Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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martes, 1 de abril de 2014

Silencio

El ir a visitarlo se parecía más a un autocastigo, luego de años de indiferencia, antes que otra cosa. Y creo que, al menos un par de nosotros, intentábamos sobrellevarlo lo mejor posible; aunque, algunos días, él parecía esforzarse en remarcar la incomodidad que nos generaba la situación.
            Más que nada porque sabíamos tan bien como él, que estaba quedándose ciego y el pacto de no intervención en cuestiones de salud sellaba nuestras bocas. A perpetuidad. Sin embargo, seguíamos visitándolo.
            Por mi parte, opté por dejar de mencionar el material de lectura que tanto buscaba. Le llevé, en cambio, una radio, que nunca le vi utilizar; le compré ropa y esas cosas que se regalan a quien conocemos pero no lo suficiente como para saber cómo reaccionaria, o de qué forma fingiría ante ese tipo de objetos.
            Sabía o, al menos, intuía la situación de incomodidad, por lo que exageraba todo el tiempo, con sus manías, sus gestos de fastidio y desinterés, mientras le hablábamos. Confundía nuestros nombres con los de sus muy antiguos amantes o, algo que hasta ese momento no le había visto hacer, confundir deliberadamente la sal con el azúcar y cebar los mates más asquerosos de la historia aguardando, quizá, a que alguien se atreviera a romper ese pacto de silencio que llevaba ya tantos años en pie.
            Claro que, si de algo estoy seguro, es que no seré yo quien lo haga. Yo nunca acepto sus mates.

9 comentarios:

José A. García dijo...

Con orgullo y con valor puedo decir, sin temor a represalias, que la fotografía que ilustra éste texto es de mi autoría.

Saludos

J.

Belen Belton dijo...

hablarle de libros a un ciego debe ser como comer unas Lays adelante de un pobre. como para que no esté fastidiado!

censurasigloXXI dijo...

Un olé para el señor fotógrafo.

Me ha venido a la mente una residencia de ancianos y los hijos que van de visita; a veces con el descanso, a veces psicosomáticamente necesario, que supone alejarse de los malos caracteres...

Un abrazo, compañero.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Y lo ilustra bien.
Creo que esos mates desagradables no son un error. Sospecho que son para que alguien rompa el silencio. O afronte las consecuencia de no hacerlo, tomando mates repugnantes.

la MaLquEridA dijo...

¿Me habré perdido de algo al no haber bebido en la vida un mate?

Preferible guardar silencio y que cada quien crea lo que quiera.


Saludos

Martha Barnes dijo...

Es el testimonio mejor explicado que ""he visto"!!!!Cariños Martha

Lunática dijo...

Adhiero al comentario del Demiurgo de Hurlingham. Pensé lo mismo mientras leía.
¡Saludos!

taty dijo...

Qué va, si el pobre hombre lo hace a propósito, a ver quién se quita la máscara primero.

Una de las cosas que me gustaría hacer en la vida es probar un mate. Con azúcar, por favor :)

Abrazos.

Alejo Z. dijo...

Estimado Jose, ahora puedo leer una gran forma de descripción de algo innombrable, algo que llena el silencio y lo disfraza dentro de una incomodidad, una negación, un fastidio o culpa o como la gente prefiera llamarlo; esa decrepitud que a muchos atormenta pero de la que otro tanto simplemente prefiere guardar silencio mientras un ruido interior los desgasta al ser testigos de lo inevitable.
Me gustó mucho.
Un abrazo.