Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 4 de octubre de 2013

Memoria

Cuando se percató de lo que estaba haciendo, tenía el blister de pastillas abierto por completo. Las seis perlas rojiblancas sobre la mesa, las manos temblorosas, y un vaso de agua.
¿Qué hora era? Tenía que tomar una pastilla, pero no sabía cuándo. Miró el vaso, miró las pastillas, sus manos, que parecían temblar cada vez más, la decisión que lograba hacerse un espacio en su mente.
Tomó entre sus dedos uno de esos trozos de medicina química y se lo puso sobre los labios. Bebió del vaso un poco de agua fresca, y tragó.
Miró hacia la mesa donde cinco píldoras rijoazules y un blister vacío lo esperaban. Ni siquiera sabía qué día era pero, allí estaba él, sentado, aguardando su medicina. Sin dudas ya era la hora, por algo las manos le temblaban tanto.
Tomó una píldora y, con un sorbo de agua tibia, la ayudó a atravesar su garganta.
Parpadeó varias veces. Sobre la mesa, un blister abierto y vacío junto a tres pastillas rojinegras le informaban lo que debía hacer a continuación.
No recordaba muchas cosas, ni el día en que estaba, ni dónde; pero, lo peor, era no saber por qué le temblaban tanto las manos, además de no saber siquiera su nombre. Lo de las manos era, sin dudas, lo peor.
Con el resto de agua que quedaba en el vaso que tenía a una de sus temblorosas manos, se tragó una pastilla. Un acto mecánico, sin pensarlo, sin saber lo qué hacía. Y con un poco de suerte, tendría un efecto inmediato, y sus manos ya no se moverían tanto.
Con el vaso vacío en la mano se levantó tambaleándose de la silla de madera; necesitaba agua para tomar esa pastilla rojiverde que lo miraba desde la mesa. El blister abandonado a un costado de la mesa le señalaba que, quizá, con una de esas, se le pasarían todos sus dolores.
Incluso esos que no sabía por qué sentía, en el pecho, en la cabeza, el estómago…


Nunca llegó a la cocina.

8 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

Un texto muy dramático.

Saludos

censurasigloXXI dijo...

Y pensar que se están cerrando los centros que les cuidan porque muchos se administraban con los fondos de sus parientes y la mayoría ya no puede ni contribuir. Da miedo el poco cuidado que se tiene del anciano en este país.

Un abrazo, compañero. Cafelito para hoy.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Me recuerda algo de Memento, donde el tema era la perdida de memoria.
Muy intrigante este relato.
Te recomiendo este blog, que el octubre se dedicará al terror. Este es el calendario. Mañana hay una colaboración mía. El 25 habrá una historia con Mara Laira.

http://letradigitaluruguay.blogspot.com.ar/2013/09/octubre-en-ldu-calendario-de.html

Se aceptan colaboraciones. Creo que podrias aportar
Y el engaño siempre presente.

Lucas Fulgi dijo...

Ya sabés lo que va a pasar, te lo ves venir. Y sin embargo caés como en un tobogán, junto con el personaje. Y lo que está detrás, lo que no está dicho, es lo que pega más fuerte: la soledad.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Te recomiendo este posteo de un blog. Hecha por alguien que se hace llamar demiurgo, que tal vez haya comentado alguna vez en tu blog.

http://letradigitaluruguay.blogspot.com.ar/2013/10/octubre-en-ldu-colaboracion-cargo-de_6.html#more

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Tremendo por la realidad del tema. Hace unos años y por el mismo problema debía traer a mi padre a vivir conmigo, tomaba la misma pastilla varias veces. La medicina nos mantiene físicamente sanos, pero mentalmente no hay avance ninguno. Un drama actual y muy bien narrado.

mariarosa

aristio dijo...

Pues es muy comun la situación que describes, pienso que es necesario no descuidar a los anciano y a los enfermos, sean familiares, vecinos o incluso solo conocidos.

Saludos.

Marcela Calderón dijo...

Excelente, José. Dramático, intrigante... realista.