad propia a diferencia mía.
Las
veces que intenté leerlo, poco fue lo que saqué en claro; más allá del hecho de
saber que no estaba preparado para él, o que él no estaba preparado para mí.
Cosa que me ocurre con muchos libros, pero con ningún otro con tanta
insistencia como con éste. Y, si bien me gustaría comprender el por qué, a
veces, el misterio, es mucho mejor que cualquier otra cosa.
No
es que quiera imponer este pensamiento como el sentido común de algo, o de
alguien, de la sociedad o el mío propio. Para nada, se trata, únicamente, de
reflexiones.
Ahora
mismo, cuando lo recuerdo, sé que hace varios años que lo vi por última vez y
que quizá sea tiempo de ordenar, de acomodar, de depurar, la Biblioteca que ha
crecido por la casa como las ramas de un árbol exageradamente frondoso que
hemos olvidado podar y oculta el jardín del que forma parte.
Sin
dudas encontraré libros repetidos, libros arruinados por mis anotaciones,
libros impolutos que me propuse leer pero la falta de tiempo me lo impidió,
entre otras muchas cosas. Hallaré, también, carpetas con notas de mi pluma que
creí perdidas, publicaciones de adolescencia que adolecen de muchas cosas,
cartas de amor no correspondido, esquelas de odio y pasquines políticos de
cuando esas cosas tenían algún tipo de sentido para la vida diaria.
La
lista es infinita: pero lo único que espero encontrar es ese pequeño volumen en
octavo, de pesadas tapas negras que siempre intenté leer pero nunca me fue
posible hacerlo.
Se
acerca el otoño. Mi otoño.
Quizás,
ahora sí, se deje leer.
9 comentarios:
Ni pensar en lo que hará cuando llegue el invierno...
Saludos a todos,
J.
Eso me sucede con El Quijote, nunca estoy preparada para leerlo, ¡Blasfema! ¿Que le voy a hacer?
He tenido sueños en que trato de leer libros, que no existen en la vigilia. Mi idea, sé que estoy soñando, es leerlos, memorizar lo más que pueda, y usar lo que recuerdo para escribir.
Pero no entiendo la letra.
¿será que tenemos la misma biblioteca? la de los libros por la mitad, los que tienen anotaciones, los propios y los que no nos animamos a leer hasta que por algo,y eso lo dejamos en el misterio, cae otra vez en nuestras manos, bajo una mirada diferente.
hablando de los libros con tinte a antaño, esos son los mejores. :)
que hermoso olor que tenía !!!
Me da igual que mis árboles se desnuden, que nieve o truene en mi vida, lo que nunca dejaré de hacer mientras conocimiento me quede y un par de dedos me funcionen para pasar las hojas, es dejar de intentar entender ese libro. Que ni lo sueñe :)
Un abrazo y tu cafelito.
Parece que muchos nos parecemos en el tema de leer, hay libros que compré y nunca leí, los comienzo y sus temas no me atraen y regresan a su rincón. Interesante entrada, creo que los lectores de todo lo que existe en papel no existen.
mariarosa
La madurez del otoño hace que digiramos asuntos, temas, materias y tareas que en la juventud nos parecía imposible. Yo tengo libros que no fui capaz de leer cuando era joven, ahora con 40 me enfrento a otros componentes...
un abrazo :)
El el libro "La Palabra" JP Sartre, trata el diccionario como una institución,dividida en regiones, la región de A-As, la V- Vr y así, cada una de estas regiones estaba habitada por flora y fauna propias de su suelo. Tu texto me ha hecho recordar.
Saludos.
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